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Dos palabras brevemente, que este no es mi sitio para explayarme sobre estas cuestiones. Veamos...
Función imposible, con unos cantantes en su mayoría superados por la situación. Simón Orfila se impuso como Don Basilio por voz, conocimiento del estilo y control del rol. Fue la mejor voz sobre el escenario, y así se lo supo reconocer el público tras su Calunnia, ampliamente ovacionada. También Paolo Bordogna como Don Bartolo demostró conocer y dominar los parámetros del canto rossiniano buffo, siguiendo de cerca el estilo de Enzo Dara, que se nota que conoce bien. Más conflictivo el resto. Esforzado Juan Antonio Sanabria, un Almaviva de medios modestos, pero con voz grata, cierta intención y musicalidad, aunque el agudo sea problemático, y el papel le venga grande. Por supuesto, no cantó el "Cessa di piu' resistere". Alessandra Volpe, Rosina, no es Chen, pero técnicamente le queda todo y más por hacer: la afinación es dudosa, la coloratura imposible, y la voz no está bien colocada. Así, no se puede. Apareció en el último minuto Damiano Salerno como Figaro para sustituír al anunciado Alfredo García: una proeza, cantó casi todo el papel medio tono bajo, aunque la voz es también considerablemente poderosa. Bien la Berta de Leticia Rodríguez (tiene narices que la Berta cante más que los tres protagonistas principales), y discretito el Fiorello de Axier Sánchez. Imposible la dirección de Ros Marbá, que no huele el estilo rossiniano (los crescendos empiezan desde mezzoforte y así no se puede....), impuso tempi lentísimos y no fue capaz de concertar a los cantantes en los des-concertantes. Partiendo de esta premisa, cumplió la Real Filharmonía. Minimalista pero con toques pretenciosos la regia de Curro Carreres, que termina en punta, cuando todos sacan pancartas reivindicativas al más puro estilo 15-M sin venir a cuento... Y esto es sólo una cosa, porque también hay filetes entre Fiorello y Berta, una escena de Rosina desnuda en la bañera y acción por la platea. Escenografía, poca. La gente aplaudió con ganas, y a Orfila, ya digo, le cayó una ovación tremenda después de la Calunnia.
Ah, la crisis es implacable: no hubo Ambrogio, a pesar de que los subtítulos indicasen lo contrario.
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