Peter Quint escribió:
Empezando por el final, lo que a mí me parece una falsedad es afirmar que Puritani se haya sostenido en el repertorio por el esplendor del papel de tenor, pues me parece claramente homologable en calidad (y marginalmente superior en algunos aspectos) a Norma o Sonnambula (salvo que nos venga a decir que son óperas que tampoco existirían en el repertorio si no fuera por el rol de soprano, lo cual, al poco del debate, nos llevaría a una tautología).?
Ojo, que he dicho en gran parte. Como en gran parte, al margen de la calidad de la música, es la personalidad de Norma la que ha hecho de esa ópera un mito del género. La
personalidad entendida como un conjunto de factores que incluyen el virtuosismo, la novedad de planteamientos dramáticos, la estilización extrema de la escritura o la ampliación de las posibilidades de la voz. Repito, sea esto "justo" o no, es lo que también hace que una ópera
sea del tenor o de la soprano.
Peter Quint escribió:
En segundo lugar, yo creo que, siendo respetables los criterios de la cantidad de música que canta cada personaje y cuánto nos gusta la misma (porque la calidad en abstracto es difícilmente baremable) para determinar el protagonista de una obra -a secas, así no seria fácil afirmar el protagonismo de Turandot, por ejemplo-, creo que hay que añadirle (en este festival de relativismo que se va instaurando en mi vida y cada vez me fascina más) la encarnación, por así decirlo, de la tesis de una obra, de su idea definitiva o esencial (cosa que sí encarna, en mi opinión, Turandot, aunque Calaf cante durante más tiempo cosas más famosas). Y a mí me parece, igual que al Marqués, bastante evidente que la tesis última de Puritani (siempre con la cautela con que hay que hablar de tesis en el melodrama belcantista) es el sufrimiento por la imposibilidad de vivir el amor por razones de disputas políticas ajenas a los corazones de los amantes. Y las ganas de amar y la desdicha de no ser amada las plasma Elvira de una forma mucho más conmovedora, apasionada y sincera que lo que pueda hacer Arturo.
Bueno, esto sí es argumentar y hacerlo magníficamente. En este terreno puramente "filosófico" hay poco que discutirle. Vuelvo sin embargo atrás y sostengo que a pesar de que Arturo no se sitúa en el núcleo expresivo de la obra, el virtuosismo extremo de su escritura, su novedosa ampliación del lirismo heroico belcantita (hasta los límites de la voz de tenor de entonces) en el tercer Acto y, la irreal dulzura y amplitud de sus melodías lo convierten en una figura mítica de la historia del canto. Con él el virtuosismo llegó a una especie de
non plus ultra que tiene una fascinación casi única. Por decirlo con Celletti (ustedes me perdonarán), la fascinación del
fakirismo vocal. Algo que está un poco más allá de lo racional. Yo supongo que quizá fue la forma en la que el propio Bellini quiso compensar a su tenor, consciente de que la figura patética de la obra era la soprano.
Ahora puede usted desintegrarse en la atmósfera de cualquier planetucho hostil.