Críticas
Es imposible encontrar alguna mala
1-Clase y Perfección
Entre las novedades de programación del pequeño (y, la verdad, algo recóndito) Auditorio Eduardo del Pueyo, ha surgido un ciclo de lied que, de hecho, contendrá unas cuantas muy buenas sesiones de lieder y algunas otras cosas que sólo están por allí de refilón. Y para inaugurarlo, por todo lo alto, tuvimos a Dame Felicity Lott ofreciendo el concierto perfecto.
Pasa el lied por ser un género bastante exquisito, para gente entendida. A mi me gusta creer que soy demasiado bruto para comprenderlo. Pero es que escuchar a Felicity Lott en su recital del jueves y derretirse fueron uno mismo. La cantante inglesa es de esas personas que dan sentido a la expresión tener clase. Su presencia en escena hace juego con su calidad como intérprete. Ella no vino a lucir su bella voz, que la tiene, haciendo unos gorgoritos operísticos. Ella apareció con Graham Johnson, el mejor pianista acompañante del momento, el hombre que lo ha grabado todo en este repertorio (y esto es hablar de muchas decenas de discos), mostrando horas y horas de trabajo en común, complicidad y musicalidad a raudales.
La parte más seria de la velada consistía en una colección de lieder alemanes. Cuatro eran de Mahler sobre textos de Rückert. Otros cuatro de Schumann: dos de los Mirtos (por cierto, ¡qué maravilla el Widmung), uno extraído de las colecciones de Lieder und Gesange y otro de las canciones del Wilhelm Meister. Finalmente, cuatro de Wolf, culminando en el inmenso Kennst du das Land?. Más atmosféricas, más sentimentales, eran las cinco canciones francesas que abrían la segunda parte, y abrían a su vez el apetito para un final desenfadado con seis canciones de opereta, donde la Lott y Johnson mostraron un encanto para la comedia, para lo leve, que solo pueden lucir los grandes músicos.
Francisco Javier Sayas. El Periódico de Aragón, 16 de diciembre de 2006.
2-La dama y el caballero
Ha comenzado el primer Ciclo de Lied del Auditorio Eduardo del Pueyo y promete veladas extremadamente interesantes. De entrada el arraqnue del diclo no ha podido ser mejor: La presentación en Zaragoza de la gran Felicity Lott y el pianista Graham Johnson. Ambos fueron recibidos con un largo aplauso que se prolongó cuando ya estaban sobre el escenario esperando dar comienzo a su actuación. Tres bloques diferenciados de "lied" romántico, conación impresionista francesa y opereta del siglo XX trazabanel programa. Tras cuatro de los cinco "Rückert Lieder" de Gustav Mahler, dos de los "Myrthen" -también sobre Rückert- y dos lieder sobre poemas de Goethe de Robert Schumann, el primer bloque y la primera parte finalizaban con otros cuatro "goethes" musicados por Hugo Wolf. La disposición de las piezas en el programa fue una muestra de buen gusto e inteligencia. La graduación fue "in crescendo" hasta la más exigente e intensa "Kenst das du Land" canta da con la voz clarísima de la Lott, sin amaneramientos y sin denotar esfuerzo alguno. Sgunda mitad y segundo bloque. "Chansons" de Herni Duparc, Pierre Capdevielle, Heri Sauget y Claude Debussy. En estas como en todo el concierrot Graham Johnson hizo cantar al piano. En los treinta años aproximadamente que llevan trabajndo juntos se han convertido en uña y carne. Johnson aporta al dúo un punto de justeza y equilibrio de una exquisitez tan solo equiparable a la de Fleicity Lott en el canto. La soprano irradiaba ternuera y se mostró muy cercana. De hecho el recinto resultó altamente apropiado y acogedor tanto para intérpretes como para público, parte por las dimensiones y el aforo, parte por la proximidad y simpatía de la Lott. Ella es una gran señora pero no es diva; no adquiere una pose superior. Su senciellez y sonrisa le bastan para llenar y comerse el escenario. El tercer lote -más ligero- eran canciones de Noël Coward, Oscar Straus, y André Messager, con textos del propio Coward y de Sacha Guitry. Dicen de Felicity Lott que es la más francesa de las cantantes inglesas y es cierto escuchándola cantar en francés casi nativo. Desenvuelta y con gran desparpajo representó -literalmente- la "English Lesson" de Cowardrizando el rizo al cantarla en un perfectamente imperfecto inglés con acento francés. Dieron dos bises de Poulenc y otro de Offenbach "Dis-moi, Vénus" de "La Belle Hélène", y marcharon con el mismo clamor y aplausos con que se les recibió.
