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La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio 2025
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Autor:  Mandryka [ 25 Jul 2025 13:07 ]
Asunto:  La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio 2025

La mujer silenciosa straussiana. Parte 1ª.


Lo divido en dos partes por distintas razones:

• Esta vez me he preparado la obra a conciencia: he leído cartas de las 130 que se intercambiaron Zweig y Strauss mientras concebían la obra, he leído opiniones de Thielemann, he buscado estudios musicales de la obra, etc.. y me he enrollado de tal manera en la introducción de la obra que casi la he convertido en infumable.
• Me ha consumido tanto tiempo, que aún no tengo escrita, aunque si pensada, la descripción de la función vista.
• Las vacaciones de verano se acercan peligrosamente y en cuanto me vaya, me voy.


Ahí va la 1ª parte


Escribió Richard Strauss: "Tras la muerte del fiel y brillante Hugo von Hofmannsthal, tuve que admitir con resignación que mi producción operística había terminado... Hofmannsthal fue el único poeta que, además de fuerza poética y talento escénico, poseía la empatía necesaria para ofrecer a un compositor óperas musicalizadas; en resumen, para escribir un libreto apto para la escena, de notable valor literario y, no menos importante, que se prestase a la música. Me incliné por los mejores poetas alemanes, incluso por D'Annunzio, y entré en negociaciones con ellos, pero en cincuenta años solo encontré al maravilloso Hofmannsthal. No solo poseía inventiva para la música; dotado de intuición, tenía una perspicacia verdaderamente prodigiosa para responder a mis necesidades”.


Tras la muerte del enorme Hugo von Hofmannsthal, Richard Strauss no pudo buscar un libretista mejor que el Stefan Zweig, extraordinario ensayista, novelista, traductor, biógrafo y con él concebir la deliciosa Mujer silenciosa. Stefan Zweig escribió el libreto de "Die schweigsame Frau" basado en una comedia de Ben Jonson (contemporáneo de Shakespeare). El resultado es un texto lingüísticamente excepcional, notable y, al mismo tiempo, humorístico, lleno de personajes interesantes, ágil e ingenioso, pero también de reflexivo y serio. Para Christian Thielemann, en su primer estreno como director titular de la Staatsoper, el libreto es uno de los mejores textos de una ópera de Strauss, y la música está a la altura de sus obras más destacadas y más frecuentemente interpretadas


La ópera es magistral. No puedo entender porque casi no se representa. De hecho, es su estreno en la Staatsoper berlinesa y es que en Berlín sólo se ha interpretado dos veces antes, en la Komische Oper ambas, en 1954 y 1991.

Para deshacer el error, Christian Thielemann, quien casi con esta obra accede al cargo de director musical de la Staatsoper (aunque oficialmente sustituyó a Daniel Barenboim ya hace mucho), la estrena, siendo así parte de su tarjeta de presentación. Siempre le han interesado las óperas estrenadas en la Semperoper, de dónde viene, y no podía dejar de estrenarla en la Staatsoper. Por otro lado, arranca la próxima temporada, su primera temporada, con un anillo completo del que hace mucho que ya no quedan entradas. Aquí estoy yo, anuncia.


Christian Thielemann piensa profundizar en la larga y rica tradición straussiana de la Staatsoper Unter den Linden. Con la Staatskapelle de Berlín, todos los Orchesterlieder de Strauss se incluirán en la programación de los próximos años. Le parece que la Staatskapelle es especialmente buena interpretando la música de Strauss. Piensa que Berlín, junto con Dresde, Múnich y Viena, es una ciudad straussiana y remarca que el propio Strauss, como Director General Musical de la Staatsoper, dirigió más de 1200 representaciones.



La schweigsame Frau se estrenó en 1935; Hitler y Goebbels se negaron a asistir porque Stefan Zweig era judío y Strauss había restaurado su nombre en el programa después de que los nazis insistieran en que se eliminara. Fue un gran éxito, pero fue retirada después de tres funciones y no se volvió a representar hasta 1946. Zweig que ya había huido del nazismo, acabó en Petrópolis, agasajado por el gobierno brasileño pero su pesimismo le llevó al suicidio, con su mujer, tras en convencimiento de que el III Reich conquistaría el mundo. Tristes muertes las de los mejores libretistas de Strauss.


