Una semana sin foro (y sin trabajo) da para escuchar mogollón de ópera.
Algunas revisiones de grabaciones y otras escuchas nuevas. Por partes.

Me reconcilio a pasos agigantados con este Calaf de Domingo, sospecho que imbuido por una batuta simplemente excelsa. La dirección orquestal es orgiástica, descomunal, colorista, avasalladora pero también intimísima. Parece que suenen dos orquestas y siete coros, y no los Wiener a secas. Un espectáculo quizás poco canónico pero majestuoso. Los finales de acto le dejan a uno arrellanado en el sofá. Domingo dice muy bien su Calaf, y lo canta con muy buen gusto. Quizás el timbre no tenga esa luminosidad de Pavarotti, esa comunicatividad, pero está sencillamente estupendo. Y para que yo diga esto...
El descalabro es con todo lo demás. El Pastor de "Tosca" que se canta la Hendricks es insoportable. Y la Ricciarelli sufre, sufre, sufre. Ella lo sabía. Nosotros también. Lo dejamos ahí.

Una grabación de escaso interés. Poco, muy poco, en la batuta de Lombard. Arrancamos con prisa, por alguna razón desconocida, y perdemos la oportunidad de recrearnos en la gama de colores y matices de todo el primer acto, sobre todo las piezas corales. Luego llega el "Signore ascolta", y rebajamos el ritmo, para hacerlo aún más lento en el "Non piangere, Liu", y así Carreras puede cantarse la parte. Pero así como acaba el "non sorride più", ya estamos otra vez forzando la máquina para ir a carajo sacao. Inexplicable. Y así, con estos dientes de sierra, con estos tempi aleatorios y caprichosos, llegamos al "In questa reggia", donde hay que plegarse a las exigencias de la diva. Caballé dijo "si la Sutherland puede, yo también". Y casi, oigan, casi. Porque vale que el grave no exista (tampoco es que la Stupenda tuviera aquí su fuerte), y que el fraseo a veces esté relajado (idem de idem), pero tenemos esos sonidos en el centro y primer agudo, esos regalos como el filado final del aria de entrada (y alguno más que escancia la jodía por ahí), y ya sabemos que estamos ante una SEÑORA soprano. En el debe, los sonidos fijos de esos agudos afilados de la escena de entrada y los enigmas, que da la sensación de estar ahí ahí, como quien dice. Monótono y aburridísimo el Calaf de Carreras. Todo de un trazo, y la voz tampoco me enamora. Dulce la Liu de la Freni, como su personaje.
El resto, olvidable.

Mi interés radicaba, esencialmente, en Giulini. Ligera decepción ante una dirección morosa, pesante por momentos. Las cabalettas parecen adagios. El sonido puede ser todo lo rico que se quiera, pero si la tensión va tan relajada que cae en lo mortecino, Verdi no funciona.