Abdallo escribió:
Siento haberle molestado con mis comentarios, pero mi intención era totalmente la contraria. A mi parecer, el director canadiense ha pretendido hacer algo distinto y revitalizante, rompiendo los viejos moldes de un concierto que se había quedado viejo en cuanto a repertorio y a parafernalia. Quizá se haya excedido en su entusiasmo, pero, directorialmente hablando, no me ha parecido un pokémon para nada. Reitero mis disculpas.
No se preocupe; no me molestó, y le agradezco la intención. Lo único que intenté decir es que, de la misma forma que tener un sesgo negativo hacia un músico por razones extramusicales es un error, tener
per se un sesgo positivo hacia el mismo músico porque se apoyen o reivindiquen esas razones extramusicales me parece el mismo error.
Y más allá del broche y la cadenita (que me gustaron muchísimo) y el esmalte de uñas (que no me gustó nada), el de Yannick Nézet-Séguin me pareció un concierto muy bueno; divertido, movido y bastante renovador, pero no trascendental (los contrastes dinámicos creo que se quedaron cortos). Dentro de que Canadá, si me lo permiten, me parece la forma americana de ser europeo, creo que la sombra de Levine es alargada, pero no apunta bien hacia Viena. Se agradecen los aires renovadores, pero el exceso de entusiasmo un poco too much MET (de ahí lo de Pokémon) y los gestos para la galería (porque la PAIX y la KINDNESS y la KINDNESS y la PAIX, y dirigir Radetzky entre el público y al público) creo que casan mal con la idiosincrasia no solo vienesa, sino la de la propia música, o al menos, de la significación que esa música ha adquirido entre nosotros. A lo mejor tenía razón el forero Siddharta y la realidad no existe, porque todo es percepción, subjetividad y TikTok (y, sin poder desarrollar el tema en un foro de estas características, narrativas políticas que prescinden de los elementos objetivos que no les convienen las hay de todos los colores), pero si, por lo que sea, el modelo Nézet-Séguin no cuaja, quedarnos en que los austriacos son una cuadrilla de rancios (que lo son, y muchísimo) me parecerá una descripción incompleta.
Tengo ganas, eso sí, de volver a escuchar la Fledermaus-Quadrille, que es una pieza que me entusiasma y aunque a ratos me parecía de una factura excelente, la gente que estaba en mi casa no se calló en toda la obra.