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T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Maravill)
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Autor:  Pp F [ 05 Nov 2025 17:51 ]
Asunto:  T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Maravill)

Por motivos profesionales andaba yo ayer por la capital del Reino, y sin comerlo ni beberlo acabé en la tribuna (extrema) del Real, gozando de estos dos bombonazos que son el Mandarín Maravilloso (ballet) y El Castillo de Barba Azul (opera peculiar).

Del MM no les comento nada, que la danza no es lo mío. Y en cuanto a lo orquestal, me remito a lo que abajo diré.

Respecto a ECdBA y sus cuestiones escénicas, poco que decir porque el sr. Loy se ha limitado a no hacer nada. Y cuando digo nada, es nada. Pero nada de nada.
Los cantantes explican, la orquesta detalla lujosamente, y escénicamente … no pasa nada de nada, salvo contorneos extremos de la dupla protagonista. Bueno, venga: me gustó el finale, con los dos protas sentados en las sillitas de playa y BA echando su chaqueta, trasunto de la nocturnidad, sobre los hombros de Juidt.
Para eso, una versión de concierto, que siempre permite ahorrar unas buenas monedas.

Afortunadamente, mi localidad sin visibilidad me permitió evadirme de la inmensa nada escénica para sumergirme en el descomunal, magnífico, sobresaliente (y podemos seguir con los sinómimos laudatorios) trabajo de la orquesta y de Gustavo Gimeno.
Echando memoria, quince años ha que no piso el Real. Y lo que recuerdo es que allí trabajaba una orquesta simplemente aseada. Lo de ayer me dejó flipao: empaste, brillantez de los solistas, dinámicas extremas resueltas con perfección.
En fin, mis más sincera enhorabuena don Gustavo.
Si tienen ocasión, no malgasten en localidades con visibilidad y acudan al TR sólo para oír tan dos magnas obras tan bien servidas

Saludos.

(PD: el bajo Fischesser, sobresaliente. Y la Herlitzius, roma en centro y graves)

Autor:  lord cacahuete [ 06 Nov 2025 10:43 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

A mí me pareció un bodrio de mucho cuidado. Luego ampliaré esta afirmación.

Autor:  don alfonso [ 06 Nov 2025 10:54 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

Recuerdo haber visto hace muchísimos años en el teatro Filarmónica de Oviedo una versión concierto del Castillo de Barba Azul con el bajo Lazslo Polgar (y si mal no recuerdo una soprano llamada precisamente Judith Nemeth). Quedé absolutamente apabullado con la música hasta el punto de quedarme sin aliento cuando en el momento en que las paredes gimen o lloran, fueron los profesores de la orquesta quienes suspiraron, en un efecto acongojante. No sé si se hace siempre así o fue idea del director de orquesta (no recuerdo quién era), pero vamos, de helar la sangre. No he podido volver a ver esta maravilla de Bela Bartok porque por Bilbao no se llevan los compositores que no acaben en -i. A ver si Calixto Beitio en el Arriaga, se anima, que es mucho su estilo.

Autor:  Gruberoviano [ 06 Nov 2025 20:47 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

Una oportunidad perdida (sobre el papel el programa era bien interesante) lastrada sobre todo por un montaje pretencioso que ni cuenta nada ni va a ningún sitio, ni se vale del simbolismo tan presente en las dos obras: quizá el peor que haya visto de Loy, y eso que he visto unos cuantos. Muy bien Gimeno en la orquesta, suficiente el bajo y ya bastante tocada la Hertlizius. Me aburrí bastante.

Autor:  Carl Tunner [ 06 Nov 2025 21:39 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

Asistí exclusivamente para homenajear a mi querida Evelyn Hertlizius que tantas noches de ópera memorables me ha dado. Estuve en la función del día 4. Hacía tiempo que no la escuchaba y la encontré muy declinante al comienzo, pero fue calentando y escuché su timbre reconocible, capaz de superar el marasmo decibélico del foso y con esa garra y personalidad escénica que la caracteriza en un papel que no se presta. La pegué un Brava! Y me fui contento.

