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Sin orden ni concierto, mis impresiones del 21/noviembre:
- correcto, sin más. Funcionarial. Como de teatro de repertorio. Colaboró a mi distanciamiento con la representación los eternos descansos: tras 16 minutos de música del primer cuadro, vinieron 30 minutos de descanso. Y después los 30 minutazos de descanso de los entreactos. Hagan cuentas. Mataban el tiempo los trombones repasando la octava de Bruckner y el personal reponiendo el cuerpo ora en el estrenado buffet ora en el autoservicio de crisis (bocadillos y empanadillas traídos de casa). Se agradece a doña Helga las mesas exteriores, ideales para apoyar las viandas.
- también me distanció de la obra la aparatosa escenografía. Kilómetros cuadrados de vacua arquitectura. Con soluciones escénicas faltas de imaginación y contenido teatral (sobre todo el segundo cuadro del primer acto): cuando más oscuridad tiene que haber, aparecen dos figurantes con antorchas. Por cierto, ¿qué hacía otra vez la casa de Rigoletto en el tercer acto sino rellenar? - Paupérrima dirección de escena, del nivel de una función de fin de curso. Ningún esfuerzo imaginativo en “vestir” dramáticamente la obra. Del otro vestido, esto es, de telas y brocados también hubo metros a raudales, pero todo era ridículo y pretencioso. ¿por qué los cortigganni lucían sus trajes de bola de navidad y sus ridículos tocados ya sea de fiesta, de diario, en interior o en exterior?
- musicalmente eché de menos algo de sutileza y un poco más de calma en el sr. Director titular. Algunos detallitos y poco más. Brioso, pero con todo en su sitio. Orquesta y coro, sobresalientes como siempre.
- JJ Rodríguez me pareció un Rigoletto muy correcto. Superó el reto con aseo, lo cual ya dice mucho. Pero falta metal y densidad.
- Aprobado raspado para el tenor Magri. Voz no bella, empezó bien, respetando agilidades y bastante homogéneo, con una zona alta muy cubierta y demasiado velada. Esto sólo duró el primer cuadro. Conforme avanzó la obra demostró grave impotencia funcional para la media voz (perdía el apoyo y su voz se convertía en otra) y serias dificultades en el agudo (atacando di sotto y colocándolo con esfuerzo). Le quedaron muy feos los broches de la cabaletta y de la donna. Todo monocorde, como a piñón.
- me gustó mucho la Gilda de Erin Morley. Voz bonita, dominio del personaje, agilidades sin pegas (pero sin alardes), expresiva y con gusto.
En resumen, Rigoletto correcto, y poco más. Sin magia ni emoción. Y eso, en esta ópera, es un desdoro.
Saludos.
PD: Alguien debería replantearse el tema de los saludos de los artistas en este teatro. ¿es razonable dejar a la Condesa Ceprano, tras su frasecita, emperifollada de telas y joyas hasta el final del final, para que salga a saludar? ¿No es más lógico que salude la mujer al final del primer cuadro, y se vaya para casa, y no tener que esperar vestida tres horas para saludar? Lo mismo pasó con el resto de comprimarios. ¿no es más lógico que saluden al final del acto donde tiene lugar su última intervención? ¿Por qué encender las luces tras la notable “vendetta”, interrumpiendo la ovación?¿por qué no permitir saludar a Rigoletto y Gilda, que se lleven la ovación merecida, y que luego saluden el resto que ya no va a intervenir (cortiggani, paje, monterone), mientras se va cambiando el escenario?
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