Y ahora esto otro. A ver qué les parece...
Un MacNeil ya entradito en años (y pongo ésta versión y no otras anteriores --1961, 1967-- precisamente por eso) que nos regala una estupenda versión de la gran escena y aria del jorobado en el segundo acto de
Rigoletto. Su retrato del bufón es contenido, serio, digno, rehuyendo el histrionismo actoral en el que caen algunos, los aspavientos y las exageraciones declamatorias. Incluso en las partes que más podrían prestarse a ello (en los famosos "lará, lará", por ejemplo) canta en todo momento y resulta hasta grácil. Eficacísimo el contraste de los
pp utilizados para expresar los pensamientos que deja escapar
("Ove l'avran nascosta?" y
"Non é il suo" casi musitado) con el resto de las frases de forzado desenfado. La exposición del aria es sobrecogedora, contrastando vivamente el
andante mosso agitato de la primera parte --que está dicho bien, furioso, pero sin desmelenarse-- con la segunda sección, un
andante meno mosso que MacNeil nos sirve contrastado con un juego de dinámicas estupendas, empezando por un
"Ah! Ebben piango" muy bien acentuado y dicho con suavidad, desplegando una media voz que resulta estremecedora, y siguiendo por el
legato de primer orden con que va dibujando toda la pieza (por ejemplo en
"Tutto al mondo è tal figlia per me" o en
"ridate a me la figlia" que liga con el ascenso en
"tutto al mondo"), a pesar de apreciarse ciertas limitaciones lógicas de
fiato. Y todo hecho con el puro canto (ni un solo sollozo o grito), porque si se dan cuenta no es que MacNeil esté moviéndose por el escenario como un loco, ni que se tire a los pies de Marullo, ni que se mese la perilla y los cabellos, ni que sea Laurence Olivier. Pero la voz siempre está en punta, en el fulcro, brillando con ese esmalte suyo tan característico. Los graves bien apoyados (por ejemplo ese
"Ahimè!") y los agudos, asimismo, perfectamente emitidos (un poco chungo y algo cascado el del cierre:
"Pietà, pietà signori", quizá por el cansancio), pero todo donde ha de estar. Y hablamos de 1977, cuando el barítono ya tenía 55 años. Por otro lado, el
vibrato tampoco es especialmente significativo o molesto.
Un intérprete de muchos quilates, desde luego...