Ningún interés más. La escena una basura y no entiendo tanto ditirambo respecto a la dirección musical del sobrevaloradísimo Gimeno. Discurso musical ruidoso, superficial, monótono y de trazo grueso donde los haya, con una orquesta ayuna del más mínimo refinamiento tímbrico y transparencia. Al igual que las arpistas de la orquesta :shock:, me tapé los oídos en un par de momentos. Parece ser que meter ruido entusiasma al personal. :?

Autor:  Gruberoviano [ 06 Nov 2025 23:30 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

P.D.: La música de Bartok, en general, después de un rato me estresa. A veces incluso mucho. Me pasa con pocos compositores tanto como con él.

Autor:  angelparsifal [ 07 Nov 2025 0:37 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

Según me van contando, parece que esta producción va a igualar a la (a mi juicio) fallida producción del señor Loy de la Lulú de Berg -que tanto critiqué en este foro, algo con lo que se me identificó y me dio mala fama-, en estatismo y aburrimiento. Mal asunto en una obra que muchos habituales del público no conocerán y podrían encontrar aburrida por culpa del montaje. Lo que es injusto, porque es una obra musicalmente interesantísima.

Ya me dolió en lo más profundo ver cómo la gente del público se iba incesantemente de la Lulú en el Real, con todo el potencial teatral y musical que tiene... espero que no pase lo mismo en esta corta ópera. El sábado lo comprobaré por mí mismo.

Por cierto, Loy está haciendo un encomiable intento de difusión de la zarzuela por Europa, con su propia compañía, llamada Los Paladines. Recientemente escenificó El Barberillo de Lavapiés en Basilea y nos hará El Gato Montés en el Teatro de la Zarzuela. Los puristas de un importante grupo de zarzuela en Facebook están ilusionados. El chasco que se podrían llevar, viendo de lo que es capaz ese señor, podría ser digno de ver.

Autor:  Curris [ 07 Nov 2025 10:23 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

Asistí al la función del domingo. De la primera parte no voy a comentar nada (le diría a quien corresponda que tengo un abono de ópera y que si me interesase el ballet, me compraría uno de ballet). Pero de la segunda parte, El castillo de Barbazul, solamente diré que me pareció una oportunidad muy desaprovechada. Con la de matices, temas y símbolos que tiene esa obra y que permitirían hacer un trabajo de altura, se nos presenta una propuesta de mercadillo barato, digna sucesora de las bolsas de basura de Miguel del Arco del año pasado. Los cantantes y la orquesta hicieron lo que pudieron, pero la sensación general fue muy pobre.

Autor:  pasaelmocho [ 07 Nov 2025 12:14 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

Programa doble durito pero interesante con la música densa y áspera de Bartók, que es muy bipolar: es tonal pero no es tonal, tiene rasgos atonales pero no es atonal, es folclórica pero no lo es, es... única. Y es tremendamente evocadora y descriptiva. Te puede estar atronando con un batiburrillo de notas y armonías a todo volumen pero lo que quiere decir ahí está plasmado.

Normalmente suelo leer los artículos de Joan Matabosch de los programas de mano, que son un "manual de instrucciones" en las que se justifica la tropelía escénica de turno (y oye, que viene muy bien a veces), pero en este caso, después de ver este programa, he pasado, porque empecé con la sinopsis argumenta y las memeces explicativas sobre estas dos obras son tales que pensé, mira, veo la función y ya me lo como yo solito.

El Mandarín Maravilloso tiene una coreografía que mezcla elementos clásicos con contemporáneos, muy descriptiva y que sigue una historia clara. Lo que no la sigue es la puesta en escena, que mete un prólogo innecesario y alarga el final en una resurrección un tanto absurda enmarcada en esa nueva narrativa que el regisseur ha impuesto. Estupendos los bailarines.

