Crónica J.A. Vela del Campo, en EL PAIS 08.07.2009
Brillantez escandalosa
Simon Rattle y la orquesta fueron los protagonistas principales de El ocaso de los dioses, última jornada de la tetralogía wagneriana. La versión despedía fuego en cada pasaje pero también una enorme capacidad de análisis en el despliegue de los cada vez más concentrados "motivos conductores" wagnerianos. La brillantez era escandalosa, embriagante. Los contrastes dinámicos apabullaban. El sonido no poseía ningún tipo de retórica. La puesta en escena de Stéphane Braunschweig se va haciendo cada vez más esencialista conforme El Anillo transcurre. Escaleras a lo Appia, espacios vacíos a lo Brook. Curiosamente, la componente más carnal del teatro la pone Rattle con la música. El elenco vocal estuvo encabezado por Ben Heppner, Katarina Dalayman y Mikhail Petrenko -como Sigfrido, Brunilda y Hagen, respectivamente- contando también con Anne Sofie von Otter en el personaje de Waltraute. En conjunto alcanzó un nivel notable.
En mi opinión, los berliner estuvieron GENIALES

, y Sir Simon Rattle, diseccionador, y muy brillante.El rubato y la técnica de dirección germánica, no son su tarjeta de visita.
Desgraciadamente el Hagen de M.Patrenko, no daba NADA de miedo, y fué lo menos brillante de éste Götter.
Heppner desgraciadamente para él, le quedan dos Telediarios de " voz".
Y lo más, de lo más fué la Tercera escena del Acto 1º, con Dalayman y Anne Sofie von Otter, que lo cantaron de "verdad".