La ópera es una comedia, y a pesar de su amplia banda sonora, nunca resulta abrumadora. Salvo por ser más humana y tierna, la trama es casi idéntica a la del Don Pasquale de Donizetti: un anciano es engañado por su sobrino y su amigo (un barbero, en este caso) para que se "case" con una joven que cree tranquila (la "mujer silenciosa" del título), que en realidad está casada con su sobrino; ella inmediatamente se vuelve ruidosa y difícil; se "divorcian", y todos son felices. Fácil.


La música es puro Strauss, abrumador en la orquestación puede ser camerística a pesar de la enorme orquesta que requiere, con un lirismo apabullante y un cuidado exquisito de las voces a las que nunca tapa. Para medir el magisterio que consiguieron la dupla Zweig/Strauss no hay más que revisar el segundo acto, espléndido de principio a fin. Desde el casting inicial, siguiendo por el monólogo de Timidia/Aminta y su dúo con Morosus, la boda con música antigua inglesa, shakespiriana, de la época de Jonson, el espléndido sexteto nupcial (Wünderbar), en el que la maestría contrapuntística de Strauss emerge una vez más. el coro canalla siguiente, los gritos de Timidia cuando deja de ser silenciosa hasta el dúo de amor final con un cierre tan straussiano como el de un bajo cantando notas abisales.


La ópera lo tiene todo: crescendos casi rossinianos, magníficos dúos, finos enfrentamientos y auténticas melodías. Roza la perfección. Para Thielemann es una obra particularmente avanzada con una armonía sofisticada y timbres distintivos. Una pieza muy "moderna" en la que Strauss experimentó en parte con la tonalidad libre, que recuerda a la música de Schoenberg y Berg cuando se encontraban en esta fase estilística. También encuentra analogías con Elektra, por ejemplo, en la famosa escena de Clitemnestra, en la que las relaciones tonales fijas se disuelven en gran medida. En su opinión, La mujer silenciosa es la obra más avanzada compositivamente de Strauss.


Strauss, en conversaciones con Zweig, le reconoció, con una clarividencia casi aterradora, que sabía perfectamente que un músico de setenta años ya no posee la energía original de la inspiración. Ya no podría componer obras sinfónicas como "Till Eulenspiegel" o "Muerte y transfiguración", ya que la música pura requiere una máxima frescura creativa.
Que se sentía capaz de ilustrar dramáticamente una sustancia preexistente, porque los temas musicales se desarrollaban espontáneamente en él a partir de situaciones y palabras: por eso, en sus últimos años, se había dedicado exclusivamente a la ópera. Decía que la ópera era una forma de arte superada, que Wagner era una cima tal que nadie podía superar. «Pero me las arreglé para rodearlo. No puedo pensar en melodías tan largas como las de Mozart. Solo se me ocurren temas cortos, pero lo que puedo hacer es girar y parafrasear un tema, extrayendo todo lo que contiene, y creo que nadie me supera en esto hoy en día».

Es cierto que en Strauss casi nunca se encuentran melodías que vayan más allá de un par de compases; ¡pero con qué perfección y plenitud se elaboran y explotan esos pocos compases, como en el vals del Caballero de la Rosa! No le interesaba demasiado saber cuánto significaban los demás en comparación con él, y menos aún cómo lo juzgaban. Lo que le llenaba de alegría era la obra misma.

Dramáticamente, la ópera parecía demasiado larga, y el propio Zweig señaló, inmediatamente después del estreno, que su excesiva duración era perjudicial: "Es demasiado larga y desquiciadamente difícil, justo lo contrario de lo que había soñado: no es una ópera ligera, sino que está cargada de refinamientos y resulta casi opresiva en su riqueza".

Basándose en estas consideraciones, Böhm, al reestrenar la ópera en 1959 en Salzburgo, realizó algunos recortes, y Die schweigsame Frau se consolidó en una versión abreviada.