Con el Castillo de Barbazul se me llevan un poco los demonios. Tienes una música perfecta, una orquesta que responde, un bajo con un timbre precioso, una soprano que ya no está en su mejor momento pero con vozarrón y una entrega y una prestación interpretativa sobresalientes... y dejas que todo se pierda en la nada escénica. Que no estoy diciendo que me pongas siete puertas como en el concurso 1 2 3 a ver qué hay detrás de ellas pero joé, es que no hay NADA, ni un juego de luz, ni color, ni tensión entre los cantantes. Es una obra que se presta a lucirse con pocos medios escénicos pero aquí ha podido la nadería y además nos quedamos sin saber qué ocurre al final. Porque esta ve me niego a leer el programa de mano.

Autor:  zerbinetto [ 07 Nov 2025 20:17 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

Horroroso el montaje que, --yo por lo menos-- sufrí anoche en el TR. De "El mandarín maravilloso" solo puedo alabar la perfecta conjunción con la que los bailarines ejecutaron su difícil coreografía. Por lo demás, no entendí nada ni me interesó nada de lo que se pretendía contar, no sé si el tema era la violencia en las relaciones sexuales, la redención de la misma a través del amor verdadero, o qué. Una escenografía fea y desabrida que recordaba a un malecón de alguna una película de los años 40 protagonizada por Barbara Stanwyck y que supongo representaría algún lugar de bajos fondos, prostitución y gangsterismo.

Peor aún funcionaba tal decorado en la ópera, el malecón convertido ahora en castillo, donde algo parecido a una almena o a una torre del homenaje lo recordaba vagamente. El resto , piezas y cosas esparcidas por el suelo como una aleta de buceo y unas sillitas de playa de las malas.......un despropósito total. Evelyn Herlitzius es un animal escénico y casi la ú nica razón para ir a ver esto. Aún así, se las tuvo que ver y desear para hacernos creer en Judith, una especie de Elsa de Brabante revisitada, que, a pesar de que intuye que el amor --o más bien sus demonios internos-- le van a costar la vida, se entrega con fiereza a su destino. Y ello porque la dirección de escena no aporta nada ni dice nada, ni con los personajes ni con la escenografía. Aún así, es grande la Herlitzius y salió airosa de la prueba; la voz aún pega en el agudo y sus graves se escuchan bastante firmes, pero el centro queda muchas veces apagado y romo.

Christoph Fischesser tiene una buena voz de bajo con un tinte algo pétreo para mi gusto, pero lo que no tiene es la expresividad necesaria para que yo me creyese su Barbazul sin matices, con un canto plano y monótono durante toda la ópera.

Bastante tuvo Gimeno con conjuntar una música tan compleja y llena de ritmos cruzados y sonidos tremendamente expresivos y que aquello sonase mínimamente digno.

Aunque tampoco me convenció demasiado, más ruido que nueces, quizás porque aún tengo en la memoria la interpretación de la "suite" de "El mandarín" que hace pocos días pude escucharle a Petrenko y sus Berliner, comparaciones odiosas a un lado.

Autor:  Alberich el Negro [ 08 Nov 2025 0:22 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

Un auténtico estropicio el que ha llevado a cabo, en esta producción, el genio escénico de turno, al conseguir arruinar, por completo, una función que habría ganado muchísimos enteros con la adecuada puesta en escena. Christoph Loy (el genio) se ha sacado de la manga un hilo argumental más que discutible, en el que los dos espectáculos reunidos sólo tienen como nexo común, precisamente, la estupenda música de Bartók (especialmente la de El castillo de Barbazul, bastante superior, en mi opinión, a la del Mandarín maravilloso). Música, por cierto, sugeridora, antes que explícita; alusiva, antes que clarificadora; evocadora, más que expresa; que describe sensaciones y pensamientos, más que hechos, acciones, o realidades tangibles. Una música, en definitiva, llena de insinuaciones, sutilezas y espiritualidad, que se compuso para ilustrar un libreto lleno de compleja simbología (perdida por completo en la ayuna propuesta escénica de Loy), y que, en caso de presentarse escénicamente —si se da en concierto, o se escucha en disco, el espectador ya se encarga de imaginar por su cuenta—, necesita algún punto de apoyo explícito, alguna guía visual concreta pues, como ya señaló el propio Bartók, el mayor obstáculo para representar su obra se debía «a que la trama ofrece sólo el conflicto espiritual de dos personas, y la música se limita a la representación de ese círculo en la simplicidad abstracta. No sucede nada más en el escenario». De modo que, si esto no se refuerza e ilustra con algo más que cuatro objetos cutres tirados por el suelo del escenario, el empleo de una estética sórdida, feísta, más vista que el tebeo, y una dirección de actores inexistente, difícilmente se obtendrá el efecto deseado (y deseable). Loy se ha lucido, desde luego, al proponer este bodrio soez, feo ordinario e inane.

