
El segundo disco de esta compilación. Realmente, más que ante un disco estamos ante un tratado conceptual de un estilo.
Sería ocioso negar la grinta y la expresión fiera que ofrece Joan Sutherland en la escena de Attila, en la que con una facilidad pasmosa supera el canto di forza y los saltos interválicos del aria para posteriormente, como en un buen manual de belcantismo, ofrecer la cabaletta a doble vuelta con variaciones y espoleada por orquesta y coro, encaramarse al sobreagudo final. Expresivísima en el dúo de Don Pasquale, con unos trinos interminables, o en el histórico duo de la Straniera. Y por si fuera poco en este disco encontramos una de las mejores y más desconocidas grabaciones de la Sutherland: el aria de Agathe del
Freischütz. en el que S. muestra una voz que se desparrama por la partitura con una facilidad suntuosa, control del fiato a prueba de bombas y messa di voce subita en el agudo. El trio de Beatrice di Tenda está muy bien resuelto, atención al más difícil todavía con Horne asumiendo la voz aguda y variando con Sutherland.
Horne deja sus primeras huellas como Arsace, duetando con Sutherland, mostrando un dominio técnico y una expresión siempre regia y canta como solista el brindis de Orsino de la Borgia y un bolero de Arditi, que si bien están maravillosamente resueltos técnicamente (hay que escuchar como sostiene la asperísima tesitura que le impone el brindis) contienen una música muy desigual.
Richard Conrad es el elemento exótico, un tenorino flautato de voz infinitesimal pero con tremendo gusto, que casi siempre canta mórbido, salvo en los ataques a la zona aguda resueltos en un ora falsete ora voz mixta ora sonido agudo no identificable, y que sorprendentemente cuenta con un blending con Sutherland como solo Pavarotti conseguiría. Muy bien en las variaciones el Ecco ridente in cielo e igualmente muy bien en la escena del Masaniello de la Muette de Portici por su adecuación estilística y por el aura abstraída que ofrece.