Víctor Rebullida, Heraldo de Aragón, 16 de diciembre de 2007.
3-Un bello regalo prenavideño
Comentaba un asistente al concierto que Dame Felicity Lott ofreció el pasado 14 de diciembre en el auditorio Eduardo del Pueyo del Conservatorio Superior de Música de Zaragoza que no sabía como se seguía extrañando la gente que no hubiese en la capital de Aragón una oferta lírica de más calidad y calado. La respuesta estaba en este acto. Pocas cantantes en la actualidad pueden compararse en el panorama internacional con la trayectoria y profesionalidad de la soprano inglesa. Y aún así la asistencia a su concierto no pasó de las tres cuartas partes del aforo siendo muy generoso en el recuento. El problema no es sólo de unas instituciones para las que el canto, fuera de la jota y las masas colares, no existe y que incluso han desechado la posibilidad que en el eterno proyecto del teatro Fleta se celebren óperas; sino de un público que en las pocas oportunidades que tiene da la espalda a actuaciones de este calibre. Una verdadera pena. Pero dejemos las lamentaciones para dar cuenta del gozo que supuso este recital. Vaya por delante el reconocimiento a los organizadores de este ciclo de Lied que se celebra en el Conservatorio por su esfuerzo en traer cantantes de prestigio in questo populoso deserto che appellano Zaragoza.
Felicity Lott es una gran cantante a la que acredita una dilatada y sólida carrera en los más prestigiosos escenarios del mundo con hitos como la Mariscala de Strauss en Viena con Kleiber o la Helena de Offenbach con Minkowski. En esta ocasión dejó a un lado el repertorio operístico para centrarse en el más minoritario pero encantador del lied. La primera parte estuvo dedicada a la canción alemana, concretamente a Mahler, Schumann y Wolf. Fue con el primer autor, con su ciclo sobre textos de Rückert, sobre todo “Ich bin der Welt abhanden gekommen”, y con Wolf donde Lott demostró su maestría. Su voz, ya no en la plenitud pero con una envidiable madurez, se adapta como un guante a este repertorio. A su dicción, clara y muy bien acentuada, unió unos timbres elegantes, bellos y aterciopelados. Su Schumann, más ligero, no arrancó tantos suspiros callados del rendido público.
La segunda parte se centró en un primer bloque en la canción francesa. Las melodías impresionista de Duparc o Debussy, entre otros, furon cantadas en un precioso fancés destacando la delicadeza y la elegancia de “La vie anterièure” de Duparc. Continúo el recital con un grupo de compositores que dedicaron parte de su obra al cabaret y el music hall. Aquí desplegó Lott, e incluso su pianista en algún tema de Coward, toda la gracia y picardía que los textos requerían.
Para despedir al público que reiterada y entusiásticamente la aplaudió, dos bellas canciones de Poulenc y una graciosa aria de la Belle Helene de Offenbach.
Destacar la labor del veterano Graham Johnson al piano. Tiene una particular conexión con la diva a la que ha acompañado en numerosas ocasiones tanto en directo como en grabaciones discográficas.
En resumen, un verdadero regalo prenavideño para el escaso pero entusiasta público zaragozano.
Javier del Olivo. Mundoclasico.com, 19 de diciembre de 2006.