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Sobre el papel, "El murciélago" tiene todos los requisitos para una inolvidable velada musical: una historia divertida y además bien elaborada, un 2º acto espectacular, bella música y, por supuesto, todo aderezado con el ritmo del vals vienés y su más eminente representante; una de esas obras que te hacen salir del teatro de mejor humor y silbando camino a casa, una delicia, vamos. Pero entonces...¿qué pasó?
Los cantantes estuvieron en líneas generales correctos, la producción es sencilla pero funciona, un tanto forzada en el último acto en todo caso. La iluminación, de aprobado raspadito. Vale, no es muy purista la idea de recitar las partes habladas en castellano, se pierde espontaneidad y corta el ritmo de la obra, pero he de reconocer que ayudó a seguir la trama y facilitó el poder introducir alguna que otra gracia adaptada a la sociedad asturiana y ciudad ovetense (no obstante, lo poco agrada y lo mucho...)
Entre las voces, a mi parecer, destacó la Adele de Chen Reiss, una línea de canto muy bonita, con un fraseo limpio, excelente pronunciación y un timbre con fuerza y claridad. Mariola Cantanero fue de menos a más, justita y con déficit de potencia en el arranque y mucho mejor según fue avanzando la función, le faltó algo más de juego en escena como Rosalinde. Muy bien actuados por contra Peter Edelmann como Dr. Falke, mejor aún Jossie Pérez como Orlofsky y sobre manera el Frank de Enric Martínez-Castignani. Gabriel Bermúdez hace un Eisenstein por momentos histriónico, exagerando los gestos faciales más veces de las que debiera, tiene una bonita voz, pero le falta potencia, quizá la que le sobró a Alejandro Roy en su "Recóndita armonía" sorpresa del acto segundo en mitad de la fiesta en casa del ruso.
Obra de conjunto, eché de menos un poco más de cohesión e implicación entre todos. Faltó la voz de mando, alguien que exprimiera a fondo la vitalidad, jovialidad y musicalidad que esta opereta tiene. En este sentido, Eric Hull dirigió a la OSPA quizá técnicamente bien, pero le faltó garra, chispa, sentimiento y corazón. Un fledermaus debe explotar o no es tal...y aquí en mi opinión más que explotar la cosa se desinfló. Hasta el coro, y mira que el de Ópera de Oviedo cuando quiere lo hace más que bien, estuvo a medio gas. Del número bailado mejor me callo (qué manía de hacer ciertas cosas poco menos que por obligación!)
Para expresarlo en pocas palabras: faltó pasión en todos los sentidos. Y claro, uno así no puede esperar salir del teatro silbando camino a casa y con el espíritu del vals vienés en el cuerpo, que es lo que se supone que debería pasar con "Die Fledermaus", ¿no?
Un arranque de temporada en mi opinión más bien flojito y que esperemos remonte y mejore en los títulos venideros.
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