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Yo pude asistir sólo a la primera parte del concierto, a las obras de Panisello y de Eötvos, tuve que abandonar el Auditorio en el descanso por motivos familiares que no vienen al caso, y me perdí la extraordinaria Verklärte Nacht de Schöenberg. Sobre la obra de Panisello, encargo de la ONE, titulada Mandala (término de origen sanscrito que significa círculo), comenta en las notas al programa Stefano Russomanno que constituye un diagrama circular en cuyo interior se superponen y combinan diversas figuras geométricas como el punto, el triángulo, el cuadrado o el círculo, que constituye la representación simbólica del cosmos y que es utilizado en las tradiciones budista e hinduísta como soporte para la meditación. Indica Russomanno que la obra de Panisello se basa en la “imagen de un acorde estático y al mismo tiempo dotado de reflejos cambiantes”. Mandala es una obra en siete partes (siete mandala: de los cambios, de las figuras suspendidas, cromático, de la fijeza, de las figuras flotantes, de la serenidad y de los sueños). Destaca en la obra el uso de la percusión (qué buenos músicos son los jóvenes percusionistas de la ONE), y dentro de él, de un juego completo de gongs tailandeses. Indica Russomanno que el campo armónico de la obra “gira alrededor del espectro y subesprectro armónicos a través de tres de sus subsistemas: diatonismo, pentatonismo y cromatismo”, que se utilizan a lo largo de las partes que la componen. La obra, de una media hora de duración, es compleja, pero incluso para un escuchante iletrado aunque curioso como yo, resulta muy sugerente percibir la creación de texturas diferentes, de una música muy sensorial, llena de color y a la vez de sensaciones casi táctiles. No me importaría en absoluto volver a oírla.
La obra de Eötvös, titulada Seven, Memorial for the Columbia Astronauts, toma la forma de un concierto de violín con dos partes. Indica Russomanno que “el número siete, número de miembros de la tripulación fallecidos, determina la estructura musical y rítmica de la obra”. Además, la plantilla orquestal de cuarenta y nueve músicos se reparte en siete grupos, y junto al violín solista, se hallan otros seis violines dispuestos en la sala: en palabras de Eötvös “son como siete satélites o almas sonando y rondando en el espacio”. Es explícito el parentesco de esta obra con el concierto para violín de Berg “A la memoria de un ángel”, y como éste, se divide en dos movimientos y es de una dolorosa emotividad, muy conmovedora. El primer movimiento se compone de cuatro cadencias acompañadas de orquesta y dedicadas con sus nombres a los distintos astronautas, buscando además encarnar diferentes señas de identidad individual de los mismos: por ejemplo, la figura de la astronauta Kalpana Chawla, nacida en la India, se evoca en la cadencia correspondiente con una pasaje evocador de la música hindú. Dice Eövös: “El concierto para violín Seven es un muy personal monólogo y la expresión musical de mi simpatía hacia los siete astronautas que perdieron sus vidas mientras exploraban el espacio en cumplimiento de un sueño fundamental del género humano”. Una obra emotiva, digna de ser escuchada e incorporada al repertorio de cualquier orquesta y solista. Por cierto, bellísima Carolin Widdmann, y extraordinaria su ejecución del concierto. Y sobre Eötvös como director, me pareció preciso y muy atento, y de una gestualidad contenida, lejos del exhibicionismo de otros compañeros de podio. Espero que nos vuelva a visitar pronto.
Un par de apuntes subjetivos: siempre es una ocasión a tener en cuenta la presencia de un compositor en activo en una sala de conciertos, y más aún si dirige una de sus creaciones. Cuando en el ciclo de la ONE se produce esta circunstancia, y en los últimos años hemos podido disfrutar de la música y la presencia de compositores como Hans Werner Henze (qué viejecito está, me alegro poder estrechar su mano), Elliot Carter, Sofia Gubaidulina, o George Benjamin, se produce en el público un hecho constatable: el público es más escaso, sí, pero también más joven, siempre con respecto a los conciertos en los que se programa repertorio (no sé, un concierto para piano de Brahms y una sinfonía de Beethoven, por ejemplo). Si rejuvenecer las audiencias es una necesidad obligada, habrá que programar más música actual.
P. D. Lo siento, soy un negado (también) con la informática, si alguien puede enlazar a ejemplos de Seven (supongo que Mandala no habrá sido grabada todavía). Gracias
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