La verdad es que hay que apreciar como se merece la interpretación de Urmana en un papel tan terrible como Medea. Uno de esos papelones con unos requerimientos vocales y dramáticos tremendos. Además, ha de luchar con que todos tenemos el papel en la cabeza por la insuperable y única interpretación de la Callas que nos ha dejado grabadas para siempre a fuego en nuestro cerebro, palabras y frases ("crudel! crudel!" del primer aria, "ingrato ch'io detesto" del dúo con Jasón en acto I, "Rendi il pugnal, il pugnal rendi a me!" y ""Eran figli tuoi" del último acto...)
La soprano Lituana se entregó, intentó mostrar más garra y calor de lo que en ella es habitual (aunque a mí no me termine de llegar) y, después de escuchar una Ofelia Sala horrorosa en su aria
(desimpostada, opaca, con agudos apretados y como laminitas) un tenor y bajo de voces eslavas, emisión retrasada, sucia y borrosa, resultó un bálsamo oir una voz colocada, de sonido compacto, esmaltado, liberado y articulación nítida del italiano. Como siempre, centro y primer agudo son una sólida "autopista" que, al empinarse la carretera-tesitura, se torna en sonidos agrios y estridentes en el agudo extremo.
El fraseo, si bien irreprochablemente musical, compuesto y cuidado, adolece de falta de incisividad, contraste y variedad de matices.
Gran y merecida ovación la que recibió María José Montiel en la interpretación de la maravillosa aria de Neris "Solo un pianto" (primorosamente acompañada por Mehta, que realizó toda una creación en la introducción y acompañamiento de esta bellísima pieza con solo de fagot-brava también la solista). Siempre será una soprano lírica pura, que se ha reconvertido a mezzo por su limitación en el registro agudo. Ni tiene definición de tal cuerda, ni graves, pero sí el buen gusto y refinamiento canoro que le caracteriza, que junto con un legato de factura, lució en su interpretación.
Los impronunciables intérpretes de Jason y Creonte, (rusos o de la zona), más bien rudos y estentóreos, pero "sonaron". Cumplieron, aunque uno preferiría escucharles en su repertorio más afín.
La producción "ambivalente" o "multiusos", funciona muchísimo mejor en Medea que en Il Trovatore.
No creo esté al alcance de cualquiera, dirigir se manera consecutiva un Trovador, un Tristán y una Medea. Mehta así lo hizo sin bajarse del notable y con varias cotas de sobresaliente. No está de más volver a proclamar el privilegio de poder disfrutar de todo esto y con estos magníficos cuerpos estables a una hora y treinta y ocho minutos de Madrid. Durará lo que dure, pero mientras, que nos quiten lo bailao
