Simon Boccanegra (Verdi). Teatro Real 22-7-2010
Plácido Domingo, Angela Gheorghiu, Ferruccio Furlanetto, Marcello Giordani, Angel Odena, Miguel Angel Zapater. Dirección Musical: Jesús López Cobos.
¡Viva Verdi! se escuchó tras los segundos de silencio que siguieron al emocionante final de esta obra maestra (una más) del más grande compositor para el teatro que ha habido en la historia.
Exito inconmensurable. El mayor del año y de muchos años. Que se quiten de zarandajas. Cuando hay estrellas y divos de verdad en el escenario, se cae el teatro y el "frío" público de Madrid llega al delirio.
Ni producciones "geniales", ni labores globales ni leches fritas. Cantantes es lo que quiere el aficionado. Me lo he pasado muy bien, he disfrutado mucho y, dejando claro, que todos los protagonistas de la función tienen carencias y limitaciones, ha sido una gran noche de ópera.
Plácido Domingo no es barítono ni nunca lo será. Grave carencia para un papel previsto por el compositor para esa cuerda, esencial para encarnar al padre, uno más en la creación Verdiana, pero también el "uom che regna". La confrontación entre la política, el poder y las relaciones personales. A pesar de ello, hemos de solazarnos de poder disfrutar aún con este mito de la ópera, esta fuerza de la naturaleza, este animal de teatro, comunicador único que es Plácido Domingo. Ya desde su salida, ágil, ardoroso, arrebatado, subiendo y bajando las escaleras, parece que no ha pasado el tiempo por él y que estamos viendo ese Des Grieux, ese Cavaradossi, ese Maurizio de Sassonia... Ese carisma simpar que te hace estar pendiente de él desde que entra en el escenario. Su timbre de una belleza y singularidad ya legendaria, está aún increíblemente íntegro, sólo algo mermado de volumen y pujanza. Sin oscilaciones, sin sonidos agrios o "de viejo". Se empeña de vez en cuando, en oscurecer artificialmente y buscar resonancias espurias baritonales, pero las notas más bellas son las inconfundiblemente tenoriles. Corto de fiato, sobretodo en los momentos de canto spianato (En "Figlia ! a tal nome palpito" especialmente) su entrega y entusiasmo siguen siendo admirablemente arrolladores (en camerinos ha atendido amabílisimamente a una legión de admiradores). Emocionantísimo el acto III que ha ofrecido, bien secundado por Furlanetto. El bajo italiano es cavernoso, de emisión nada ortodoxa, escasamente noble y dura. De canto descuidado, legato pobre pero... Tiene volumen, suena a bajo y la acentuación es operística, vibrante. Su "rapporto" con Domingo en la gran escena de ambos en el último acto ha sido estupendo.
Marcello Giordani no es sutil ni refinado, pero su voz es de tenor protagonista, los agudos plenos de squillo y expansión tímbrica (espectacular el pepinazo "Per cieeeeeeeeeeeel" de la escena de consejo y los "Dammi la mooooorte" del terceto del acto II que ha sido uno de los clímax de la noche), es ardoroso, el timbre es cordial y es italiano. Todo ello, conforman un lujo hoy día.
Angela Gheorghiu ha pasado con nota su examen como Amelia Grimaldi y, además, yendo a más en la función. Es más bien una Musetta, le falta anchura y robustez en el centro y graves para el papel (la primera frase en "Come in quest'ora bruna" ha sido un tanto embarazosa) pero el timbre es bello y personal, canta con gusto y musicalidad, juega con las dinámicas, sabe "amorbbidire il suono", busca siempre la colocación y el agudo gana mucho timbre y mordiente. Estupendo uno que ha emitido en la escena del consejo y cómo ha solventado los del terceto, que siempre ponen en aprietos a las sopranos que interpretan la parte. Es verdad que es
leziosita, tiende a la ñoñez y la gazmoñería se hace molesta en algunos momentos, pero es un papel esencialmente lírico y no molesta tanto como en otros. Sexy hasta decir basta y no digamos en camerinos, espectacular.
Bien el coro. López Cobos se ha despedido con su mejor Verdi en el Real. Una obra que le va más, por su introspección, donde se requiere menos ese calor, esa expansión, ese fuego teatral tan ajeno a su temperamento y tan importante en otras obras Verdianas y de ópera italiana en general. Fantástico el prólogo con es atmósfera oscura que le va a su temperamento.
La producción ha sido mejorada en el sentido de que el rojo se ha cambiado por mármol blanco y la oscuridad casi total y tenebrista, por una luminosidad mucho mayor. Por lo demás, sin ideas pero sin mayores sobresaltos, permite seguir la obra y lucirse a los divos.
Ahora que digan que el éxito del año ha sido la Poppea...