Autor:  tucker [ 25 Jul 2025 19:39 ]
Asunto:  Re: La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio

Sr. Mandryka, nos deja con “ canguelis. “, esperando la 2a parte. Espero la detalle antes de irse de merecidas vacaciones. :lol:
Solamente con esta primera parte, la obra, la programación , los objetivos de Thielemann, digna de una merecida ovación por el trabajo que Ud, se ha tomado! :aplauso: :rolling:

Strauss y la gran parte de sus óperas, no sólo las operísticas, son de un genio musical. Y si Thielemann sigue con sus proyectos straussianos por la Staatsoper, preveo escapada a Berlín más que probablemente.
Por lo leido en la web de la Staatsoper, programado para mayo 2026.

Autor:  tucker [ 26 Jul 2025 10:12 ]
Asunto:  Re: La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio

Mirando ya posible viajecito para mayo 26, combinación de esta Mujer Silenciosa concertada por Thielemann, con un Concierto K. Petrenko / G. Capuçon en la Philarmonie, en días consecutivos.
Apetece!

Autor:  Oasis [ 26 Jul 2025 11:28 ]
Asunto:  Re: La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio

Herr Mandrika, ¡¡¡qué principio, por Dios!!!, colócanos la segunda parte antes de su partida de merecidas vacaciones, nos tienes en ascuas. Como siempre, INSUPERABLE.

Autor:  RADAMES [ 26 Jul 2025 13:56 ]
Asunto:  Re: La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio

Grande Mandryka, muy grande!! Me deja usted mordiéndome las uñas hasta que publique la segunda parte de la crónica, así que le ruego por mi salud que no se demore en demasía. Por cierto, esta obra es una buena muestra de que hay muchísimo repertorio para ofrecer en lugar de ser a veces tan repetitivos… Dele una vuelta Sr. Iglesias.

Autor:  Mandryka [ 27 Jul 2025 8:55 ]
Asunto:  Re: La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio

La mujer silenciosa straussiana. Parte 2ª.



La suerte, la gracia y, por qué no, la intención, hicieron que, “por casualidad” me encontrase yo en Berlín y pudiera disfrutar de esta rareza imprescindible. Me perdí, el año pasado, imperdonablemente el Intermezzo de la Deutsche, y me hice el firme propósito de que no volviera a ocurrir.


Me senté en una función con todo vendido, segundo sold out consecutivo, rodeado de japoneses por todas partes menos por una, llamada istmo, que era una señora indignada porque en la Staatsoper la barrera entre espectadores y orquesta es altísima y no veía a Thielemann. Es curioso y gracioso que los japoneses, siempre respetuosos y educados, no sólo tienen un índice de grasa corporal muy inferior al nuestro, sino que no entienden muy bien la numeración arábiga, ya que prácticamente ninguno estaba sentado en la localidad que le correspondía con su entrada, teniendo que ser reubicados, amablemente, por los acomodadores.


Grandiosa la Staatskapelle, grandioso Thielemann. Una gran orquesta con un excelso director sólo pueden producir experiencias inolvidables. Desde su obertura inicial, una breve y brillante pieza sinfónica titulada Potpurrí hasta el finale, maravilloso el, con Morosus bajando hasta el subsuelo del pentagrama, como el Barón Ochs en el caballero de la rosa, todo fue extraordinario. Thielemann consiguió un sinfín de colores y matices inabarcables en lo auditivo y maravillosos en lo sensorial. Una sofisticada relación palabra-tono que adopta infinitas formas, integrada en un escenario orquestal transparente, cristalino y multicolor.


Es una obra de enorme maestría y complejidad. Thielemann siempre mantuvo la transparencia en el entrelazamiento de las voces, con sutiles gradaciones y matices. Muy consciente de que La Mujer Silenciosa era una pieza "difícil", que requería la máxima precisión rítmica y un meticuloso apego a la dinámica, por no mencionar la compleja coordinación de la orquesta en el foso con el conjunto en escena. Su control de los tempos, incluidos silencios, y de las dinámicas, aumentó la emoción percibida. Prestó especial atención a los pasajes melodramáticos, cuando los cantantes se dirigen al sonido de la orquesta, sin esconderse tras nubes de sonido, ya que todo fue abierto. Strauss exige mucho de todos los involucrados.


