En cuanto a los armónicos, es cierto que las limitaciones en el rango de frecuencias que podían registrarse hace que, en parte, se pierdan. El resultado está ahí, a unos no les gusta, a otros sí. Tampoco afectaba igual a todos los cantantes. Sin embargo, creo que es suficiente para hacernos una idea cabal del artista, en la mayoría de los casos.
Otro problema, sobre todo en las grabaciones de antes de los años 20, es la velocidad a que se grababa. Aunque estos tiempos se suelan conocer, sobre todo en el mundo anglosajón, como la era de los 78's (78 revoluciones por minuto), la velocidad variaba entre unas 72 y 87 rpm. Cuando se reproducen a 78, el efecto es fácil de imaginar.
El cantante debía además cantar justo en el centro del grabador, para evitar distorsiones. Y según la nota, convenía acercarse o alejarse un poco de dicho grabador.
Había también una limitación en la duración que se podía grabar, que afectaba a veces al tempo con que debía cantarse la pieza.
Y, además, la "fritura".
La llegada del micrófono a mediados de los años 20, y el progresivo incremento de minutos que podían registrarse en la superficie del disco, cambió para siempre la música grabada.
El mayor tributo a los cantantes de la era acústica, es que a través de un medio con tantas limitaciones, fueran capaces de dejarnos un legado de tal riqueza, un testimonio de tanto valor, que constituye uno de los pilares fundamentales del canto operístico.