En cuanto a la parte musical, aunque más interesante, tampoco fue como para tirar cohetes, pues a la dirección de Gimeno le faltó imaginación, sutileza y una mayor capacidad para extraer de la orquesta toda la riqueza tímbrica y la complejidad sonora y formal de la partitura. Bastante bien los dos solistas en El castillo de Barbazul. Interesante y suficiente, con buena voz, el alemán Christof Fischesser como el enigmático Barbazul, asumiendo un papel que, dada su cómoda tesitura, puede ser abordado, indistintamente, por un barítono o un bajo. Le faltó, quizá, matizar más y dar a su canto ese tono misterioso, áulico y señorial (a la postre se trata de un duque) que debe caracterizar al personaje. En este caso, a uno le viene el recuerdo de Fischer-Dieskau, o Samuel Ramey, y claro... La también germana Evelyn Herlitzius —antigua soprano dramática, que ahora canta como mezzo— empezó con la voz algo tremulante y ciertas dificultades, pero fue mejorando a medida que avanzaba la función, mostrándose entregada, aunque con gestos y actitudes que me parecieron demasiado vehementes (a causa, sin duda, de la errática y fallida dirección de escena). Un problema que, por cierto, también se dio en el caso de Fischesser, pues más de una vez hizo perder el control a su personaje, golpeando lo que tenía más a mano (la pared del supuesto cutre-castillo y el suelo del escenario). ¿Pero cómo sentirse noble cantando tumbado en un colchón lleno de pulgas tirado en el suelo? En fin, Serafín...

Para terminar, me pareció absolutamente prescindible el cúmulo de empellones acrobáticos, sobeteos y arrastradas por el suelo que pudimos ver en El mandarín maravilloso, obra que, a pesar de su brutal y "neorrealista" argumento, también necesita de cierto onirismo, pues como "pantomima grotesca" que es —y más presentando un mandarín fantasmal que no se muere ni a tiros—, debe transmitir cierta irrealidad. Algo que tampoco se vio, al tratarse de la misma prosaica, feísima y pedestre ambientación propuesta para todo el espectáculo. Incomprensible, asimismo, el añadido de resucitar al mandarín. Debe de ser el erudito mensaje subliminal que Loy nos lanza para advertirnos que China será la futura regidora imperial del mundo (digo yo).

Por cierto: como ya se ha insinuado, para ver ballet existe ya un abono. Considero que a quienes pagamos por ver ópera no deberían colarnos de rondó un espectáculo de danza (por muy forzadamente que se quiera relacionar éste con el otro, a través de un hilo argumental que, como ya he señalado, es más que discutible).

Autor:  lord cacahuete [ 08 Nov 2025 12:43 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

La Gran Guerra acabó con el Imperio Austro-Húngaro, con el Imperio Alemán, con el Imperio Otomano, y acabó también con la música clásica. Alegarán ustedes, damas y caballeros, que después de 1918 siguieron en activo en Europa muchas orquestas de violines, violas y cellos. De acuerdo, subsistió la ejecución musical, pero se acabó la composición.

Eso se nota en los compositores sinfónicos de ese periodo. Dudan entre ser tonales o atonales, tienen pavor a la melodía fácil, intentan quitarse de encima las gigantescas sombras de Ludwig Van, de Wagner, de Mahler, no saben qué hacer para ser originales y a la vez atraer al público. En fin, muchos terminaron en Estados Unidos componiendo bandas sonoras para el cine y así hicieron algo útil.

