Muy al contrario de lo que NICO acaba de decir, yo digo lo siguiente : preciosa, preciosísima función la que se vivió anoche en el Madrid Arena.
Yo descubrí esta ópera cuando tenía 16 años, en 2003. Y desde entonces me cautivó sobremanera, aunque es una obra durísima, pero tiene momentos de gran belleza, por los que vale la pena.
La verdad es que la famosa cúpula de la instalación Kabakov/Frigeni, a la hora de la verdad, no es toda la gran cosa que se había anunciado :
1. Porque la cúpula está inclinada, y por su tamaño,sólo la pueden ver "bien" el 20 ó 30 por ciento del público, y encima esto hace que los subtítulos estén en laterales, de manera que te dejas el cuello intentando sincronizar la vista de escena/subtítulos.
2. Y porque aunque era vistosa, la iluminación no era todo lo espectacular que hubiera requerido. Tenía un brllo muy ocre.
3. Y porque al final acabas reparando más en los cantantes que en ella.
Pero la escena me encantó : la dirección de actores era preciosa, y por fin, veo un San Francisco con religiosos vestidos como tales, no como en la cutre puesta en escena del DVD de la ópera de Ámsterdam, que parece que van vestidos con albornoces de chinchilla. Maravilloso, cómo se realiza mi momento favorito de toda la obra : cuando el ángel toca la música "de lo invisible" : la cúpula se ilumina de color violeta, todo el Arena se ilumina de azul y dejan pasar algunos destellos desde el techo, de la luz del atardecer. Todo esto mientras suena el dulce y espiritual sonido de las ondas martenot. Llevaba dos años, desde que se anuncío, esperando ver en vivo este momento, y la espera valió la pena, sin duda.
Otro aspecto a destacar: el Madrid Arena. Era enorme, y oficialmente, se podía ver desde todos los asientos. Pero fañtando tres minutos para que comenzase la representación, todo el mundo se fue hacia abajo, dejando las zonas de asientos laterales totalmente vacías, sobretodo al tercer acto(y mención a un pelmazo que no dejaba de bailotear y mover la cabeza durante el primer acto, y sobretodo, otro pelmazo aún mayor : durante el segundo acto se dedicaba a sacar fotos y más fotos, estando prohibido, y encima hacía ruido al abrir la carterita. Me cabrée tanto que no me quedó otra que echarle la bronca al final del acto

). Espectacular y todo, pero pienso que debía hacerse por el Real.
La parte musical fue excelente.
La orquesta SWR Baden-Baden Freiburg estuvo fantástica, con una sonoridad increíble, aunque bueno, estaba amplificada. Pero se nota el buen trabajo, y sin duda ha sido un acierto contratarla : nuestra pobre OSM las habría pasado canutas con la partitura. Sylvain Cambreling ha manejado con pasmosa maestría esta partitura. Yo tenía reservas hacia él, por su lentitud, ya que en las verdes praderas pulula una grabación en París, donde me aburría por lo ya mencionado. Pero no : realmente me quedé impresionado con cómo domina la obra, él y la orquesta la conocen y logran un resultado altísimo. Messiaen andaba por el Arena en manos de estos grandes profesionales. Si fue lento, yo no lo noté.
La feliz fusión del competente coro Intermezzo, titular del Real, con el coro valenciano hizo que en la escena séptima se me pusieran los pelos de punta. A destacar las voces graves masculinas de esta formación.
En cuanto a los intérpretes :
Vincent Le Texier tiene una voz bonita y bastante cumplidora. Suena a barítono, y cumple con la inhumana partitura. Actúa estupendamente, pero lo importante es que lo da todo ,musicalmente hablando, en escena.
Camilla Tilling me ha parecido la mejor voz de la noche. Las ya de por sí hermosas escenas del Ángel se vieron resaltadas por una voz dulce y sensual. Además la cantante es bellísima, lo que la hace más idónea todavía.
Michael König hizo, en mi opinión un leproso entre lo regulero admisible y mediocre. Aunque hizo lo que pudo, y eso se agradece, se veía que le costaba y a veces ni se oía. No sé cómo Mortier quiere que cante ¡Parsifal! En fin...
Gerhard Siegel hizo un gran hermano Elías, muy socarrón. La verdad es que es un placer volver a verle, después de haber tocado el cielo con su desagradable Herodes en la Salome del Real. Una voz de ópera, dicho tifosamente.
Victor von Halem hizo un digno hermano Bernardo. Este señor canta desde los años 70, y seguro que su nombre les sonará de grabaciones wagnerianas de la DG : fue el sereno en los maestros de Jochum y Titurel en el Parsifal de Karajan. Tenía una voz gruesa, y se oía más que a sus compañeros.
El resto de los comprimarios también cumplieron : Tom Randle y Wiard Whitholt cantaron decentemente sus partes.
En definitiva, una función memorable por el esfuerzo y la competencia altísima de los músicos, y por lo espiritual de la obra. Nunca lo olvidaré. Oficialmente esto se venderá como un enorme éxito de público, y foreramente como un fracaso dado le número importante de asientos vacíos, pero a mí, por lo cálido de las ovaciones finales, y porque creo que quienes gustamos de esta obra nos quedamos hasta el final, yo me inclino a pensar que el Teatro Real vuelve a sumarse otro éxito con la entrañable función de anoche.
Ah, y un abrazo a los foreros con los que estuve durante los descansos : naietta, Oclock, Arnold, Naaman y aitorpoter.
