Excelente recital el ofrecido por el conjunto
Ensemble 1700 y el sopranista
Bruno de Sá el pasado día 28 de enero, en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional, dentro del celebrado ciclo "Universo Barroco", que va ya por su décimoquinta edición. Pese a estar englobado dentro del "III centenario de la muerte de Alessandro Scarlatti" (etiqueta #Scarlatti.300), lo cierto es que el programa no mostró un protagonismo tan destacable del músico siciliano (4 obras), pues también recogió composiciones de otros autores tan significativos como Haendel (3) y Corelli (1), o de menor renombre, como Giovanni Battista Bononcini (2), Alessandro Marcello (1) y Francesco Barsanti (1).
Como no podía ser de otro modo, lo más significativo del concierto vino de la mano del virtuosismo de
Dorothee Oberlinger —flautista y líder de la formación, cuyo arte ya hemos tenido ocasión de celebrar otras veces en la misma sede— y, sobre todo, del brasileño
Bruno de Sá, que acabó erigiéndose en el centro absoluto de la velada, por su empeño, simpatía, implicación y complicidad con el resto de intérpretes y del público, en medio del cual jugueteó e interactuó en algunos momentos de la velada. Ya saben ustedes que no soy, precisamente, partidario de las voces de contratenor, y que el último sopranista que hube de sufrir —el, por otra parte, celebradísimo Samuel Mariño— fue una total decepción para mí, por su voz incopórea, su afectado canto y exagerados acentos. Sin embargo, en el caso presente, no puedo negar que lo realizado el domingo por de Sá fue auténticamente excepcional: la voz, para empezar, tiene una magnífica proyección (es cierto que hablamos de una sala pequeña, pero no creo que funcione mal en un espacio mayor), suena timbradísima, es rica de armónicos (pese a las pegas que se le pueda poner a un canto en falsete), se mueve cómodamente en las franjas extremas, y está manejada con gran sensibilidad expresiva y una técnica espectacular, que permitieron al brasileño ofrecernos una serie de filados increíbles, dos o tres
messe di voce realmente conmovedoras, y agilidades pasmosas y auténticamente pirotécnicas en uno de los cuatro bises ofrecidos. La verdad es que, escuchado con los ojos cerrados tampoco se aprecia una gran diferencia con la voz natural de una soprano mujer.
Desde el punto de vista estrictamente instrumental el
Ensemble 1700 mostró también su total dominio sobre un repertorio que viene abordando con frecuencia por todo el mundo, tanto en solitario (con la serenata
Clori, Dorino e Amore, de Scarlatti, que abrió el concierto), como junto a Oberlinger, cuya sensibilidad interpretativa, capacidad respiratoria y digitación vertiginosa causaron admiración en algunas virtuosísticas piezas. Señalaré únicamente, en el apartado de los "debe", que no me satisfizo la adaptación para flauta del soberbio Concierto para oboe en re menor, S. Z799, de Marcello, pues la diferencia de sonidos entre instrumentos juega, a mi entender, en beneficio del original y demérito de la flauta, que resulta mucho menos dulce, intimista y rica de terciopelo y armónicos.
En cualquier caso, me quito, pues, la chapela, y celebro con rebozo haber asistido a este disfrutable concierto (a pesar del sopranista

).
Pero lean, lean la entusiasta
crítica de Simón Andueza, en
Ritmo, porque es mucho más completa que la breve impresión que yo les he traído aquí.
NOTA: como no sabía muy bien qué hacer, he publicado este mismo comentario en el hilo "El pequeño hilo de crónicas" (dado el carácter híbrido del espectáculo). Pero los administradores decidirán si la cosa se queda así, duplicada para comodidad de los foreros, o si, por el contrario, hay que eliminar una de las dos publicaciones.