La puesta en escena de Jan Philipp Gloger, muy pensada, adecuada y trabajada. Divertida y exigente en la dirección de actores, en la que todos, menos Maqungo, que es torpón, consiguieron una gran interpretación.


El escenario es un opulento apartamento en el oeste de Berlín, con habitaciones amuebladas con realismo, un refugio para una persona mayor sensible al ruido. Sir Morosus, que cuenta con 64 años, curiosamente la edad del intérprete, Peter Rose, vive envuelto en comodidad, pero también en una terrible soledad. El resto de los personajes, tienen enormes problemas para conseguir una vivienda digna, con precios de alquiler de 2000 euros/mes para 33 metros cuadrados, realidad berlinesa presentada con proyecciones en la obertura. El mundo exterior irrumpe repetidamente en este refugio en forma de personas ajenas al entorno con sus propios deseos y esperanzas. Temas actuales que juegan un papel importante, enmarcados en una historia atemporal, en una trama cómica con múltiples giros inesperados, y todo esto cobra vida a través de un elenco de personajes que bien podríamos encontrar en la vida cotidiana. El final feliz no sólo tiene que ver con el fin de su pesadilla con Aminta, sino con el fin, también de su soledad al acoger al resto de los personajes de la obra en su casa.

Todo muy bien planteado y ejecutado.


Peter Rose, como Sir Morosus, no es el Kurt Moll de la extraordinaria versión de Sawallisch. Compone con brillantez interpretativa el buenazo personaje que solo busca tranquilidad, es colorido y fanfarrón sin recurrir jamás a la exageración bufa y dotándolo de humanidad. Su registro debe abarcar desde el fa sostenido agudo al re bemol grave requeridos y ahí, como que no. Rose, está bien, sin exagerar, y es una pena que se desdibuja en los graves profundos tan bellos del final del segundo y del final del tercer acto, dónde no es capaz de mantener el timbre, la estabilidad y el volumen. Está bien como actor, y tanto su edad como su físico, son muy adecuados. Su voz, que nunca ha sido fantástica, evidencia el desgaste del tiempo y sufrimos con él en los agudos y en los muy graves.


El sobrino Henry es Siyabonga Maqungo, un tenor de bonita voz que canta con fuerza. El joven sudafricano, miembro del ensemble de Unter den Linden, crea un personaje colorido y vívido. Fue la mejor voz de la noche cuyo resplandor demuestra que Strauss no solo les daba a los tenores papeles ingratos. Gracias a su dulzura en todos los registros, su Henry Morosus le da un toque especial al cariñoso esposo de Aminta. Soso en lo interpretativo y necesitado de Munjaro, porque con lo joven que es está demasiado orondo, es especialmente agradable en el segundo acto en el que Maqungo consigue una cuidadosa y hermosa elevación de los tonos con un sonido brillante.


Aminta/ Timidia es la norteamericana Brenda Rae. Excelente actriz, de la mejor escuela norteamericana, primero cautiva y luego aterroriza a Morosus. Su voz es, siendo ligera, algo oscura, con un velo permanente. Habitual Zerbinetta, une a la rareza straussiana de la mujer silenciosa, el haber interpretado también Aithra en Die agyptische Helena , cosa que no puede decir cualquiera. Siguiendo en Strauss también ha cantado el rol de Zdenka en Arabella. Rae logra la transformación dentro del rol: como la tímida novia, canta sus pasajes más líricos y es dónde mejor está. Como la ruidosa y diabólica esposa, cambia rápidamente de timbre vocal, acentuando las brutales notas agudas, pero esto siempre se produce a expensas de la mitad inferior de su voz.


Samuel Hasselhorn, como el barbero Schneidebart que, en realidad, en esta producción, es un fisioterapeuta, impresiona también en su actuación, muy exigente y cataliza todo lo que va ocurriendo argumentalmente. Voz de potente barítono, capaz de coloraturas, y cambia de forma fluida entre los registros hablados y cantados sin que estos se distancien especialmente entre sí, e ilustra el quid de la cuestión con su canto, con un esfuerzo físico descomunal.


