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anduvimos por el Liceu los días 1 y 2, atendiendo a los dos repartos.
en su conjunto, yo disfruté más de la función del día 1, con el teórico segundo reparto. segundo pero que podría ser perfectamente el primero por el nivel exhibido. iba con muchas reservas hacia Annick Massis, pero lo cierto es que la señora, aunque pueda realizar una interpretación algo impersonal, controla las coloraturas y el estilo para cuajar una Amina muy bien cantada y con una escena final notable. no escatimó un solo sobreagudo ni tampoco notas flotadas, y sin tener una voz de una calidad tímbrica destacada, realizó una estupenda interpretación. también enorme, a mi juicio, el Elvino de Albelo. todo un catálogo de medias voces, pianos y, por encima de todo, un abandono romántico en la creación del personaje que le confiere personalidad propia. que sí, que se le pueden señalar esta o aquella nota que no está lo suficientemente apoyada o a la que le falta el color del resto del registro. pero no desluce (ni mucho menos) la interpretación. el "Prendi, l'anel ti dono" fue sencillamente maravilloso. entre los secundarios, muy elegante el Conte de Pertusi, que ya se sabe de sobra el personaje, y pizpireta y brillante la Lisa de Sabina Puértolas.
el día 2 salí algo menos entusiasmado. porque ya sabía cómo está la voz de Patrizia Ciofi, y no me equivoqué ni un poco. grave simplemente inexistente (ajado, abierto), centro arañado y áfono, y un timbre que no brilla hasta que llega al agudo, en cuyo extremo hay notas que suenan fijas, duras y empujadas un poco a las bravas. todo cierto. pero no lo es menos que la señora tiene un oficio descomunal. ahora entiendo por qué "los teatros la llaman para el bel canto" y no para chapuzas de fontanería. Ciofi confía la aclamación del público a una escena final plena de sensibilidad y delicadeza, sorteando las lagunas que sabe que tiene su voz (que no son pocas). apuesta todo a caballo ganador y le sale. ¿Amina es sólo la escena final? creo que no, pero ayuda a soslayar las percepciones negativas que se tenga de todo lo anterior en la función. sería muy injusto si extrayera conclusiones definitivas de Flórez por sus prestaciones el día 2, porque el propio tenor se disculpó con el público en los saludos finales señalándose la garganta. algo no funcionaba y era evidente, porque los sobreagudos le costaban un mundo y apenas los podía mantener. aun así, es de reconocer el hecho de que esta afección no le impidiera construir un Elvino serio, quizás con escaso arrojo, y cantado con la nobleza marca de la casa. es cierto que la voz le ha cambiado, que se ha oscurecido aquel timbre juvenil. eché en falta un punto de frescura, de la alegría que desprendía su canto. cumplidores sin más Uliveri y la Buratto.
luego viene Oren. es verdad que su dirección no es la alegría de la huerta, pero fluye. hace lo que todo cantante quiere: que la orquesta le acompañe y le permita lucirse. y todo ello, sin que creo que caiga la tensión dramática. tensión que, por otra parte, tampoco es que haya mucha en este pequeño tostón que es la Sonnambula, ópera perfectamente resumible en una hora de reloj. no nos engañemos, el truco del bel canto está sobre el escenario, no en el foso. que se oiga a los de arriba es lo verdaderamente importante. el de abajo puede ser un simple routinier que agite la batuta. con que no moleste, me vale. y Oren no molesta (salvo cuando le da por tararear y jadear los compases).
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