
Al menos una vez al mes hay que acercarse a ese milagro hecho música que se llama "Mitridate, Re di Ponto". El espíritu y la mente lo agradecen

. En esta ocasión, me he enfrascado con la versión que formó parte de los fastos llevados a cabo en Salzburgo, en el año 2006, con motivo del 250 aniversario del nacimiento de Mozart. Lo mejor lo aporta Minkowski, con una dirección que mezcla estupendamente lo aristocrático y majestuoso, con el vigor y la incisividad. Magnífico también el realce dramático que otorga a los recitativos acompañados, al igual que la logradísima atmósfera de arias del calibre de “Lungi da te mio bene”, o la tensión de “Pallid’ombre”, y “Giá dagl’occhi il velo é tolto”. Tres ejemplos sublimes de la capacidad de un muchacho de catorce años para depurar de manera infalible la conjunción entre texto y música, sin perder en ningun momento el talento para la seducción melódica.
Del reparto vocal, lo más destacable es la prestación de Miah Persson (Sifare). El papel pide una voz más densa y ancha que la suya, y se nota la falta de fuelle en los descensos al registro grave, pero a cambio, en el tercio superior la voz de Persson tiene una luminosidad y un brillo extraordinario, que además se adecúa perfectamente al característico vuelo ascendente de la melodía mozartiana. Su futura consorte (Aspasia) corre a cargo de Netta Or, otra voz de escasa consistencia para el papel encomendado, pero que en este caso no consigue salir a flote. La emisión es muy retrasada y gutural, y la voz no tiene apenas sustancia ni cuerpo. Empieza muy mal en su aria de presentación ("Al destin che la minaccia"), y aunque mejora por momentos (suena algo más apañada en el maravilloso dúo, “Se viver non deggio”, que cierra el segundo acto), el resultado no está a la altura ni del papel ni de la música.
El protagonista de Richard Croft consigue salir airoso por momentos, gracias a las tablas y a cierta pericia, pero el papel le puede por todos lados. Mozart fue inclemente en esta obra con el tenor protagonista, y compuso un personaje de altísimas exigencias: voz robusta, de centro fornido, graves bien asentados, ascensos fulgurantes al agudo, saltos interválicos, canto "concitato" y agresivo, acentos imperiosos… En fin, un papel sólo apto para cantantes con todas las de la ley. Y éste no es el caso de Richard Croft, cuya voz está partida por la mitad, con un registro central y grave aceptable, pero que a poco que asciende por la tesitura se descompone por completo. En su aria de presentación ("Se di lauri") empiezan a soltarse las costuras, aunque consigue disimular sin perder la compostura; en "Giá di pietá mi spoglio", que martillea sin piedad la zona de paso, empiezan a ser muy evidentes las incomodidades; y, en fin, el destrozo es mayúsculo en "Vado incontro", resuelta a puro grito y completamente desgañitado. Bejun Mehta (Farnace) es uno de los contratenores más audibles del panorama actual, aunque tampoco sea para tirar cohetes. La voz parece fragil en cuanto a cuerpo y pegada, y tampoco brilla por su homogeneidad, pero el cantante es musical y sabe acentuar con convicción, dibujando un personaje de cierta entidad dramática.
Después de empaparse uno con tanta belleza, sólo se me ocurre una cosa: ¡que se mueran los feos!...