Iris Vermillion es el ama de llaves Theodosia Zimmerlein. Me costó escucharla. Como todo el teatro estaba lleno de cámaros y cámaras, espero y supongo que habrá grabación en CD/DVD. Si es así, por fin la escucharé.


La compañía teatral de amiguetes de Henry Morosus está formada por chavales de su centro de perfeccionamiento Plácido Domingo (el de la Staatsoper), que aquí se llama Internationales Opernstudio y ha sido cantera de grandes intérpretes. La verdad es que están todos a gran altura, sobre todo ellas, con buenas voces y estupendas interpretaciones. Son: Isotta (Serafina Starke) con ágil voz de soprano, Carlotta (Rebecka Wallroth), quien usa su voz de mezzosoprano para crear efectos cómicos de forma y manera convincente, Vanuzzi (Manuel Winckhler), Morbio (Dionysios Avgerinos) y Farfallo (Friedrich Hamel).



Al final, Morosus, al darse cuenta de la imposibilidad de separarse de su esposa, se muestra tan abatido como el larguísimo si bemol grave que sostienen los contrabajos, la tuba, los trombones y el contrafagot; es precisamente de este si bemol de donde se origina el previamente vacilante tema para clarinete del finale, en el que Henry revela la broma que le gasta a Moroso, quien, lejos de ofenderse, estalla en carcajadas.


«Qué hermosa es la música», comienza el viejo Morosus, burlándose y reconciliado, en su reflexión final, hablando con el corazón al encantado público del estreno en Berlín. Y sigue: «Pero qué hermosa es cuando termina». Es difícil discrepar en referencia a la conmovedora y colorida partitura de Richard Strauss, que uno disfrutaría de nuevo en esta brillante producción.

Y luego continúa: «Que hermosa es la vida», «pero solamente cuando uno no es tonto y sabe vivirla»

Y termina: «Ah, me siento indescriptiblemente bien»

Y tres veces repite, «Sólo silencio».

Fin.

Autor:  tucker [ 27 Jul 2025 9:16 ]
Asunto:  Re: La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio

De nuevo, excelente 2a parte, Sr. Mandryka. :aplauso:

Añadir que la Aminta, próxima temporada en la Staatsoper ( mayo 26 ), será nuestra Serena Sáenz, muy habitual de los teatros berlineses.

Autor:  Oasis [ 27 Jul 2025 11:48 ]
Asunto:  Re: La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio

Por fin, la segunda parte. Señor Mandrika, es uste increíble, es un inmenso placer leer sus extraordinarias crónicas. Felices vacaciones.

Autor:  Tip [ 29 Jul 2025 18:56 ]
Asunto:  Re: La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio

Ha tenido que escribir la segunda parte porque si no la Moderación no le aprobaba las vacaciones.

Autor:  Abdallo [ 29 Jul 2025 19:13 ]
Asunto:  Re: La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio

Una pregunta quisquillosa: ¿Es la Mujer silenciosa o es la Mujer sin habla? Porque para mí la diferencia es fundamental: una cosa es que la mujer no pueda hablar y otra que, pudiendo hablar, quiera mantenerse en silencio. Aparte de que los términos "mujer" y "silenciosa" no es que constituyan una paradoja (que también), sino que son un oxímoron de proporciones bíblicas (dedicado a mi querida Despinetta).

Autor:  Carl Tunner [ 07 Ago 2025 16:34 ]
Asunto:  Re: La mujer silenciosa. Staatsoper Unter den Linden. Julio

Sigo aprovechando la playita para disfrutar de buenas lecturas y, entre ellas, cómo no, las reseñas del Sr. Mandryka. :aplauso:

Tuve la oportunidad de ver La mujer silenciosa de Richard Strauss hace 25 años en Viena con Natalie Dessay y Kurt Rydl. Dirigió el muy veterano Ernst Märzendorfer. Disfruté mucho está deliciosa ópera. Creo que veré esta nueva producción en Berlín en 2026 con Serena Sáenz como Aminta, pues me encaja en alguna de mis combinaciones.

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