|
Por fin, llega al Teatro Real la esperada versión escenificada de Roberto Devereux, después de unas memorables versiones en concierto hace dos años con la gran Edita Gruberova. Fue el año 2013 un año de fiesta vocal para el sector belcantista puesto que tanto Gruberova como Devia nos regalaron a los madrileños dos versiones en concierto de la escena final de esta ópera, y ambas para el recuerdo.
Inaugura esta temporada el Real con esta producción traída de la ópera de Cardiff, que además hizo giras por el Reino Unido. Y con un reparto de lujo ¡Y qué lujo!
Mariella Devia es una de las dos grandes belcantistas de la actualidad. Ella es el reclamo principal de estas funciones, la más esperada. A sus 66 años es también por edad intérprete ideal del personaje. Su voz mezcla agilidad con pasión, oscuridad y emoción teatral. No obstante tengo que advertir que quizá por tratarse del estreno y comparada con ella misma hace dos años o en grabaciones piratas, ha tardado en calentar o aún el gran nivel al que nos tiene malacostumbrados está por llegar en las próximas funciones. Su entrada en el primer acto fue muy bonita, pero tanto en el aria como en la cabaletta no estaba al supernivel habitual aun cuando está la técnica presente: los impresionantes agudos por ejemplo. Ya empezó a despuntar en el dúo con Devereux, y en el terrible segundo acto, donde cantó con autoridad (en esas terribles líneas "Antes de ofender a quien nació de Enrique VIII, deberías haber descendido vivo al sepulcro ¡oh Traidor!") a la vez que con emoción (como en el dúo con Nottingham), y pasión en el concertante final.
Pero como lo mejor de Elisabetta (al menos en mi opinión) es el final de la obra, es aquí donde la diva debe dejarse la piel y dejar a los espectadores con un gran estremecimiento. Fue el caso : el principio "E Sara!" fue interpretado de manera muy íntima y además emocionante tanto musical como dramáticamente. "Io sono donna alfine!", fue uno de los momentos más tremendos de este recitativo. La bellísima "Vivi, ingrato" la cantó de manera muy bella y con un dominio de las notas en piano, porque estando uno en lo más alto del Paraíso podía escuchar el pianissimo de la diva por encima de la orquesta, algo que no todas logran y menos que se aprecie a tales alturas.
Claro está, el "Quel sangue versato" fue el momento más emocionante. Ese final que musicalmente consigue una tensión parecida a la wagneriana por medio de las cuerdas, con esas aterradores líneas. Aquí Devia sacó ese volumen trágico y potente que caracteriza a su voz, o que al menos siempre he percibido tanto en vivo como en vídeos y audios: agudos potentes, entonación dramatica... pero lo que siempre me ha emocionado de sus versiones es cuando canta la terrible frase "Quel palco di sangue rosseggia". En la última palabra da una entonación aguda que naturalmente no existe, pero queda estupenda en el contexto del aria. Pero al final de la misma no da el sobreagudo espectacular (y como todos sabemos más tradicional que estrictamente musical) que la caracteriza. No sé si por ser el estreno o por su extrema dificultad (en su grabación pirata de Nueva York el año pasado, asequible en YouTube) ya que no hay que olvidar que han pasado ya dos años desde los conciertos de Madrid y cuatro desde su debut del papel en Marsella.
Y con todo, uno no puede dejar de apreciar (incluso si no se está inspirado) que estamos ante la interpretación de un animal vocal y escénico. Al final de la función recibió un cálido aplauso del público y casi un pandemonium cuando salió sola a saludar. Hay que verla cuantas veces se pueda, porque quien sabe si no quedan muchas producciones escénicas con el sello de esta gran artista. Y no es imposible que su nivel suba conforme pasen las funciones.
