Todos tenemos algunos momentos en nuestras obras musicales favoritas a los que necesitamos volver de vez en cuando para profundizar en ellos. Que sentimos que cada vez que los escuchamos se renuevan, como si lo hiciéramos por primera vez. Que desnudan nuestras emociones mas ocultas y remueven lo más profundo de nuestro interior. Que nos elevan y conectan con lo inexplicable.
Uno de esos momentos para mí, es el aria "Mache dich, mein herze, rein" de la Pasión segun san Mateo de Johann Sebastian Bach (una de las arias más bellas de todos los tiempos)
http://www.youtube.com/watch?v=QF6xVtLL-l8Mache dich, mein Herze, rein
Ich will Jesum selbst begraben.
Denn er soll nunmehr in mir
Für und für
Seine süße Ruhe haben.
Welt, geh aus, laß Jesum ein!
Purifícate corazón mío.
Yo mismo quiero enterrar a Jesús.
Pues Él hallará en mi por siempre
dulce reposo.
¡Mundo, aparta, deja que Jesús entre en mí!
Una escena de belleza sobrecogedora, en la que el bajo (en este ejemplo Matti Salminen) se pone en la piel de José de Arimatea en el momento en que va a enterrar a Jesús. Un aria que en su indescriptible profundidad, desborda sentimientos contrarios. Por un lado, tristeza e indignación por la muerte de Jesús, y por otro, esperanza por la salvación que trae a la humanidad.
Una joya sublime, efectivamente. No se puede expresar mejor. Como ya dije en cierta ocasión, en muy contadas ocasiones y como ansiaban los clásicos griegos, se combinan la razón y la hermosura. Sólo me queda agradecer haberme imbuido de su magia de manos de una bella, sabia e intrépida emperatriz.