Y la gala se celebró. Sí, vamos ya por la cuarta edición de los Premios Líricos Teatro Campoamor, entregados en una gala de ambiente setentero que comenzó a los sones del "Mambo" de
West Side Story en un escenario con el logotipo de Eurovisión al fondo y las bolas discotequeras de espejos –ay, Studio 54, ay, el controvertido
Ballo que cerró la temporada– inundando con sus destellos la platea del teatro.
Una gala ágil y entretenida bajo la dirección de escena de
Marina Bollaín en la que
Esperanza Pedreño fue una estupenda maestra de ceremonias con el contrapunto cómico de
Paula Galimberti y la colaboración de
Simón Orfila e
Ismael Jordi, que también recogía premio. El hilo argumental del espectáculo, concebido como una gala de entrega de premios en la que se cuelan dos frikis aspirantes a cantantes que creen estar en un
casting, y en la que acaba cantando hasta el segurata encargado de echar a los intrusos, fue el pretexto para integrar las actuaciones de algunos de los premiados, evitando el pesado formato de algunos actos de este tipo, que se convierten en una sucesión de saludos, interminables discursos de agradecimiento… Nada de eso estuvo presente aquí, y fue lo mejor; la gala duró una hora y cuarto, algo que ya quisieran muchos sufridos asistentes y espectadores de otras entregas de premios que se caracterizan por ser cuasieternas.
Y como en la gala cantaron unos cuantos premiados, vamos a decir algo:
–
Maite Alberola, premiada como Cantante Revelación por su Contessa Almaviva de
Nozze y su Katiuska de la zarzuela homónima de Sorozábal, comenzó con "Tres horas antes del día" (Moreno Torroba,
La Marchenera) iniciada como karaoke con Esperanza Pedreño hasta que se alza un telón que revela a la verdadera cantante

. Personalmente no me gusta Maite Alberola, y encuentro que tiene un vibrato del todo excesivo para su edad; no me había gustado en
Katiuska y tampoco en este precioso número de
La Marchenera. Siguiendo con el mundo de la zarzuela, recogieron su premio
Pepa Rosado y
Rafael Castejón como Mejor Actriz y Actor de Zarzuela, regalando una entrañable interpretación del duo de Antigua y Chinchorro de
La tabernera del puerto. Un merecido premio a dos miembros de una saga de la escena española, que sigue con su hijo Rafa Castejón Rosado, ligado también al mundo de la zarzuela, al que pudimos escuchar aquí hace unas temporadas en una hilarante versión de
El niño judío de Luna.
–
Marcelo Álvarez, premiado como Mejor Cantante Masculino de Ópera, no cambió de registro para su intervención, puesto que atacó el "No puede ser". De nuevo
La tabernera del puerto y… no pudo ser. Gran parte del público braveó y aplaudió con arrebato la versión del tenor argentino, pero…

había que oírlo: desafinó, gritó, aceleró con respecto a lo que hacía la orquesta, salió a "darlo todo" y lo hizo en un plan veristoide que no le favoreció en absoluto. Pero ya se sabe que aquí gustan los tenores a la antigua usanza.

Es ya un clásico del léxico lírico ovetense la frase
¿quién ye esi tenorín? aplicada a todo tenor que no posea un chorro de voz de los que despeinan y no cante Puccini…
–Para
Ismael Jordi, vestido de Tony Manero que se cuela en una supuesta audición para cantantes, fue el premio al Mejor Cantante de Zarzuela, que agradeció con su versión de "Por el humo se sabe donde está el fuego" (Vives,
Doña Francisquita). Quizás un poco rígido, ó es que tengo grabado en el cerebro a Kraus en el papel de Fernando Soler… con todo, Ismael Jordi estuvo acertado, así como le faltó algo para conmover en su intervención posterior con "Tombe degli avi miei" de
Lucia di Lammermoor.
Tras una cómica pelea con
Funiculí Funiculá a cargo de Ismael Jordi y de
Simón Orfila que llega como guardia de seguridad encargado de expulsar del teatro a los despistados que se creen en un
casting, llegó la intervención de
Adrianne Pieczonka, premiada y con razón como Mejor Cantante Femenina de Ópera. Para continuar con un tono ligero y festivo, interpretó de manera arrebatadora "Meine Lippen, sie küssen so heiss" de
Giuditta de Léhar. Sensual, elegante, maravillosa en todos los sentidos, qué gusto verla y oírla, así se canta y así se está en escena.
–El premio a la Mejor Producción de Ópera fue para
Death in Venice (Britten), coproducida por el Liceu y el Real. Joan Francesc Marco y Miguel Muñiz recogieron un premio merecidísimo por una producción que pude ver en el Liceu y que me fascinó. Se proyectaron varias escenas, que me hicieron revivir una representación estupenda.
–
Krzysztof Warlikowski fue premiado como Mejor Director de Escena por
Vec Makropoulos (Janacek), de la que también se proyectaron algunos fragmentos. En todo momento Warlikowski estuvo con un aire entre ausente y molesto y más parecía que estaba recibiendo una mala noticia en lugar de un premio, en un evento que debía ser de su total disgusto. Las escenas proyectadas mostraron un trabajo realmente magistral.
Después de entregar estos tres premios, una nueva intervención de Simón Orfila con el aria de Don Profondo de
Il viaggio a Reims puso un contrapunto musical antes de la recta final de la gala. Muy divertido Orfila en su interpretación de un aria fabulosa, cambiando de acentos y describiendo con mucha gracia y articulación muy clara el contenido de los equipajes de los viajeros alojados en el balneario de la historia original, pero… a menos 20 por hora respecto de lo que debe ser un
aria parlante de este tipo. Un poco más de velocidad hubiese sido muy deseable.
El acto alcanzó su último tramo con la entrega de tres premios más:
–Mejor Director Musical a
Jiri Belohlavek por la maravillosa
Kat'a Kabanova del Real.
–Contribución al Mundo de la Lírica, concedido a los
Amigos de la Ópera de Sabadell, y recogido por una emocionada Mirna Lacambra.
–Y el premio a Toda una Carrera, para la grandísima
¡Christa Ludwig!

Qué privilegio verla salir a recoger su premio, qué señora en toda la extensión de la palabra, qué
diosa –nunca creí que iba a usar un calificativo para mí tan devaluado, pero es que la Ludwig sí que es una diosa–, qué elegante agradeciendo el galardón. Qué regalo haber estado en la gala para verla, de verdad.
Como fin de fiesta, la "Polka del fotógrafo" (Chueca,
El bateo) con Rafael Castejón desde el patio de butacas con trípode y enorme cámara haciendo la foto de familia a los premiados del escenario –y supongo que habrá inmortalizado la sin par cara de asco de Warlikowski–, abundante confetti y numerosos saludos.
Ahora, a preparar la próxima edición de los Premios.
Algún enlace a prensa:
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp ... la-aplauso
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp ... da-carrera
La crónica ha sido larga y además con cierto retraso (Carestini ayer estaba K.O.

porque la "posgala y trasnoche" se prolongó…). Por cierto, entre el público estaba la forera criatura, muy bien situada en un palco de platea; pude verla desde el patio de butacas. Y hubo
dresscode, advertido en la nota de protocolo. Y hubo sandalias, pero lujosas, como tiene que ser.