Bela Bartók es de esa cuerda. Uno llega al Teatro Real y ve una orquesta descomunal, gigantesca, con un foso que se ha comido medio patio de butacas. Piensa uno que de ahí saldrá una música grande, con alma, digna heredera de la gran tradición germánica… y lo que sale es una música ruidosa, pasada de decibelios, embarullada, que al cabo de un rato ya no te sorprende ni te dice nada.

La función comenzó con un ballet sobre un mandarín maravilloso. La coreografía es del mismísimo Loy, de modo que bailar no bailan nada. Se trata de una pelea de macarras alrededor de una chica guapilla. ¿Recuerdan ustedes las peleas entre los Jets y los Sharks en West Side Story? Pues ese es el ballet del dichoso mandarín, pero sin la vibrante música de Bernstein.

Luego echaron el Castillo de Barba Azul. ¡Qué pasión la de la ópera por el feminicidio! En el cuentecillo de Perrault la joven recién casada con Barba Azul sale indemne: sus hermanos llegan a tiempo y liquidan al malvado Barba Azul antes de que él añada a la joven a su colección de esposas asesinadas.

En esta versión operística se suprime el final feliz y la joven es asesinada, uniéndose a la larga lista de heroínas que palman sobre las tablas: Norma, Violeta, Carmen, Cio Cio San, Mimí, Floria Tosca, Liu, Aida, suma y sigue. ¡Barba Azul y Jack el Destripador juntos no se cargaron a tantas señoras como los libretistas románticos!

En fin, fui a ver esta mala función realmente para escuchar a Herlitzius, una de las grandes de verdad: su referencial Elektra, su Ortrud de Dresde. Los años van pasando pero, aun así, Herlitzius sigue siendo una artista de verdad y es lo único que aplaudí.

Saludos

Autor:  Abdallo [ 08 Nov 2025 13:44 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

Mr. Peanut, he de reconocer que esta vez sus boutades me han hecho reir hasta destornillarme. Pero debo aclararle que está muy equivocado respecto al fin de la Música, así con mayúscula, tras el final de la I Guerra Mundial. Otra cosa es que no le guste Béla Bartók o (me temo) que le resulte inaccesible hasta el punto de anteponer las melodías de Lenny Bernstein a las suyas. Bueno, no se puede tener todo; así que siga usted anclado en el S.XIX.

Autor:  angelparsifal [ 10 Nov 2025 21:50 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

Este foro ha visto, con consecuencias para mi imagen forera, la afluencia de emociones que me ha producido la obra del director de escena alemán Christof Loy. Odié con toda mi alma su aburrida producción de Lulú de Alban Berg en el Real en 2009 (tenía yo 22 años), y durante años me autoproclamé el martillo de su trabajo, seguramente ridiculizándome ante todos ustedes, entre los que aún siguen, como entre los que ya no están y que algunos de ellos son muy admirados por mí. Diez años más tarde, ya en la treintena, tras ver su producción del Capriccio straussiano, evalué con otros ojos su obra, que pasó de serme odiosa, para convertirse en desigual; con buenos como malos trabajos. En 2024, el regista alemán se redimió ante mis ojos con su genial producción del Erwartung de Schönberg, que era puro teatro, y que se complementaba con el gran trabajo de la orquesta dirigida por Jérémie Rhorer y una Malin Byström en estado de gracia. Este año, el señor Loy nos trae una producción con un doble programa de Bartók, el ballet El Mandarín Maravilloso, y su conocida ópera El Castillo de Barbazul. No ha sido muy bien acogida esta producción y puedo decir que es la más aburrida que le he visto desde aquella fallida Lulú...

Función del 8 de noviembre de 2025.

