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Hay veces que sin saber por qué salta la chispa: vas a una función operística en versión de concierto que te ofrece un conjunto local, con cantantes de casa y en una pequeña sala de camara; es decir, todo lo lejos que os podais imaginar de la ópera como ran espectáculo.
¿Expectativas? Sinceramente, pocas. Yo mismo me pase de listo y advertí a los os foreros con los que coincidí que cuidado con el Aeneas, que me han dicho... Pues sí, me pasé de listo.
Entro por primera vez en mi vida en la Sala de Cámara del Kursaal. ¿Cabran más de 300 personas? Ni siquiera estaba lleno; la parte de arriba presentaba claros pero buena entrada. Muchas chancletas, pantalones cortos, un ambiente ligeramente snob. Me siento a gusto.
Una hora y cuarto despues me preguntó por qué hay tanto aficionado "teórico" a la ópera qe ha dejado pasar este grupo, el Conductus Ensemble que nos ha hecho pasar setenta minutos de pura magia. Porque por encima de todo si hoy ha habido un triunfador ese ha sido el Conductus Ensemble. Una orquesta de catorce miembros (he de reconocer que soy un lego absoluto en esto de instrumentos barrocos) y un coro de veinte voces que, ambos, nos ofrecieron una noche antológica. Por ello su director Andoni Sierra se merece mención especial. Retengan, por favor, los amantes de lo barroco el nombre de este grupo.
Los tres papeles principales fueron interpretados por cantantes "de fuera": Raquel Andueza hizo una Dido muy carnal y con voz con cuerpo aunque en la zona aguda anduvo un poquito justa, Katharine Hawnt interpretó a Belinda y más allá de una ntrada a destiempo en su última interpretación ofreció una preciosa dicción y canto. Jesus García Arejula fue Aeneas, quizás pecando de extrovertido y de exceso volumen pero me gustó la intención con la que cantó.
El resto de papeles fue interpretado por miembros del Ensemble y hay que descubrirse tanto ante el nivel vocal como al interpretativo. Dorothee Merkel hizo una hechizera de mucho nivel, con una voz oscura y una intención perfectamente visible en sus gestos y sus sonrisas. José Pizarro fue un marinero borracho (con jarra incluida) perfecto y muy gracioso, Arantza Etxabe y Miren Urbieta fueron unas brujas muy bien caracterizadas con la vozdebruja que se inventaron; y finalmente Haizea Muñoz acompañó de maravilla como segunda dama.
Habrá mucha gente que con su abono de la Quincena ha dejado pasar un concierto del altísimo nivel. Muchísimos aplausos hasta el punto que por primera vez ví a todos los componentes abandonar el escenario a pesar de que los aplausos continuaban. Quienes no fueron, por la razón que fuera, se perdieron una noche preciosa.
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