Rudi Stephan (1887-1915)
DIE ERSTEN MENSCHEN (1914)Grabada en Frankfurt, 1952
Chawa (Eva) ................. Erna Schlüter
Adahm (Adán) .............. Otto von Rohr
Kajin (Caín) ................. Ferdinand Frantz
Chabel (Abel) ............... Franz Fehringer
Radio-Sinfonie Orchester von Frankfürt
Director ....................... Winfried Zillig

La acción tiene lugar después de la expulsión del Paraíso, según se relata al comienzo del
Antiguo Testamento. Se ve un paisaje primigenio en primavera.
PRIMER ACTOChawa y Adahm viven con sus retoños (Kajim y Chabel) en un mundo posterior a la expulsión del Paraíso. Anhelan la vida perdida que llevaban en el Jardín del Edén, donde no había conceptos morales fijos y el ser humano era libre por completo. Ahora que deben ganar el pan con el sudor de su frente, tanto Chawa como Kajim tienen muy presente su conciencia sexual. Al ver trabajar a Adahm, ella se percata de la gran atracción física que siente hacia él. Por su parte, Kajim --que es como su madre y está acuciado por la misma inquietud sexual-- descubre también que, a través de ella, ha conocido el deseo por el sexo opuesto. Cuando Chawa conoce las intenciones de su hijo se aparta horrorizada de él. Tanto Adahm en sus cavilaciones y su introspección, como Chawa con su acuciante deseo sexual insatisfecho se sienten solos y perdidos. Pero ambos se ven reconfortados cuando su otro hijo, Chabel, regresa a casa y les habla de su visión mística de un Dios bueno que todo lo sabe y todo lo puede.
SEGUNDO ACTOEs de noche. Chawa se encuentra ante el altar de piedra que han erigido para adorar al Dios anunciado por Chabel y le implora que le conceda el pensamiento de no encontrar deseable nuevamente a su marido, tal como ocurrió en tiempos anteriores. De repente comprueba que está siendo observada por su hijo Chabel. Éste se percata, por primera vez, de que su madre es una mujer hermosa. Cuando Kajim se da cuenta de tales sentimientos y advierte los deseos de su hermano se enfrenta con él por causa de los celos. Y lo hace con tanta violencia que acaba matándolo. Chawa queda sorprendida por el asesinato. Maldice a su hijo superviviente y quiere lanzarse sobre él. Pero antes de que pueda hacerlo es retenida por Adahm. Con la llegada del nuevo día, la pareja sale a la luz, simbolizando el comienzo de un mundo nuevo y mejor.
COMENTARIOInteresantísima partitura que, desgraciadamente, no he podido disfrutar en todo su alcance, pues me ha sido imposible conseguir el libreto (siquiera en alemán, idioma en que está compuesta originalmente) para seguir, más o menos, el desarrollo de la acción.
Stephan fue uno de esos prometedores jóvenes que vieron truncada prematuramente su vida (y con ella su obra e ilusiones) en los odiosos frentes de la Gran Guerra del 14. Al poco de haberse iniciado la contienda concluyó esta breve ópera que había empezado a componer en 1911 y que se estrenaría, de manera póstuma, en Frankfurt, en 1920, cinco años después de su muerte en el frente oriental, a manos de un francotirador ruso que le voló la tapa de los sesos.
La ópera, cuyo título podríamos traducir como
"Los primeros hombres" --o, mejor aún,
"Los primeros seres humanos", o
"Las primeras personas"--, está basada en una obra teatral de Otto Borngräber (autor, asimismo, del libreto) que muestra ser hija de su tiempo, pues participa de esa corriente que, a finales del siglo XIX, se interesó por la reescritura de temas bíblicos usados como motivo de inspiración, al estilo de lo que hicieron otros artistas del momento como Wilde/Strauss
(Salomé), Lewis Wallace
(Ben-Hur), D'Annunzio
(Martyre de Saint Sébastien), Henryk Sienkiewicz
(Quo Vadis), etc. En ella, concretamente, se propone una relectura del capítulo 4º del
Génesis y de la historia de los primeros hombres, pero introduciendo cierta dosis de transgresión revisionista, pues se intenta explicar el primer fratricidio de la Humanidad --el de Caín contra su hermano Abel-- por causas tan viejas y prosaicas como los celos y el deseo sexual (en este caso incestuoso, pues es el de dos hijos hacia su madre), de ahí la definición de la obra como
"Misterio erótico" ("Erotische Mysterium"). Un argumento, en definitiva, donde religiosidad y sexualidad aparecen mezcladas en dosis similares para conformar un libreto que --según palabras de Stephen Eddins en una
reseña a la grabación de 2007-- habría hecho palidecer a Gabriele D'Annunzio.
