Vaya por delante, que como ya he escrito en alguna ocasión, en mí funciona un 99% sensaciones y un 1% conocimiento (en lo que se refiere a disfrutar de una ópera, quiero decir...). En este marco, me resulta especialmente interesante poder escuchar óperas de las que no conozco absolutamente nada, así a bote pronto, y captar lo que me envían.
No había escuchado ni siquiera un fragmento del San Francisco antes de la representación de ayer... y me pareció maravillosa.
En cuanto al lugar de la representación, dejando al margen que soy de provincias y la Avenida de Portugal es más larga que un día sin pan, con lo cual dejé el coche en el quinto pino y me di al final una tunda de andar que llegué con la lengua fuera. Todo esto teniendo en cuenta que ayer era día laborable, el madrugón y demás... Quiero decir con esto que yo recomendaría a todos los que se puedan permitir el lujo, asistir a esta ópera bien dormidos, frugalmente comidos y lo más tranquilamente posible, que si no tarda uno en acoplarse al ritmo. Aparte de esto, no cuela que no quepa la cúpula en el Real, lo cual quiere decir que las razones para representarla ahí son otras, pero no me parece mal haber salido del Real: al haber tanto espacio, daba la sensación de que había más oxígeno (o más atmósfera), más campo. Vamos, que el sitio me parece bien. Solo le encuentro un inconveniente insalvable (al margen de que las voces se pierden, claro, pero eso ya lo daba por hecho) que es el ruido del aire acondicionado. Toda la ópera con una especie de redoble de tambor eterno en pianísimo. En fin, que no me parece mal que haya representaciones fuera del Real, pero me parece fatal que nos intenten engañar dando falsas razones...
En cuanto a la obra, les cuento. Con ese estado de ánimo acelerado con el que me senté, lo primero que sufrí, en cuanto se apagaron las luces y comenzaron los lentos movimientos de los monjes y los cambios de colorines de la cúpula (una cúpula bonita que cambia de colorines, pero tampoco es para tanto...) me entró un ataque de sueño que ni les cuento... hasta que llegó la maravillosa escena del leproso. Conmovedora, emocionante, hipnotizante incluso. La escenografía de la parte de la curación, inmejorable. Casi me echo a llorar. Nada de sueño, captó el tema toda mi atención. Y se acabó el primer acto. Me tomé un zumito y un pincho en la barra de fuera, atendida por una panda (con perdón) de señoras de lo más displicente. Por cierto, muy acertado el hecho de que dejen salir del recinto a dar paseítos en los descansos. La tarde/noche estaba estupenda para pasear y venía muy bien para intentar no sufrir síndrome de clase turista con tantas horas de inmovilidad...
Acto segundo, en contra de lo que opinan por ahí, me pareció maravilloso. Les cuento. La escena del ángel viajero, con sus preguntas trascendentes, que me llegaron al alma y ese monje jefe tan ocupado, con un acompañamiento musical que me trajo a la mente los galeotes de Ben-Hur (¡qué peliculón!), imprescindible. La escena del ángel músico, ni les cuento. El solo de viola me acompañará por el resto de mis días (y si es así como se está en el cielo, intentaré ser buena para conseguirlo...). Eso sí, como les decía, especialmente en este caso, claro, se hizo muy patente el redoble de tambores continuo del aire acondicionado... pero fui capaz de ver el cielo por encima de él

. La escena de los pájaros, imprescindible en la narración de la historia, pero reconozco que se me hizo un poco larga y me volvió a dar otro ataque de sueño hacia el final...
Acto tercero, una vez oída la música del cielo y comprendido que esa música está en la naturaleza, llega la armonía total. Por fin la música es completamente armónica (no lo digo en sentido técnico, que ya les digo que no tengo ni idea...) y no lucha contra las voces, sino que van en conjunción, todo encaja, San Francisco ha comprendido y tanto vivir como morir son buenas opciones. Eso sí, como aproveché el segundo descanso para echarle un ojo al libreto y pone que "Cinco rayos luminosos parten de la Cruz y van a dar sucesivamente en las dos manos, los dos pies y el costado derecho de San Francisco" me esperaba algo así como rayos láser saliendo de la cúpula, pero no pasó nada de nada... unos estigmas muy discretamente conseguidos... (demasiado, supongo que sería algún cambio de colorines de la cúpula, pero no lo capté). Y la muerte, pues otra vez un poco larga, pero con una música preciosa, el coro estupendo, todos los "malos" contritos y el ángel, angelical a más no poder.
En fin, una maravilla que no creo que olvide nunca, que se me hizo larga en momentos, pero no en su conjunto.
La orquesta y su dirección me pareció excelente (por poner un pero, jejeje, creo que ya que no se vistió de Director, Cambreling debería haberse vestido de monje y no de chef

), el coro también bastante bien, muy bien en momentos. Por cierto, no sé si se fabrican más instrumentos de percusión que los que utilizaron... madre mía qué variedad (y qué bien sonaban).
En cuanto a los cantantes, me parece lo más difícil de juzgar (entre el sitio y que, por ejemplo, San Francisco canta la mitad de las veces mirando a la cúpula en vez de mirar al público, pues cualquiera sabe...) pero en general, haciendo un esfuerzo para escucharlos, no tengo ninguna pega en particular. Lógicamente, el ángel destaca por encima de todos, pero lo da le papel...
En cuanto al personal, pues yo diría que entre unas cosas y otras, se fue seguro un tercio del personal al menos (hubo gente que se salió incluso en mitad de la representación de alguno de los actos). Es algo que me resulta incomprensible.
En fin, que prueba superada y ahora, a por la maravillosa Tosca...
