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Pues ayer estuve viendo la Flauta Mágica. Así que ya puedo hablar. Lo primero que debo decir es que era el segundo reparto. Lo segundo, que el público y yo no vimos la misma obra por lo visto. Me explico.
Primero hablo de lo mejor, la orquesta, de nuevo a nivel internacional. Cierto es que me han replicado en este y otros foros, pero ya no soy el único que así opina; lean por favor los últimos números de Opera Actual, Scherzo, Ritmo, y otras publicaciones especializadas. No exagero un ápice sobre la calidad alcanzada por la Sinfónica. Muy buena prestación, como también es costumbre, del coro. No así Minkowski, de quien me esperaba más y llevó a cabo una dirección sosa y escasa de energía.
Los cantantes, todos muy aplaudidos y aún me pregunto por qué (no olvideis que los segundos repartos a lo más suelen ser decentes en general). Como no recuerdo los nombres de todos, hablaré de los personajes. Pamina, bien, lo mejor del día. Tamino y Sarastro estuvieron bastante decentes también. Cumpliendo las 3 damas y los 3 jóvenes. Monostatos ni fu ni fa, ahí estuvo. La Reina de la Noche fue aplaudida –también por mi- por la dificultad de su papel, que le vino grande (mal en los momentos difíciles), pero se reconoció su esfuerzo. No entendí el aplauso a Papageno, que no me gustó. Y Papagena fue lo peor de todos los cantantes.
La puesta en escena de la Fura. Fastuosa, interesante, sin transgresiones gratuitas. Me encantó… si no fuera porque más de la mitad del tiempo sentí que estaba viendo un estupendo espectáculo mientras escuchaba mi ópera favorita, ambos por completo divorciados. Eso sí, cuando hubo comunión (como al principio de la representación, o cuando Pamina intenta hablar con Tamino y este ha hecho voto de silencio) la escena no hizo sino reforzar el sentimiento que transmite la obra. El resto del tiempo caminaron cada cual por su cuenta, llegando por momentos (parte del primer acto sobre todo) a recalcitrarme. La voz en off tuvo diferentes momentos: cuando su único afán era el efectismo sobraba por completo, cuando hizo algún apunte filosófico nada tenía que ver con la obra, y cuando sí que tenía que ver con la obra no aportaba nada interesante en mi opinión. Lo único que consiguió es seccionar el hilo narrativo (me resulta difícil creer que cualquiera que no conociera previamente la Flauta recuerde el argumento con coherencia). En otra línea, me faltaron cosas, como si se hubieran cortado fragmentos. El problema es que la ópera (como el cine o el teatro) tiene una tensión narrativa, y la Fura ha compuesto una obra interesante a nivel estético pero estático (cual un videoclip, un anuncio o una fotografía). Por tanto existió un choque entre narración y efectismo visual en este caso, ello por no hablar de que me gustaría leer las explicaciones de la Fura sobre el significado de la escena, pues nada tuvo en común con la Flauta Mágica. Claro que todo en este vida se puede relacionar haciendo un ejercicio de ingeniería retórica.
En definitiva: el conjunto me resultó mediocre. Hubiera sido diferente si se representase un día el –magnífico- espectáculo escénico y otro diferente la audición del concierto operístico.
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