Gino escribió:
Oigan, ¿y el Tell?
Déjelo usted en “mini-Tell”

. Mark Stone, el protagonista (que sustituía al previsto Nicola Alaimo) es un barítono lírico que no sé muy bien qué pinta cantando un papel como el Tell, que pide un barítono con poderío, o incluso un bajo-barítono. Con un papel siete tallas más grande que su voz, sobre todo en los graves, el pobre hombre las pasó canutas. Es verdad que intentó algún detallito y que los hay mucho peores, pero prácticamente se puede decir que fue un Tell sin Tell.
La soprano Olga Senderskaya cuando abrió la boca pareció despertar muchas esperanzas, pero poco a poco la cosa se fue diluyendo. En su aria inicial cantó "bonito" y con buenas maneras, aunque ya empezaron a aparecer ciertos defectos, como un vibrato excesivo para una voz tan joven, y un fiato bastante cortito. Pero lo peor vino en su segunda aria (una de las grandes páginas de la partitura) donde se acrecentaron los defectos ya dichos, y añadió una coloratura “gallinácea” (lo siento por los que se sientan ofendidos por el término, pero es muy gráfico

) que al parecer es una maldición que ha caído en los últimos tiempos sobre el pobre Rossini. En definitiva que la historia se repite: una voz ya en carrera con buen material y con buenas maneras, pero “verde, que te quiero verde”.
Del resto, lo mejor Atxalandabaso, al que había escuchado alguna vez anterior y me había pasado desapercibido, pero anoche estuvo muy bien en un papel corto pero bastante complicado. Y también María José Moreno que quedó bastante desaprovechada. Yo pensaba que, estando ella, se incluiría el aria que Rossini añadió a su personaje “A, que ton ame se rassure”, pero no fue así. Una pena porque es de las veces que mejor parado ha salido el personaje de Jemmy, que, normalmente, lo suelen cantar sopranos jilgueros con voz de pito y destrozan la mayor parte de los números de conjunto.
Todos los demás secundarios fueron un horror. No sé de dónde los sacaron. Los bajos, a cual más espantoso, unos por inaudibles en sentido físico (Zanellato) y otros por inaudibles en sentido estético (Feria, García, Todisco…) Mención aparte para el tenor que cantaba el personaje de Rodolphe que, aparte de no escuchársele, se perdió por completo en el concertante final del primer acto, y tuvo que salir el maestro Zedda en su auxilio directo para evitar una hecatombe.
Dejo lo mejor para el final. Gregory Kunde dio anoche una lección. Tengo que confesar que siento una gran admiración por este hombre que, además (y me consta) es un tipo estupendo, pero, bueno, para el caso, eso es lo de menos; lo que de verdad importa es el mérito que tiene cantar un Arnold en vivo y completo. Es verdad que la voz ya está muy dura y le permite muy poco juego (evidente en su dúo con la soprano) pero las dio todas, sin esconderse y sin arrugarse. Sacó con holgura el terceto, que es complicadísimo y donde la mayoría de los tenores se ahogan, pero lo mejor lo dio en el aria, muy bien fraseada, variada en la repetición demostrando que es un estilista, y con un agudo deslumbrante. La cabaletta fue la repera por la gallardía, el entusiasmo y el poderío. Es una pena que los agudos no siempre estén igualmente colocados, lo que hace que unos se proyecten con muchísimo brillo y otros queden más fibrosos, pero el momento fue verdaderamente emocionante.
Y por último Zedda que hizo sonar de maravilla a una orquesta de la cual yo, en principio, desconfiaba. Hubo tensión, hubo frescura, hubo elegancia y hubor mucho vigor, increíble en un anciano que viéndolo caminar parece que le van a faltar las fuerzas para llegar al atril, pero que allí se transforma, por lo que se ve, en un chavalito de veinte años, pero con la experiencia de sus más de ochenta tacos. También sacó buen partido del coro, empastadito y con color (mejor las chicas que los chicos), aunque tal vez el momento más flojo de la noche viniera precisamente por la falta de brillo del conjunto en la gran escena de los conjurados que cierra el segundo acto.
Con todos los peros, ¡qué gozada poder escuchar en directo un “Guillermo Tell” y completo!... Es verdad que faltaba la escena, y esta obra la pide a gritos, pero quedaba la música…¡y qué música!...
