
Seguimos con el Anillo de Boulez y Chéreau, ahora es el turno de Sigfrido.
Y sigue la excelente dramatización que hace el regista francés de la segunda jornada, que lleva la acción a una época posiblemente a finales del siglo XIX. No obstante, hay que reconocer que pese a que en su época disgustó profundamente al público, hay muchos elementos de la obra reconocibles, como una forja, un dragón, el tesoro del mismo, o el bosque. Pocas de estas cosas se ven hoy en día en un montaje de esta ópera de forma identificable con la imagen que el público tiene en mente de esta obra.
Chéreau refleja, de nuevo inmerso en el profundo retrato que hace de los personajes, y el optimismo y la aventura que se respiran en la obra. Podemos ver de forma trabajada el carácter gamberro ( que para mí siempre fue insoportable) y al mismo tiempo inocente del héroe protagonista. Esta lectura del Anillo retrata el lado más oscuro y menos noble de Wotan, ya que desde su postura de dios sabio es arrogante, ambicioso, y pugna por el poder tanto como Alberich. Y es en el dúo con este en el segundo acto donde se ve el enfrentamiento entre dos viejos llenos de odio y rencor, y del mismo modo con Erda, a la que agrede tras obtener de esta la evasiva como respuesta.
El bosque amenazante está presente en el primer acto, de fondo, en una casa de ladrillos, en la que imponente se levanta un horno enorme de fragua. Sigfrido aparece sucio, con la ropa roída. Otra cosa hoy rarísima de ver, es el oso con el que Sigfrido atormenta a Mime, que aquí se ve. Aunque resulta fuera de contexto ver las cazuelas y las ollas modernas al final de la fragua, ver a Mime cómo se pone una en la cabeza mientras Sigfrido fragua la espada, que aquí no martilla (de hecho los martillazos son una grabación). El segundo acto tiene posiblemente la que es la mejor recreación del bosque que se haya filmado en una representación, y sumado a la excelente iluminación, uno se siente en medio del mismo, se siente su frondosidad ( a lo que contribuye el trabajo de las cámaras). Un momento visualmente maravilloso es que cuando se oye la voz de Fafner, se muestra, reluciente, el tesoro del Nibelungo. Aunque cuando el dragón se hace visible, no deja de verse a los tramoyistas moviendo el carro con ruedas donde este se asienta. El pajarillo del bosque es un pájaro real, aunque se encuentra dentro de una jaula. El tercer acto es igualmente impactante, en la primera escena todo rodeado de niebla, y luego de vuelta a la impresionante roca de las valquirias. Aquí la dirección de actores logra reflejar los miedos de Sigfrido al ver a Brunilda dormida, y las vacilaciones de esta tras despertar.
Pierre Boulez continúa su dinámica dirección orquestal, supeditada a la dirección de escena, aunque no aburre en absoluto. De nuevo los tiempos ligeros se notan más en donde menos deberían notarse: el torrente de emociones en el que se adentra la obra en su escena final.
De
Manfred Jung se ha escrito mucho, de cómo es el principal lunar de esta versión. Ciertamente, podrían haber elegido un mejor Sigfrido, ya que su voz en esa época daría, como mucho, para un Loge o un David de Maestros. Pero incluso si la voz no es agradable, al menos tiene volumen y la proyección es firme. Nada que ver con muchos tenores actuales cuya voz es frágil. Pero no excusa sus pobres medios, ya que en el agudo lo pasa francamente mal. Al menos como actor es excelente, ya que uno ve a Sigfrido con toda su bravuconería.
Heinz Zednik es Mime. Y aunque es excelente, no llega al nivel de su Loge en el Oro, ni tampoco llega a conmover como 15 años después en su grabación del Met. Aquí la voz está plena, pero realmente no retoma hasta la mitad del acto. Desde entonces sube varios enteros, y está estupendo en el final del primer acto y en el acto segundo.
Donald McIntyre es ahora el Viandante. Sigue en su línea imponente, de voz con luces y sombras pero firme y autoritaria.
Su guturalidad se complementa con la de
Hermann Becht, aquí caracterizando en lo vocal a un Alberich más viejo y repulsivo, en una interpretación notable. De hecho uno de los mejores momentos es la confrontación con Wotan.
Gwyneth Jones tiene que cantar aquí la tesitura más difícil de todo su rol. En general la interpretación es buena, quizá a veces suene algo madura y tenga alguna complicación hacia arriba, pero los agudos, tanto en la escena del despertar como al final, son impresionantes. También da una tierna interpretación del Ewig war ich. Como actriz, sus tablas escénicas muestran tanto la dulzura como el lado más vulnerable, frágil de la valquiria, ya convertida en mujer mortal. Por suerte, hay química con el Sigfrido de Jung.
Fritz Hübner es un excelente Hagen, así como
Norma Sharp como el Pajarillo del Bosque.
Ortrun Wenkel es una Erda bien cantada, aunque vocalmente pienso que le falta más cuerpo, o más presencia.
Falta el Ocaso, que vi entero cuando tenía 15 años, pero puedo concluir que esta es una de las mejores puestas en escena de este ciclo jamás filmadas. Casi todo está a un nivel excelente a nivel escénico. Y si bien los cantantes no tienen la excelencia de dos o tres décadas atrás, su técnica hoy en día les convertiría en reyes. ¿Qué impediría hoy a Heinz Zednik cantar el Sigfrido, si lo ha cantado Lance Ryan? ¿Acaso hoy no Jeanine Altmeyer, Manfred Jung, Fritz Hübner o Donald McIntyre serían sacados a hombros del teatro, habida cuenta de lo que se ve hoy en día? Pues eso.
Yo siempre he opinado que la mejor Brunilda de este Anillo de la Jones es la del
: una voz hermosísima que logra dibujar certeramente a la Brunilda amante de esta jornada.
Jung hace, como usted, dice un Sigfrido brabucón: un Sigfrido que en escena se muestra con una gran vitalidad, con movimientos bruscos y poco sutiles...impetuoso, juvenil. En 1979 no se me ocurre un Sigfrido para esta grabación, tal vez Jean Cox - no sé si el desempeño hubiera sido mejor - pero desde luego, es preferible Jung al Kollo de 1979, en estado vocal ya bastante depauperado. Poco sutil Manfred, pero eficaz y llega incólume al final de la jornada. Una encaranación poco profunda, pero Sigfrido no da para mucho más según libreto.