Bueno, vamos a darle un poco más de desarrollo a la versión de Horne, que podéis escuchar
AQUI DE NUEVO. Esta audición nos va a servir para profundizar un poco en la obra.

La obra se inicia con una introducción orquestal muy animada, que a mi juicio evoca un mar que empieza a embravecerse, pero que no llega a la tormenta hasta que la voz comienza a intervenir. En
0.25 comienza la voz, y Horne caracteriza su interpretación por una constante fidelidad al texto, por una atención al texto y una claridad a la hora de decirlo encomiable. Ese primer verso:
With short, sharp, violent lights made vivid es clara prueba de ello.
Estos primeros versos están construidos de una forma continua, como los golpes de la marea en un acantilado. Son los primeros 25 segundos, desde el inicio de la intervención (
0.25) hasta
0.53. Los dos versos siguientes:
Waifs wreck'd seaward and wasted shoreward/On shallows sheeted with flaming foam. suponen la primera exposición del tema más importante, aquel que culminará al final de la obra, y que es una constante en el ciclo de canciones.

Los siguientes versos hacen volver la marea, el golpe de las olas sobre las rocas, pero hacen volver toda la trascendencia expuesta en el tema principal en el último verso:
They have lain embedded these long years ten. (
1.28). Comienza después la segunda estrofa, de absoluta, total y perfecta transición

Comienza la estrofa (
1.35) con dos hermosos
Love, Love!, con una Horne fantástica, mientras la orquesta expone el tema principal de nuevo. Pero la cosa cambia en
1.53, en los dos últimos versos:
From the heights and hollows of fern and heather/God surely loved us a little then., dos de los versos más interesantes, desde el punto de vista literario, de toda la obra. Musicalmente nos hemos trasladado al mundo meláncolico que la primera de las canciones del ciclo (
Sea-Slumber Song) traza, pero unido a las reminiscencias misticas de la cuarta canción,
Where Corals Lie. Atentos a ese verso, en el que se afirma, que, tal vez, Dios nos amó alguna vez.

La siguiente estrofa discurre por el sendero trazado por la estrofa de transición , y Horne a mi juicio aquí está a un nivel inferior que Baker, que es mucho más melancólica y doliente. Horne parece que se acuerda de algo feliz, mientras que Baker no hace de algo triste.

Pero poco dura el recuerdo. En
3.33 comienza la siguiente estrofa, con la misma estructura musical que la primera, por lo que en ella no nos detendremos. De nuevo los golpes de la marea (y los rayos, pues ya si que nos hallamos en plena tormenta) nos sumergen en la tormenta.

Pero en 4.15 algo emerge de esa tormenta. Es la cuarta estrofa, o, más bien,
El Nadador, el que se opone a las fuerzas de la naturaleza con voluntad y arrojo. La estrofa está construida, de nuevo, con esa continuidad, esa torrencialidad y fluidez tan marina, tan lograda a mi modo de verlo. El tema principal, aquel que se esbozo en otras estrofas, aparece expuesto en plenitud por la orquesta, mientras las palabras de la intérprete se hacen cada vez más trascendentes, hasta alcanzar el climax en el ese verso que expresa ese anhelo de superación, esa necesidad de lucha:
I would ride as never man has ridden (
4.44 y 4.58), para concluir con ese agudo en los últimos versos, con toda la orquesta a su vez en ese verso tan bonito, que Horne mantiene bastante más de lo habitual:
No love, where no love, no love wanes Donde el ningún amor disminuye...
Bueno, pues este es el análisis de la pieza. Es la primera vez en mi vida que acometo un análisis así de detallado. Por ello, agradecería sobremanera comentarios
