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Revisando las entradas anteriores encuentro, como siempre en esta época, muchos más comentarios sobre la producción que sobre la interpretación. A mí las producciones me interesan muy poco la verdad, para mí las óperas pasan en mi oído. Empezaré pues por lo importante.
La orquesta flaquea a menudo, aunque no siempre, da la impresión de que han ensayado poco, sólo algunas escenas cruciales (el finale, por ejemplo), y de que Cambreling no se ha entregado mucho. Pudiera estar el hombre cabreado con que el tal Haneke le tape el protagonismo y con que le haya marcado el ritmo en los recitativos (lo que no debería haber aceptado, ¿no? ¿o no es territorio del director de orquesta?). El finale efectivamente sonó mejor, pero muchas veces -aún siendo pocos músicos, como corresponde- quedaba la cosa mal empastada. Si uno repasa, no estaba tan mal: los vientos se oyeron con claridad, las dinámicas eran correctas, pero creo que todo el mundo ha tenido más o menos una sensación de insuficiencia. Cambreling creo que gustó en el Saint-François y luego se comió dos marrones (la versión espantosa de un Monteverdi y el Moses und Aron, que es interesante conocer por ser de quien es, pero que es muy mala). Igual eso nos influye. Yo creo que sonó peor el maestro Muti en I due Figari, y no oí quejas. En fin, no tengo muy claro que pasa, pero no se sale, respecto de la orquesta, con una sonrisa de oreja a oreja.
El tema de los recitativos es sencillamente inaceptable. Los recitativos son partitura. Cuando Don Alfonso pregunta por que están tan confiados los dos amantes y ellos dicen: Analogia d'umor, Disinteresse, Inmutabil carattere, Promesse, etc., alguien, supongo que el tal Haneke, decide meter pausas entre cada cosa que dicen, calderones que Mozart no puso en la partitura. Se podrá discutir el tempo del recitativo, pero no esas pausas que son invención hanekiana (por lo demás inútil, pedante, pretenciosa, cursi, afectada, hueca; habrán percibido que no es santo de mi devoción).
En cuanto a los cantantes, escogidos seguramente por el propio Haneke, atendiendo más a la presencia que a la voz (imagino), creo que proporcionan alguna sorpresa agradable. La Fiordiligi de Anett Fritsch creo que es muy interesante para quien guste de los cantantes que empiezan (creo que es muy joven y con poca experiencia en grandes teatros). No hizo sus dos grandes arias perfectas (tampoco habrá muchas cantantes que las hagan) pero sí las sacó adelante más que dignamente, con algún detalle muy bello y evitando fallos calamitosos. Su voz es bonita, natural. Además, actúa muy bien. La Dorabella, Paola Gardina, es más estable y menos atractiva vocalmente, pero también logra el personaje. Los dos enamorados tampoco están mal, mucho mejor Ferrando que Guglielmo. En cambio, la pareja (barata invención hanekiana que va contra la dramaturgia de la obra, en el libretto no lo son) Don Alfonso y Despina son una calamidad, lo peor de todo.
Lo mejor de la ópera -todo es buenísimo- son los duos y tríos. Me han parecido en general algo peor que las intervenciones solistas, quizás porque necesitan mucho más ensayo.
En la producción hay dos cosas, creo yo, abominables: una que se modifique la trama sin ton ni son (se gana algo porque Don Alfonos sea pareja de Despina? se gana algo porque constantemente haya más personajes en la escena que los que dice el libretto? tiene sentido, por ejemplo, que el soliloquio de Don Alfonso antes de ir a la camera de Despina lo haga en presencia de ésta? si está a su lado, para que tiene que ir a su habitación? Es solo un ejemplo, hay docenas). Cuánto deseo que haya un organismo que prohiba estas variaciones. Si quieren hacer versiones libres que se vayan a la Gran Vía sin subvención. La subvención se justifica para que la gente pueda conocer la ópera de Da Ponte y Mozart, no las ocurrencias de Haneke. ¿Queda algún director de escena que entienda que está al servicio de la ópera y no que las óperas están al servicio de su más o menos vistosilla carrera?
La segunda abominación es una ola que nos viene encima y que va a costar mucho frenar. Haneke tiene en mente el dvd, no el espectador del teatro. Tiene sentido tanta inmovilidad escénica? Tiene sentido en el dvd: las cámaras ponen los movimientos que los espectadores echamos de menos, el espejo del frigorífico o lo que sea eso, que casi no se puede ver por el público, en lo filmado juega con la acción todo el rato, la producción es mucho más rica en las pantallas del quinto piso que en el escenario, cuando tenía que ser al revés. Mucho me temo que los directores de escena se van a preocupar más de cómo quedan las cosas en dvd -que dura muchos años y se ve en todo el mundo- que lo que pase en el teatro, que se olvida pronto. En mi opinión, una estafa y va a causar importantes destrozos.
Pero ya digo, a mí me dan bastante igual los montajes. Normalmente cierro los ojos. A pesar de los peros que he indicado, poca música hay tan deliciosa, tan fresca, tan exquisita y tan todo.
_________________ Et O ces voix d'enfants, chantant dans la coupole!
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