La música de Rudi Stephan, como no podía ser de otro modo, participa del post-wagnerismo que fue característico en el entorno austro-alemán durante el cambio de siglo. Influencias innegables de Wagner, de Strauss y de Bartok que, sin embargo, no oscurecen la propia personalidad del autor, que demostró ser uno de los autores más prometedores y originales de su generación. A partir de esta premisa, Stephan construyó una partitura que hunde sus raíces en el Romanticismo tardío --del que también participaron otros autores como Schönberg al principio de su pródiga y revolucionaria carrera--, pero que mira al mismo tiempo hacia la modernidad, ya que junto a sonidos de clara índole tonal hallamos en la ópera elementos que nos muestran la influencia de la atonalidad y el expresionismo emergentes en la época. Nos encontramos, en todo caso, con un lenguaje musical de gran exuberancia armónica, compleja orquestación y un acertado sentido dramático, con perfecta adecuación entre música y texto y momentos de gran efectividad escénica. Stephan renuncia a la estructura tradicional operística de números cerrados --lógico, por otra parte--, optándose por escenas individualizadas en las que la voz es tratada de manera muy ortodoxa y a medio camino entre el puro
cantabile y el
sprechgesang, con una línea vocal que es, en general, bastante inmisericorde y exigente con todos los roles, especialmente con el tenor (Chabel) y el barítono (Kajim), cuyos intérpretes tienen que moverse con frecuencia por la zona aguda. Lo cierto es que con estos mimbres, y llevado por su musa inspiradora, Stephan consiguió recrear a la perfección (según mi modesto parecer) el mundo primigenio y amoral --en un sentido no peyorativo, sino en cuanto a estar falto de reglas específicas, por tratarse del comienzo de todo-- en que se desarrolla la acción, construyendo un edificio musical de gran profundidad y riqueza, en el que se logra transmitir la psicología de unos personajes tan solitarios como pioneros en el hecho de vivir. Al comprobar la gran labor realizada por Stephan en esta partitura, uno se pregunta hacia dónde habría caminado el joven compositor y qué logros habría obtenido si esa infausta bala rusa que acabó con su vida no hubiera impactado en su cabeza, dándole la oportunidad de seguir adelante. O si, al menos, hubiera tenido la posibilidad de trabajar con un libreto de mayor calidad literaria y enjundia dramática que el escrito por Borngräber.
Existen, que yo sepa, hasta tres grabaciones de esta obra (*), aunque yo he escuchado la primera de ellas: un registro realizado en Frankfurt, en 1952, con un elenco de cantantes impresionante, entre los que se encuentra mi querido Ferdinand Frantz --¡qué pedazo de voz tenía este hombre, de verdad!-- en el papel del pérfido y sensual Kajim. La más floja del reparto es la soprano Schlüter, que se encontraba ya en franca decadencia y presenta una voz algo oscilante y poco grata, demasiado gritona. Estupendo el tenor Fehringer en el exigente rol de Chabel y muy bien, asimismo, el bajo von Rohr como el solemne e introspectivo Adahm.
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(*) Las versiones son las siguientes: 1º) Erna Schlüter (Chawa); Otto von Rohr (Adahm); Franz Fehringer (Chabel); Ferdinand Frantz (Kajim); Radio-Sinfonie Orchester von Frankfürt; Winfried Zillig; ADD, 1952. Studio; 2º) Maria Ronge (Chawa); Siegmund Nimsgern (Adahm); Hans Aschenbach (Chabel); Florian Cerny (Kajim); Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin; Karl Anton Rickenbacher; CPO, DDD, 1998.
Live; 3º) Nancy Gustafson (Chawa); Franz Hawlata (Adahm); Wolfgang Millgramm (Chabel); Donnie Ray Albert (Kajim); Orchestra National de France; Mikko Franck (dir); Naïve, DDD, 2004.
Live.