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A priori, lo más interesante de estas representaciones eran el debut como Manon de la excelente Eva-Maria Westbroeck y el debut bruselense de un joven tenor americano Brandon Jovanovich, ganador del Concurso Richard Tucker en 2007, a quien nunca había visto en vivo.
La primera en la frente. Anunciaron por megafonía que Jovanovich tenía un fuerte catarro, cosa natural tras 15 días bajo cero en las nevadas calles de Bruselas, y que iba a cantar hasta donde pudiera. Que fue poco… Aunque suficiente para conseguir el único momento donde realmente saltaron chispas, en el dúo del 2 acto. Hasta ese momento estuvo muy reservado aunque se puede vislumbrar una voz grande (por momentos se comió a la Westbroeck en el dúo), con cuerpo, timbre aceptable, que sube al agudo con facilidad y que canta con gusto, aunque con una pobre dicción italiana y algo engolado. Un amigo me comento que “cantaba con la patata en la boca”. Habrá que esperar a otra ocasión para ver si es un tenor a tener en cuenta o no. Tras el descanso, salió a escena el del 2° reparto, el mexicano Héctor Sandoval, quien con un timbre atractivo y un gusto aceptable, no tardo en poner en evidencia que sería un decente Edmundo, pero nunca Des Grieux. La voz pequeña, totalmente acogotada no fluía y al final rondó el desastre.
Eva-Maria Westbroeck debutaba el papel, y por lo visto y oído, lo debe de rodar mucho mas. Vocalmente sigue estando a un altísimo nivel. Sus registros grave y central siguen siendo bellísimos, naturales, con un color tremendo. Incluso sus agudos sonaron menos tirantes que otras veces. El problema vino de la dificultad de controlar la voz, de un pobre "legato", de las medias voces, y de una ausencia total de expresividad, probablemente no solo por su culpa sino primero, por la desastrosa puesta en escena a la que luego me referiré, y segundo por ser su debut en este exigente personaje. En fin, me quedo con el recuerdo de sus maravillosas Sieglinde, Ismailova, o emperatriz.
Me sorprendió positivamente el barítono griego Aris Argiris, quien sin tirar cohetes hizo un más que decente Lescaut, con una voz aceptable y un buen fraseo. Por el contrario, Giovanni Furnaletto fue el peor Geronte que uno pueda imaginar. Histriónico, chillando continuamente, compuso una especie de matón de barrio que solo deseabas que terminara.
Carlo Ricci, “eficiente” e insoportable como siempre. Es difícil encontrar un solo momento en las más de 2 horas para recordar. Ausencia total de color, calor, pasión, todo ello con un trazo basto, sin ninguna sutileza. Caída de principio a fin y en perfecta sintonia con la grisácea dirección de escena, conjuraron a todos los elementos para que el "povero Puccini", ni estuviera ni se le esperara.
Dejo para el final la puesta en escena del ex director de cine polaco Marius Trelinski, actual Director del Teatro Wielki, Opera Nacional Polaca. Hace 4 o 5 años ya me había amargado un Rey Roger en el Festival de Edinburgo, y … suma y sigue. Convertimos la plaza de Amiens, el puerto de Le Havre y las llanuras de Nueva Orleans en una estación del metro de Paris en pleno S.XX. El primer acto funciona relativamente bien. Pero a partir del segundo todo suena a ya visto. El palacio de Geronte lo solucionamos apagando las luces y sacando un sofá Chester y una champanera. El maestro de danza es un jugador de golf, y el grupo de músicos se convierten en un grupo soul de Chicago años 60, tipo The Supremes o Martha Reeves and the Vandellas, ligeras de ropa. La prisión y el barco te los imaginas (ayuda mucho ver a las cortesanas caminando medio desnudas, y a Manon y De Grieux haciendo el bis a bis por teléfono, tal y como sale en multitud de películas). En fin, el cuarto acto ya es para nota. En vez de a las praderas americanas, volvemos a la estación de metro de Paris, ya no con una Manon sino con dos en lo que no sabes si es un psicoanálisis de los protagonistas o de los espectadores. Si le añadimos que no hay un atisbo de pasión (Manon y Des Grieux prácticamente no se miran a la cara, se deben enamorar por osmosis lejana) y todo es oscuro, muy oscuro, vemos que Puccini brilla por su ausencia.
_________________ Todo esta en la partitura salvo lo esencial. Gustav Mahler
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