Al Teatro Real le da muchas veces por hacer ciclos operísticos. Este año hay un ciclo entorno a Barbazul, y otro a Shakespeare. En lo concerniente al primero, tendremos dos clásicos de dos autores del siglo XX: El Castillo de Barbazul, en programa doble con El mandarín maravilloso, ambos de Bela Bartók, y Ariadna y Barbazul, de Paul Dukas. Este mes tenemos el programa doble en cartel. Bartók es uno de los compositores más populares del siglo XX, y uno de los que más hizo por el estudio y la difusión de la música regional centroeuropea en su tiempo. Nunca antes se ha representado esta ópera en el Teatro Real. En 2018, se vio interpretado en concierto por la Orquesta Nacional de España en el Auditorio Nacional, dirigida por David Afkham, con Elena Zhidkova y Bálint Szabó; y también en concierto ese mismo año por la Orquesta de Radio Televisión Española, bajo la batuta de Miguel Ángel Gómez-Martínez, con Vladimir Chernov y Ana Ibarra. Dada su corta duración, viene precedida en la primera parte por una coreografía del ballet pantomima "El Mandarín Maravilloso", que incluye también el primer movimiento de la Música para cuerda, percusión y celesta del mismo autor.

En esta ocasión se ha contado con una producción procedente de la Ópera de Basilea, dirigida escénicamente por Christof Loy, habitual en el Teatro Real. Este combinado de ballet y ópera viene con una producción oscura y minimalista, que ha despertado poco entusiasmo en crítica y público. El Mandarín Maravilloso es un ballet pantomima, sobre la historia de una mujer obligada por tres proxenetas a prostituirse, de la que se enamora un mandarín al que finalmente matan, y muriendo éste en brazos de su amada. En su tiempo, fue tan escandaloso en su estreno en Colonia en 1926, que el entonces alcalde Konrad Adenauer la prohibió por inmoral. En esta versión, la historia se prolonga, su amor resulta ser más fuerte que la muerte y él finalmente resucita. Tanto en esta obra como en la posterior, es un enorme vacío, presidido por una vieja cabina telefónica, un colchón viejo, ropas tiradas por el suelo, un pequeño estanque, y a la derecha, una suerte de bosque de palos de madera. La coreografía de Márton Agh parecía más bien reducida, contando la historia, pero ampliándola con una posible atracción homoerótica de los proxenetas hacia el mandarín, pero con una coreografía no muy atractiva, pareciendo más un drama coreografiado que un ballet.

En cuanto a El Castillo de Barbazul, se trata de una variación con final trágico del cuento de Perrault, pero al parecer más cercano a la leyenda original, difícil de representar debido a sus contínuos cambios de ambientación. La curiosidad de Judit por saber qué hay detrás de las siete puertas detrás del tenebroso castillo de Barbazul, la llevará a su perdición, convirtiéndola en "prima hermana" de la Elsa de Lohengrin, solo que el secreto de Barbazul es terrible, frente al sagrado secreto del héroe wagneriano. Al reto de cómo representar este cuento de hadas, la producción de Loy tiene una respuesta simple, y simplista: oscuridad. La oscuridad del castillo de Barbazul, en la que no entra luz. Pero aquí no hay llaves ni puertas (que sí aparecen en el vídeo trailer de las funciones). El decorado es el mismo de la obra anterior: ahora la cabina de teléfono parece enterrada, y sigue habiendo las mismas cosas y el colchón desparramados por el suelo. No hay llaves, no hay puertas, no hay nada que sugiera que se esté en un castillo ni lo que hay detrás de cada una de las habitaciones. Solo están los dos cantantes, vestidos de negro, como si con su interpretación quisieran dejar a la imaginación del espectador los mágicos ambientes que se describen en la música, que contrasta con el negro absoluto de lo que se ve en escena. De hecho, mientras suena la bella música de la habitación de las riquezas de Barbazul, vemos cómo este le coloca su chaqueta a Judith y la abraza tiernamente, y nada más. ¿Querrá la producción hacernos pensar que las estancias del castillo son en realidad los traumas y experiencias pasadas de los personajes? Al final, ante la atenta mirada del narrador del prólogo, Judit se sienta mirando al horizonte, mientras que el escenario se oscurece y Barbazul se adentra en la trampilla donde en la obra anterior estuvo el estanque.

Desde esta temporada, el maestro Gustavo Gimeno será el director musical del Teatro Real. El maestro valenciano se pone al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, para realizar un buen trabajo, aunque se puede advertir alguna estridencia en clarinetes y flautas en el Barbazul. La música de Bartók es opulenta y tiene una rica orquestación, además de que ambas obras tienen momentos impactantes, como el violín y la celesta en la mágica escena de la tercera puerta en el Barbazul o la poderosa música que evoca sus dominios en la escena de la quinta puerta. Pese a las mencionadas limitaciones, la orquesta cumplió notablemente.

