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Lo cierto es que juntar Il segreto di Susanna, de Ermanno Wolf-Ferrari y La voix humaine, de Francisc Poulenc en el mismo programa parecía caprichoso. Mientras la primera, de 1909, mira al pasado de los intermezzi buffi la segunda (1958) responde más a su tiempo utilizando incluso un entonces invento reciente como el teléfono como centro o razón de ser de la dramaturgia.
Tenía ganas de ver al Poulenc; la primera, en acercamiento discográfica, me parecía prescindible y esta cuestión se ha confirmado tras verla en teatro. La segunda, sin embargo, se plantea como un reto actoral y canoro pàra cualquier soprano y estaba muy ilusionado con verla y disfrutarla por primera vez. El balance general no puede ser muy satisfactorio. La puesta en escena, dirigida por José Luis Castro es la misma en las dos obras, más decorada y luminosa para el duelo del marido celoso y la mujer fumadora, más austeroy oscuro para la mujer despechada y desesperada. No hay novedad alguna; esta puesta en escena es la típica funcional que puede utilizarse en muchísimas óperas y que supongo habrá ayudado, junto al escaso reparto, a que el diseño del proyecto haya sido barato. Sí me pareció interesante esa idea de unir dos obras tan diferentes como si la segunda nos enseñara a la pareja de la primera cinco años despues.
Il segreto di Susanna hoy nos lleva a sonreir, recordando los que estamos cerca de los 50 como no hace tanto una mujer fumando era poco menos que escandaloso; y en los años 30 la susodicha tenía que esconderse por lo que el marido pudiera decir. Así, excluida la mujer como fumadora y notando ese olor (tan desagradable) el marido ya tiene excusa para montar su ataque de celos. Javier Franco era este marido y me dejo estupefacto. Creo que no recuerdo un caso tan palmario en el que un cantante, con dar dos pasos atrás, quedara silente, inapreciable para el público. Yo le veía abrir la boca pero a mis oídos no llegaba nada. La orquesta, escasa en efectivos, parecía un huracan al lado de una voz tan mal proyectada. Hubo algún forero malvado que apelo a que, además del criado, teníamos otro personaje mudo.
Isabel Rey era la mujer adicta y la verdad es que en la voz ya se nota falta de frescura, estando lejos de dibujar esa joven recien casada y enamorada. Tiene cierta calidad, su voz llegada sin problemas pero…
La voix humaine fue protagonizada por Elisabete Matos. En este caso mi problema fue justamente el contrario al apuntado arriba. Yo me imagino una mujer atormentada, débil, miedosa, aterrada por un futuro en soledad mientras que Elisabete Matos tanto con su opulencia vocal como por su interpretación actoral nos enseñó más una mujer más cabreada que dolida, más exigente que sumisa; solo al final parece resignarse. De todas formas la obra es una pequeña maravilla y bien interpretada debe de ser una gozada. Una Matos más recogida, más camerística yo personalmente lo hibiera agradecido pero con la voz que tiene… Si la ponen con Javier Franco se lo merienda con patatas fritas.
La Orquesta Sinfónica de Bilbao sonó paupérrima, con un preludio de Il segreto di Susanna de juzgado de guardia. Mejor en Poulenc pero tampoco para tirar cohetes. La dirigía Lorenzo Ramos que creo no acertó a dar a solistas y orquesta el equilibrio necesario. Desde la platea la Orquesta se recibía tronante y en ningún momento hubo la comunión necesaria entre todos estos elementos.
Lo mejor, escuchar dos obras nuevas y reencontrarme con unos cuantos del foro; lo peor, además de algunas cosas ya citadas, volver a comprobar la “selectiva” afición a la ópera en Bilbao. A mi mapreja y aun servidor nos llevaros del quinto piso a platea porque el panorama era desolador. ¿Estaría lleno el 50% del Teatro Arriaga? Repito lo de siempre: en Bilbao hay mucha gente que va a la ópera; ahora, amar la ópera… cada vez tengo menos dudas de la respuesta.
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