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Fabuloso estreno del XVII ciclo de Lied del Teatro de la Zarzuela a cargo de la soprano finlandesa, aunque hubiera notrables ausencias en el público (motivado en parte, imagino, por la presencia de Abbado en el Auditorio Nacional).
Isokoski no sólo ha desplegado la que sin duda es una de las voces más bellas del panorama actual, sino también una técnica absolutamente prodigiosa. Su timbre inmaculado de lírica pura resulta, además, joven y fresco, delicioso.
Tras un inicio quizás algo dubitativo, la voz enseguida encontró ese punto de colocación mágico que le caracteriza, que dota a la voz de una redondez y brillo impresionante a partir del paso a la zona alta, completamente por encima del arco, riquísima en armónicos. Por el centro la voz pierde brillo, pero no belleza. Fascinante también su capacidad para atacar los graves, si bien nunca cubiertos, con un perfecto control del vibrato y la dinámica. En todo el registro resulta, además, increiblemente homogénea.
Interpretativamente podemos ponerle pegas a su presencia física, indudablemente estática, pero no a su presencia vocal. Isokoski mostró a lo largo del recital una riquísima paleta de colores, modulaciones, dinámicas e inflexiones siempre al servicio del texto. Magistral en las bellísimas obras de Kuula (comodísima, además, en su lengua materna), exultante en Duparc, su Strauss fue quizás, sorprendentemente, lo menos destacable, aunque su lectura de Cäcilie, más introvertida de lo que suele ofrecerse, fue bastante interesante, a pesar de que el si natural se le resintiera un poco (único percance de la velada).
Mención de honor para el acompañamiento de la exquisita Marita Viitasalo, siempre atenta a su compañera, y que se ha marcado una introducción de Morgen de verdadero ensueño.
En fín, un fabuloso recital que pone alto el nivel al ciclo, a ver si sigue así!
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