La breve audición que os he propuesto forma parte de un una obra de teatro
jôruri (teatro de marionetas japonés) titulada
Hadesugata onna maiginu (Trágico triángulo amoroso). Esta obra se ha adaptado y representado con frecuencia en su versión
kabuki, con actores de carne y hueso, pero respetando el texto recitado y la base musical (es decir, tan sólo varía en su puesta en escena).
Para los que no conozcan las generalidades de teatro musical japonés, he escrito una breve introducción que publicaré más adelante. De momento, os posteo una INTRODUCCIÓN a la obra en sí:
En la rígida sociedad
Tokugawa, la familia podía ser considerada como una reducción a la escala doméstica de la férrea organización estatal. El padre ejercía una autoridad casi absoluta sobre sus descendientes, todavía después de que éstos se hubiesen emancipado. No hace falta decir que la mayor parte de los matrimonios se concertaban al margen de los deseos de los contrayentes -cosa habitual en las sociedades post-feudales-, pero tal vez sí convenga enunciar un grado de autoridad todavía mayor que nos puede resultar chocante: el padre podía
disolver la alianza del mismo modo que la concertaba, sin consultar a los cónyuges, sin contar los años de convivencia, y sin reparar en los hijos que la pareja pudiera tener en común.
Ante tal represión afectiva, no es raro que una ciudad como Osaka -que en aquellos tiempos podía considerarse ya superpoblada- diese lugar un rutilante
barrio rojo. Las diversiones con las que estos lugares atraían a sus clientes, que finalmente buscaban la compañía erótica, llegaron a constituirse en espectáculos de gran calidad artística. De hecho, las dos primeras formas de teatro lírico burgués, el
onna-kabuki y el
wakashu-kabuki, nacieron para ser representadas por compañías de cortesanas o de efebos, respectivamente. Es fácil comprender por qué motivo los dramaturgos de la época dirigieron la mirada con tanta frecuencia sobre este mundo, ofreciéndonos una visión idealizada al tiempo que cruenta: la mayoría de las prostitutas de estas obras
sewamono (dramas domésticos) son criaturas sensibles, bienintencionadas, enamoradizas… e, inevitablemente,
suicidas.
Para terminar por hoy, os propongo un excurso: veamos como sería uno de estos barrios en la imaginación del director de cine
Masahiro Shinoda. La música contemporánea de
Takemitsu, interpretada con los instrumentos tradicionales del
nagauta (música del teatro lírico japonés), nos trasmite ese ambiente de ensoñación y crueldad conjugadas al que me refería.
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