Yo creo que para que tengas la sensación de que la asistencia a una función ha sido suficientemente justificada no solo hay que tener en cuenta lo que te da la función, sino lo que tú has puesto para llegar a ella.
Por supuesto, está el tema del dinero, pero no solo el de la entrada, sino el de un posible viaje. También está el tema del tiempo, de lo que hay que organizar y a lo que hay que renunciar para estar en esa función. Aunque sea exactamente la misma función, no puede compensarse igual para alguien que haya hecho un viaje, pedido permiso en el trabajo y pagado la entrada y la estancia (por ejemplo) que para alguien que tenga la tarde libre y no tenga otra cosa mejor que hacer.
Por supuesto, hay representaciones que se merecen todo el esfuerzo y más si hiera falta

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En cuanto a la representación en sí, yo diría que la clave está en que, al menos en alguna escena, te sientas enganchado, transportado, que el mundo real desaparezca. Que, por ese instante, todo el espacio que nos rodea sea solo la música (porque te haga reir, porque te haga llorar, porque te haga desear, o añorar, o incluso odiar...), en definitiva, que te haga sentir.
Y eso, no siempre ocurre...
