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Orphée et Eurydice en el Auditorio Nacional (Madrid)
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Autor:  Gruberoviano [ 30 Oct 2011 0:47 ]
Asunto:  Orphée et Eurydice en el Auditorio Nacional (Madrid)

Pues la Orquesta y Coro Nacionales de España han programado en su temporada tres funciones en versión concertante de la versión que Hector Berlioz preparase en su día del Orphée de Gluck, contando para ello con algunos nombres importantes que la hacían una función a priori interesante.
Dio al traste con todo el hecho de programar esta ópera en un espacio tan grande como el Auditorio Nacional. No tiene razón que ser: la acústica es la que es, las voces son las que son y los elementos de orquesta y coro más de lo mismo...
Así, el sonido tendía muchas veces a llegar tenue, falto de fuerza y falto de volumen... De entre las tres solistas, solo Ann Hallenberg en el extenso papel titular consigiuió hacerse escuchar con propiedad, a veces no sin esfuerzo, y no sin disimular que este papel le queda especialmente grave. Canta con entrega y convicción, y afronta la la peliaguda cadenza (salto interválico de octava incluído) del aria que cierra el primer acto sin temor pero con cierta cautela (Ewa Podles hace doce años en Coruña estaba más desahogada en este aspecto). Con todo, fue la mejor, porque la acompañaron dos elementas que deben incorporarse a nuestro amado teatro de Manolita Chen a la mayor brevedad, dos auténticos blufs barrokaris: la leve (por la vocecilla de dos gramos) e intrascendente Eurydice de Carolyn Sampson, que dejó pasar un papel que es breve pero muy agradecido de hacer; y el paupérrimo Amour de Helen-Jane Howells, a quien apenas se pudo intuír, con esa vocecilla de medio miligramo, por mucho taconazo que llevase...
Aplicado el Coro Nacional de España (muy, pero muy poco idiomático, eso sí) y regular la orquesta, con solos brillantes (¡esas flautas en la danza de los espíritus bienaventurados!), pero algo falta de afinación y empaste, en parte por culpa de una dirección de Paul McCreesch que hizo cosas interesantes jugando con la distribución de los planos sonoros, pero olvidó que estaba dirigiendo la versión de Berlioz y que, por tanto, lo que tenía enfrente era una orquesta moderna: y ciertas cosas extremas a una orquesta moderna o se trabaja mucho con ellos o no se le pueden pedir sin que se produzca el descalabro.
Aplausos tibios. Lo mejor, la mencionada cadenza de Hallenberg, que yo ya le había escuchado en vivo a Podlés. Estoy seguro de que en otro tipo de teatro el resultado habría sido otro completamente diferente...
Lo olvidaba, dos cosas: 1. Dar la ópera en versión de concierto y sin subtítulos (ni una triste sinopsis en el programa de mano) en una versión tan poco idiomática no tiene demasiado sentido. 2. Hacer la ópera del tirón (1h40min sin parar casi ni para aplaudir) tampoco...

Autor:  Aletheia [ 30 Oct 2011 16:30 ]
Asunto:  Re: Orphée et Eurydice en el Auditorio Nacional (Madrid)

Maravillosa función de ópera-concierto estos días en el Auditorio (Sábado 29). McCreesh logró lo más difícil en este tipo de obras históricamente clásicas por muy manoseada por Berlioz que esté la versión ofrecida: transmitir emociones intensas de forma contenida, bella y serena. Cierto que la ONE no es especialista en este repertorio y eso se notó. Hubo ciertos desafines y desajustes de tempo en ciertos momentos, pero fueron defectos mínimos que en nada empañan el resultado. El empaste del coro es sorprendente y la sincronización con la orquesta me pareció admirable.

En cuanto a las cantantes, las tres me parecieron magníficas. El Auditorio es una sala ideada para música sinfónica y siempre que hay voces éstas se resienten o bien de falta de volumen en ciertas zonas ( y lo tengo más que comprobado a lo largo de sus más de veinte años de existencia) o de ese desagradable efecto "tinaja" causado, creo, por esa ya mítica y brillantísima reverberancia. Desde mi localidad en la segunda fila del lateral del segundo anfiteatro se oían perfectamente las voces, aun cuando cantaban de espaldas o ladeadas esporádicamente.

Helen-Jane Howells, como Amor, cumplió sobradamente. Timbre bello y agradable y resultó muy expresiva en lo actorial.
Carolyn Sampson, Euridice, cantó con convicción y fuerza un papel que, aunque breve, está lleno de belleza y sensibilidad. Sus poderosos agudos retumbaron en toda la sala. Su timbre es algo blanquecino, cierto, pero lleno de frescura y estilísticamente irreprochable.

La magnífica mezzo noruega Ann Hallenberg empezó algo retraída e insegura (se hubiese agradecido más fuerza en sus primeros "Euridice"), pero fue ganando firmeza y rotundidad y culminó el primer acto con su endiablada aria "Qu'entends-je" de manera sobresaliente. Es injusto compararla con la Podlés, creo....el listón es demasiado alto. Algún agudo algo chillón, pero mínimo. Hubo aplausos y bravos merecidísimos. Su intervención final en "Je perdu mon Euridice" estuvo llena de emoción contenida (como debe ser) , así como su diálogo con Amor. Voz fuerte, rotunda ( sin llegar a esos graves de una auténtica contralto) fresca, dúctil y muy adecuada estilísticamente. ¿Se puede pedir más con lo que está cayendo en el mundo opérístico?

Muchos y calurosos aplausos y algún que otro bravo al final, que es decir mucho para lo que se suele oír los sábados en los ciclos de la ONE. La media de edad del público suele estar en los 60!

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