
Empiezo mi primer Anillo del año, viendo los streamings del de la Scala que se está ofreciendo completo este mes, alternando con funciones del Ocaso.
Cada vez que se interpreta El Anillo del Nibelungo es un acontecimiento en la ciudad que lo lleva a cabo. Sin embargo, es singular cuando se hace en el mayor templo de la ópera italiana en el mundo: la Scala de Milán. Aunque sea la capital de la ópera italiana, la Scala cuenta con una larga tradición wagneriana, aunque hasta la segunda guerra mundial fuera principalmente en lengua italiana. En 1950, Wilhelm Furtwängler dirigió el primer gran Anillo producido en Europa desde la, por aquél entonces, recién terminada Segunda Guerra Mundial, con un elenco mítico. Y por primera vez en lengua alemana, lo que se convertirá en costumbre desde entonces en el teatro lombardo. En los años 60, André Cluytens tomó el relevo. En los años 70, Wolfgang Sawallisch, pero no llegó a escenificarse el Ocaso. En los 90, lo hizo Riccardo Muti. Y entre 2010 y 2013, año en que se representó completo en una sola temporada con motivo del bicentenario, el maestro argentino Daniel Barenboim tomó la batuta. Ahora con motivo del sesquicentenario del Anillo, se vuelve a representar el ciclo completo, aunque desde 2023 se han representado las jornadas por separado, vuelve la épica wagneriana a la Scala, y lo hace con una producción de
David McVicar.
La producción, esperable en McVicar, se antoja más bien clásica. Claro que no clásica al estilo del viejo Met, pero la acción se reconoce y no hay que hacer demasiados esfuerzos para seguir la trama.
El Oro del Rin mezcla una puesta en escena moderna, por momentos minimalista, en la que los personajes van vestidos al estilo isabelino. En la producción importan más las luces, la infraestructura, más que los decorados, los cuales no dejan de impresionar. En el telón se ve proyectada una mano rodeada de un círculo, todo en plata, los cuales al levantarse muestran el fondo del Rin, presidido por tres enormes manos, sobre los que juegan las ondinas. Alberich aparece vestido como un bufón shakespeariano, ¿o incluso Rigoletto?, y el Oro del Rin, iluminado magníficamente en amarillo, es representado por un bailarín con una máscara dorada, la cual Alberich le quita al final de la escena. El segundo cuadro es una enorme escalera, alrededor de la cual, Loge y los dioses aparecen vestidos con nobles y amplios ropajes isabelinos y máscaras. Al menos aquí los gigantes son tales, son enormes y cabezones muñecos, dentro de los cuales están los cantantes. El Nibelheim es una enorme calavera, de la que emerge y desaparece Alberich, quien atormenta a sus nibelungos y a su hermano Mime, también vestido de bufón. De ella aparecen un enorme esqueleto de serpiente y otro de sapo, cuando Alberich usa el yelmo para transformarse. Al final, los dioses suben por la escalera, mientras un hombre ensangrentado, posiblemente el mismo que apareció con la máscara dorada en la primera escena, se arrastra por el escenario.
Simone Young es la primera mujer que ha alcanzado la consagración y la fama absoluta como directora de orquesta wagneriana. A sus 65 años, la maestra australiana se ha labrado una carrera especializada en el repertorio germano en general, y wagneriano en particular. Ha grabado oficialmente el Anillo, para el sello OEHMS, así como una integral de las sinfonías de Anton Bruckner, también ha llevado al vídeo la ópera Palestrina de Hans Pfitzner... y en 2024 debutó con éxito en el Festival de Bayreuth, dirigiendo el Anillo con la mediocre puesta en escena de Valentin Schwarz, levantando el nivel de esa puesta en escena que no será añorada. Esta producción del Anillo de la Scala de Milán, diez años después de que Daniel Barenboim lo dirigiera en este augusto escenario, tendría que haber contado con Christian Thielemann al frente de la orquesta. Sin embargo, el maestro alemán tuvo que abandonar el proyecto debido a problemas de salud. En su lugar, se ha contado tanto en las presentaciones por separado, desde 2023, hasta los ciclos enteros que se harán, con dos maestros wagnerianos experimentados: uno es Alexander Soddy, batuta emergente, y la otra es la propia Young, cuya interpretación ha sido elegida para ser inmortalizada en vídeo.
En el Oro del Rin, la señora Young realiza una versión más bien calmada, el problema es que la toma de sonido no parece buena. La orquesta acompaña a los cantantes, con una interpretación lenta del preludio. A partir de la cuarta escena, es cuando la orquesta brilla al nivel esperado, especialmente las cuerdas. Salvo un momento en el preludio, los metales de la orquesta suenan genialmente. Lo único que no mme gustó mucho es la rapidez justo en la conclusión de la obra: esa marcha con la que los dioses se dirigen a su nueva morada pierde solemnidad y majestuosidad dirigida así.
Michael Volle tiene en el Oro la voz avejentada, pero mejora a mitad de la obra, con una interpretación decente de su aria "Abendlich strahlt der sonne auge".
Olafur Sigurdarson como Alberich tiene el problema de su voz ligera, en un rol donde el grave se hace necesario para transmitir mejor la maldad del personaje, pero lo suple con su actuación, creando un personaje repulsivo.
Okka von der Damerau es una Fricka bien cantada, esa voz también ligera le da un toque de especialidad feminidad al matronil personaje.
Norbert Ernst es un Loge más bien correcto, una voz más bella de lo que suele asociarse al rol, pero me recordaba peligrosamente a la de Vogt, quien cantará el rol en Bayreuth. Sin embargo, su interpretación parece estar más bien centrada en cantar bien, y actuar menos, aunque con el aparatoso traje que lleva no puede hacer mucho. El veterano
Wolfgang Abilinger-Sperrhacke sigue siendo un magnífico Mime. Los gigantes son interpretados por
Jongmin Park como Fasolt, y
Ain Anger como Fafner. El eminente Park está en su mejor momento, y se nota en su impecable canto, con esa voz oscura e imponente de bajo profundo que tiene. Anger no canta tan bien pero actúa convincentemente. En cuanto a los demás dioses, son todos excelentes:
Siyabonga Maqungo con un Froh de lírica y bellísima voz,
André Schuen como un Donner imponente y
Olga Bezsmertna como una Freia deliciosamente cantada.
Christa Mayer es una Erda bien cantada, pero adolece del grave necesario para el mítico personaje. En cuanto a las hijas del Rin, a destacar la Wellgunde de
Svetlina Stoyanova.
Seguiremos con la Valquiria pronto.