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Ópera en cuatro actos de Puccini. Producción del Teatro Regio de Turín. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Dirección musical: Pedro Halffter. Dirección de escena e iluminación: Didier Flamand. Reposición de la puesta en escena: Jeoffrey Bourdenet. Director del coro: Iñigo Sampil. Vestuario: Christian Gasc. Principales intérpretes: Ainhoa Arteta (Manon Lescaut), Vittorio Vitelli (Lescaut), Walter Fraccaro (Renato Des Grieux), Stefano Palatchi (Geronte de Ravoir), Andrés Veramendi, Alberto Arrabal, Manuel de Diego, Alexandra Rivas, Jorge de la Rosa. Lugar y fecha: Teatro de la Maestranza, 3 de diciembre de 2013. Aforo: Lleno.
En una decisión difícil de comprender para un teatro que tiene tanto repertorio sin programar, el Maestranza ha optado esta temporada por repetir hasta tres de los cuatro títulos del abono lírico. Creo que si se opta por volver sobre una ópera ya programada debería ser para presentar un enfoque diferente del mismo o para superar en calidad al elenco vocal. Ninguna de las dos cuestiones se han concertado en esta ocasión.
La producción turinesa, más allá del aspecto vistoso inicial, apenas si muestra interés desde un punto de vista escénico y teatral, con detalles burdos como colocar en el apartamento de Manon una enorme cama para que luego los amantes se revuelquen por los suelos. O diseñar una escena del tercer acto que más parecía la del balcón de Romeo y Julieta. O alabar el cabello rubio de una de las deportadas que luego era de color. Y además los cambios de escena (a pesar de lo que se vendió cuando se emprendió la muy costosa ampliación del escenario maestrante) fueron de una duración poco comprensible, especialmente el último. Sólo el rico y vistoso vestuario salvaba los muebles de la parte escénica.
Pedro Halffter volvió a incurrir en su defecto primordial como director de foso, que es no saber calibrar y equilibrar las dinámicas entre la escena y la orquesta. Cuando, como en esta ocasión, no se cuenta con voces capaces de pasar el foso y cuando se tiene ante sí una partitura que constantemente está doblando con la orquesta a las voces, hay que ajustar al máximo las dinámicas orquestales para no tapar a los cantantes, que es lo que ocurrió a todo lo largo de la ópera salvo en el último acto. Faltó también tensión en un momento tan dramático como el del reencuentro entre los amantes del segundo acto. Sólo se salvó el preludio del tercer acto, fraseado con abundante rubato y perfecta sensibilidad.
Sólo Arteta cumplió con nota su cometido. A pesar del vibrato en el agudo y del excesivo entubamiento en el centro, su fraseo fue muy dramático y la voz corrió por la sala. Su "Sola perduta, abbandonata" fue más contenida de lo que me temía y por ello resultó de gran eficacia, con interesante uso de los reguladores y de la media voz. Frente a ella, todo un atentado contra las normas elementales del canto en la persona de un Fraccaro de voz descubierta, fraseo rudo, abuso de portamentos y obsesión por cantar siempre en forte. Sólo en el último acto, el más íntimo de todos, pareció encontrar unaemisión algo más liberada y saber plegar la voz a la situación dramática. Gris, plano y sin proyección Vitelli, junto a un lastimoso y tremolante Palatchi. Como en otras ocasiones, fueron mejores los secundarios, sobre todo Veramendi, Rivas y de Diego. Orquesta y coro estuvieron a su altura habitual, con especial mención para las señoras, algunas de las cuales acompañaron con enorme calidad la escena del madrigal del segundo acto.
_________________ Io non sono che un critico (Jago en "Otello")
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