Pues muy bien servida la noche de ópera de ayer, sí señor. Tengo ganas de volver sobretodo por Suor Angelica, una preciosa ópera que espero conocer más en profundidad.
Il Prigionero es una obra dodecafónica de pasajes más fáciles de oir que los de Schönberg, pero personalmente me gusta más el alemán. Tiene un grandioso interludio orquestal cuando el prisionero intenta salir hacia la libertad. Interludio en el que Metzmacher sacó a relucir el potencial que tiene nuestra orquesta cuando alguien la dirige bien. Afín a su repertorio, la orquesta sonó espléndida. En cuanto a los intérpretes, Georg Nigl cantó con una bonita voz - lo conocía de un Wozzeck del Bolshoi- y buenas dotes actorales. Donald Kaasch estuvo muy flojo en un rol que vocalmente no ofrece mucho lucimiento: tanta ilusión en vano con René Kollo para esto... aunque si hubiera venido hubiera sido interesante oir AL TANNHÄUSER (no porque le crea ni mucho menos el más redondo intérprete, sino porque fue su rol más característico y porque quería ver a alguien que grabó tan glorioso registro con Dios-Solti

) cantar este pequeño papel. Igualmente floja la Polaski como la madre, además de cantar con una dicción terrible y estar generosamente tapada por la orquesta.
En cuanto a Suor Angelica, como ya dije es una ópera preciosa. El año pasado Juliana di Giacomo cantó maravillosamente en
Los Hugonotes: este año la impresión quizá haya sido menor pero sigo pensando en que esta mujer si sigue avanzando en su carrera se va a convertir en una opción recomendable para este repertorio. Cantó con sobrada decencia, su voz se deja oir aceptablemente y su interpretación del "Senza Mamma" fue conmovedora. Además, soltó un agudo bien emitido y sonoro -lo digo porque estaba detrás del andamiaje que era la puesta en escena- que me dejó de una sola pieza. Deborah Polaski hizo mejor la Tía Princesa: dicción clara y canto entre lo discreto y aceptable, aunque no tenga los graves que al parecer hacen falta. ¡Cantar un rol típico de mezzo!
El resto de comprimarias muy bien e igualmente eficiente la dirección de Metzmacher.
La puesta en escena fue excelente. Ambos son prisioneros que albergan esperanzas: el prisionero ansía la libertad y Sor Angélica ansía saber noticias de su hijo que es lo que da sabor a su vida. Una enorme celda-jaula representa las prisiones de estos personajes. En el fondo una iluminación con luces de azul marino aumentan la atmósfera de tensión en
Prigioniero , la celda dando vueltas representando los estados de ánimo, y el final terrible en el que el carcelero conduce a la muerte al prisionero llamándolo hermano. Tétrico del todo. En
Suor Angélica la iluminación del final es increíble: cuando Angelica se reune con su hijo aparecen unas luces blancas que representan el triunfo de la esperanza. Magnífico.
Por todo ello, tengo ganas de repetir. Por cierto, encantadora la mezzosoprano Marina Rodríguez-Cusì: aprovechando que cantaba en esta producción, fui a verla a camerinos para felicitarla por sus actuaciones en el Real. Le debía una efusiva felicitación por su genial interpretación como Suzuki en la Butterfly del Real de hace 5 años, haciendo una de las mejores interpretaciones de comprimarios que haya visto en mi vida: encarnaba perfectamente al personaje. Su agradecimiento me dejó feliz, casi emocionado.
Un placer ver en el descanso a zacarías y Carestini, con quienes compartí el disfrute de una buena noche de ópera