Para un servidor la gran sorpresa de la noche fue la voz de Gregory Kunde. De lejos es la voz más potente y rompedora del reparto. Ya desde su entrada en escena con un tremebundo "Donna Reale!" que me trasladó a otra dimensión supuse que estaba ante el buen cantante que muchos de esta casa y algunos amigos me habían adelantado. Los agudos son tremendos, unos verdaderos pelotazos porque incluso en las plantas superiores le vibran a uno en los oídos. Así en los dúos con Sara dejaba claro que le noche iba a ser suya. Así las cosas, imaginaba que en su escena final iba a ocurrir algo maravilloso. Cantó de manera bellísima y heroica (pero esto es algo que percibo en su voz siempre) toda la escena, tanto en la hermosa "Come uno spirto angelico" como al final; soltando un impactante agudo que llegó hasta mi zona.
Silvia Tro Santafé fue una buena Sara. La voz es bellísima aunque no tiene el timbre contraltado de una Ganassi, pero cumplió sobradamente todas sus intervenciones y en el dúo del segundo acto con Devereux y en el tercero con su esposo soltaba unos agudos que sonaban hasta más sopraniles que los de la propia Devia. Curioso, cuanto menos.
Marco Caria también cantó de manera cumplidora y con voz aseada el papel del despechado Nottingham. Ojalá vaya a más porque podría convertirse cuanto menos en un digno intérprete. No un vozarrón tipo Ódena, pero que al menos no moleste. Y eso es mucho considerando la habitual nómina de barítonos de ópera italiana.
Menos relevantes pero no molestas fueron las actuaciones del resto de secundarios y del coro.
Bruno Campanella demostró una mayor habilidad en la dirección musical que el año pasado en la Fille. En general fue bueno el nivel de la orquesta, empezando de manera tierna el motivo del himno inglés en la obertura, pero cuando tuvo que pasar al más ágil motivo de Devereux hizo el mismo tipo de cambio brusco de lento a rapidísimo que empañó un poco el nivel. Durante el resto de la obra acompañó muy bien a los solistas. Pero es que en esta obra ellos son el centro de atención.
En la función del estreno asistieron los Reyes de España. A su entrada la orquesta entonó el himno nacional tras el cual sonó la obertura de esta obra. Tras esta amplia introducción orquestal (y el oportuno oscurecimiento de la sala tras el himno) se abrió el telón para dar paso a la puesta en escena de Alessandro Talevi, la cual encontré más funcional que poseedora de personalidad.
Se trata de una ambientación más bien oscura, con unas enormes cristaleras. Al principio el negro es el color dominante, tanto en el vestuario de Sara como en el coro y como en los personajes masculinos que lo combinaban con el cuero. La nota de contaste es el rojo de la reina Isabel, y esa pretendida caracterización de mujer fatal y dominante (y de reina terrible) parece mostrarse en el color rojo de su llamativo vestido, y su maquillaje corporal blanco con ese enorme pelucón naranja. El segundo acto es lo más llamativo ya que se abre el telón con la cristalera iluminada de rojo y la enorme sombra de Isabel proyectada, como al acecho del coro que murmura el ambiente de futuras desgracias. También en el primer dúo de la pareja protagonista vemos cómo hay manos que -entendemos de los ejecutados del reino- se levantan en gesto desesperado ¿quizá como presagio, porque Devereux se unirá a ellas con su muerte? En la gran escena del acto segundo aparece la mencionada araña, el trono desde el cual Isabel pronuncia las sentencias de muerte y que se mueve por todo el escenario para terror del coro y del propio Devereux que huye despavorido de la furia de la reina-araña. Esa misma araña que aparece en la escena final presentando a una Elisabetta desaliñada y agotada.
Un gran comienzo de temporada, teniendo en cuenta la floja experiencia de inauguraciones pasadas. Pero siento que puede ir a más y de nuevo expreso mi deseo por una subida del nivel en las funciones, que pase de excelente a legendario. De momento ya puede decirse que hemos tenido suerte de ver (y seguir viendo) las dos últimas grandes creaciones de este rol.
_________________ O Wort, du Wort, das mir fehlt!
https://emocionesliricas.blogspot.com.es/
|