Pocas veces en España ha cantado Evelyn Herlitzius, soprano alemana conocida por sus grandes interpretaciones wagnerianas, celebradas por su arrojo escénico y su volumen vocal, más que por la belleza de su voz. En Barcelona cantó en La Valquiria en 2008 y Elektra en 2016, siendo esta su última vez ya que no pudo cantar en el Lohengrin del Liceu previsto para 2020 (finalmente estrenado en marzo de este año), debido a la pandemia del Covid-19 que cerró el teatro. En Sevilla cantó Tristán e Isolda en 2009 y el breve rol de Venus en Tannhäuser en 2007 en Canarias, año en que también cantó la ópera Oberto, de Verdi, en Bilbao. Sin embargo, este es su debut en la capital, la cual parece habérsele resistido. A sus 63 años, Herlitzius mantiene intacto su magnetismo en escena, es una intérprete que se mete al cien por cien en los roles de heroínas fuertes que interpreta. Aunque vocalmente esté ya madura, y que puede haber perdido algo de volumen debido al repertorio asumido en su carrera (roles como Elektra, donde es referencial, Brunilda o Isolda), la señora mantiene el tipo. Aún tiene algún agudo potente e impresionante, el grave es igualmente apreciable y encaja en el perfil atormentado del personaje, y el centro aún se parece mucho al de sus días de gloria. Además en cada frase se siente la fragilidad y la curiosidad peligrosa del personaje, en una entrega total al drama. De hecho me preguntaba si aún seguiría sonando igual que en grabaciones. Solo por verla, ya era una cita ineludible esta producción. Una pena que no haya venido antes.

A su lado, el bajo Christoph Fischesser, al que se ha visto antes en este escenario en Capriccio y en la Flauta Mágica, fue también un Barbazul bien cantado, con un timbre agradable.

Poco puedo añadir, dada mi ignorancia sobre el tema, y que la mayoría de lo que pasaba sucedía en la esquina del escenario que no veía, sobre el conjunto de bailarines de la primera parte, salvo que sus bellos cuerpos trataban de contar la historia, dentro de lo que les permitía la reducida coreografía. Tampoco puedo decir mucho sobre las introducciones en húngaro recitadas por el actor holandés Nicolas Franciscus, salvo agradecer que en el Barbazul se ofrezca la obra en su integridad.

No diría que esta ocasión el señor Loy haya conquistado al público ni que este sea el mejor de sus trabajos, ya que el ambiente no casaba con la bella, descriptiva música; convirtiendo en aburrido algo que debería ser sugerente y mágico. Más aún en El Castillo de Barbazul, donde la falta de ambientación era aún más lacerante, lo que invitaba a reflexionar si no era más honesta una versión en concierto. Pese a todo, hubo ovaciones generosas a los dos cantantes, así como al cuerpo de ballet. Aun así, esta era una oportunidad única para ver representada en Madrid la genial obra escénica de Bela Bartók. Ojalá volviera con un montaje mejor.

PD: durante la pausa, hablé con un exforero muy estimado, al cual le dije que cómo me hubiera gustado que algunos con los que tuve debates sobre la Lulú de Loy, como el gran maestro Siddharta, mi amiga Carestini o el regista Villalobos estuvieran para intercambiar impresiones sobre este trabajo, y recordar con una sonrisa los viejos tiempos en los que yo era el azote oficial de tan fea Lulú... :lol:

Autor:  Gruberoviano [ 10 Nov 2025 22:17 ]
Asunto:  Re: T Real Bartok Castillo de Barba Azul (y Mandarín Marav

Pocas veces he visto, aquí y en otros lugares, tanto (pero tanto) consenso para mal en torno a una representación de ópera. No parece que nos haya gustado a ningunE, siendo quizás mi querido amigo angelparsifal el más complaciente, pero también él con reservas. Tremendo patinazo se ha dado el Real con esto, y eso que sobre el papel era apetecible.

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