
Quien piense que la ópera no es universal sino caduca tiene altas posibilidades de equivocarse. Las pasiones y emociones siguen existiendo en todas partes. Muchas de las situaciones que ocurren en la ópera pueden seguir ocurriendo en países en vías de desarrollo. Por ello, ambientaciones como la de El Holandés Errante de la Fura dels Baus que ambientó la obra en el Bangladesh actual, encajan perfectamente. Pero además la ópera es universal por su alcance. Sudáfrica nos ha dado grandes artistas de ópera: primero blancos y ahora muchos negros. Y es, junto a Egipto, el único país africano con una tradición operística consolidada.
En 2005, se rodó en Khayelitsha, un suburbio pobre de Ciudad del Cabo, una adaptación sudafricana de la Carmen de Bizet, U-Carmen eKhayelitsha, cantada íntegramente en idioma xhosa, uno de los idiomas oficiales de Sudáfrica. Dirigida por
Mark Dornford-May, nos muestra a una Carmen que es una cigarrera y contrabandista, pero también miembro del "Coro de Cigarreras" que acompañará a un cantante de ópera de la misma zona, que se ha hecho famoso en el mundo,Lulamile Nkomo (quien no es otro que Escamillo) en su próximo concierto. Carmen, una prototípica joven africana entrada en carnes, y de arrolladora personalidad, no trabaja en una fábrica, sino en una humilde casa de las muchas infraviviendas de Khayelitsha. Don José aquí se llama Jongikhaya, y es un torpe, tímido policía que lee la Biblia, y es visitado por su cuñada Nomakhaya, quien es el equivalente de Micaela. Don José en su pueblo mató por accidente a su hermano, y ahora su madre pretende casarlo con su viuda, por lo que ya se muestra un lado violento de Don José, quien luego maltratará a Carmen. Indudablemente, Carmen es el centro de atención, y además es madre soltera. Durante la película se muestran imágenes y situaciones de la vida en este suburbio, en el que lo que verdaderamente es rentable es la violencia, el contrabando, y donde la policía puede hacer y deshacer como quiere. Aun con su adaptación a una vida moderna, es bastante fiel a la esencia original de la historia.
Al adaptarse a su versión película hay bastantes cortes y alterna los diálogos con la parte cantada. La
Orquesta Sinfónica de Inbamba dirigida por
Charles Hazlewood se alterna con cantos y bailes africanos, pero casi todas las partes principales están, aunque el aria de Micaela del tercer acto se reduce a la mitad y la Canción del Toreador solo sale cuando Carmen pone la televisión y se anuncia el concierto de este artista con su coro. Un momento muy bello es el preludio del tercer acto, en el que se narra la turbulenta vida de Ludamile, de su infancia miserable y sus padres asesinados, hasta convertirse en un barítono famoso y reverenciado en el barrio.
Carmen es el centro, y
Pauline Malefane la líder indiscutible. Esta mezzosoprano sudafricana sorprende por su poderosa voz con un toque de contralto. De hecho me recordaba a Denyce Graves, en algunos momentos. Una bella voz de timbre tan matronil como cálido por momentos. Y como actriz uno no puede dejar de verla porque representa con dignidad a esta mujer intemporal. Además, Malefane ha contribuido a la traducción del francés al xhosa.
Andile Tshoni es un Jongikhaya/José cuya voz es discreta, incluso cala el agudo final del aria de la flor, pero como actor transmite la peligrosa mansedad de este lobo vestido de cordero.
Lungelwa Blou es una bien cantada Micaela/Nomakhaya.
Zweilungile Sidloyi es un potente, aunque algo totémico Lulamile/Escamillo, en sus escasas apariciones.
Recomiendo el visionado de esta Carmen, para salir un poco de la adaptación tradicional de Sevilla (que por cierto, el sector de Khayelitsha donde la historia transcurre se llama Seville) y ver una película interesante que muestra que hay muchas Cármenes libres y sin ataduras, acechadas por tóxicos y violentos Josés.