Siddharta escribió:
Para casi todos los días quedaban muy pocas entradas por vender (lo sé porque he estado pendiente para ir un día a zona G para coger descuento de última hora -capeando la crisis

-, y siempre se ha agotado esa zona y han quedado muy pocas entradas del resto).
Las entradas de zona G -lo sé como consumidora de las tales

- se agotan con relativa frecuencia en óperas de escaso interés multitudinario (para que nos entendamos: más en un oratorio de Händel que en un
Rigoletto) porque la gente sabe que muchas butacas de patio quedarán vacías y confían en poder cambiarse de sitio durante la función pagando menos (¿quién dijo que la ópera era para pijos sin picaresca

?).
Siddharta escribió:
Las colas de última hora en los dos días que fui fueron larguísimas. Yo me alegraba muchísimo pensando, toda esta gente joven está esperando para ver un oratorio de Haendel, y no una Traviata o una Tosca. Y los abonados han acogido bien el título, sin fugas en el entreacto y sin demasiadas deserciones.
No es por molestar, pero las colas de última hora siempre son larguísimas, se trate de la ópera que se trate, y más si, como en este caso, muchísimos abonados habían devuelto las entradas y, por tanto, se sabía que habría muchas más disponibles.
Siddharta escribió:
Creo que la labor de la dirección de un teatro es contentar a su público básico, pero también ir llevándolo a otros lugares que no frecuentaría por sí mismo, y además abrirse a otros públicos. Y la actual dirección del Real, tristemente cesante, lo está consiguiendo.
Siempre he sido de la misma opinión (¡salgámonos del "sota, caballo y rey" de una vez!), pero hay que hacerlo con inteligencia. Si la calidad de la función no llega a los mínimos, la iniciativa puede ser contraproducente.