Gracias a todos por vuestras crónicas, especialmente a WAM, que comenta la función de anoche y me ahorra muchísimas palabras porque coincido con él prácticamente en todo

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Vaya por delante que, como ya dije en este hilo, llegué tarde a la función. Me senté frente a la pantalla para "retrasados"

de la quinta planta justo cuando comenzaba "Un pensiero nemico di pace", de modo que mis apreciaciones no tienen en cuenta la primera media hora de la representación. Otra indicación importante es que mi localidad es casi ciega, de modo que no atinaba a desentrañar los misterios alegóricos de la puesta en escena más que cuando tenían lugar en la mitad derecha del escenario. A veces es una ventaja... Coincido con lo innecesario de crear un montaje escénico para una obra de estas características: versión concierto aquí y puesta en escena para el
Orfeo de Krenek la temporada pasada, eso es lo que yo digo.
Desde el punto de vista musical... Hay una frontera clara a partir de la cual no se puede hablar de calidad, y es el desafine constante. La orquesta se iba por los cerros de Úbeda con demasiada frecuencia, sobre todo la cuerda. Aparte, una sosez increíble, sin intensidad ninguna.
Lo mejor de la noche,
Genaux, sin duda, y eso que tampoco se libró de la peste generalizada de la desafinación. De fiato yo la encuentro bien: no es sobrehumana, pero no creo que se le pueda reprochar nada en ese aspecto. Coincido con Siddharta en que le ha hecho mucho mal a la buena de Vivica la memoria auditiva (colectiva) de
Opera proibita. Cantó bien "Un pensiero nemico di pace" y también "Come nembo che fugge dal vento", pero las paredes parecían resonar con la voz de la Ceci. C'est la vie.
Isabel Rey, con lo que me gusta y el cariño que le tengo, floja toda la noche hasta su gran momento al final del oratorio. Quiero pensar que se debía, en parte, a haber cantado tres funciones seguidas (la de los días 4, 5 y 6), pero es innegable que se quedaba rezagada frente a la orquesta, desafinaba y pecaba de eso tan vago que puede llamarse "falta de musicalidad", por mucho que ahora venga delaforce a ponerme la puntilla

. Curioso para mí esto último, porque no me parece un defecto que, normalmente, se le pudiera atribuir a la soprano valenciana. Eso sí: en el final se crece y consigue el momento de mayor altura, para mi gusto, de toda la representación. Qué pena que, entre medias, hayan pasado tres horas

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Lo de la
Marijuana no tiene nombre. Si Andrea hubiera presenciado la función, más de un comentario sobre ladridos y especies caninas habría caído. Su voz es horrísona, carece de graves y de sentido musical. En los frecuentes melismas de la partitura uno tenía la sensación de que la mujer estaba haciendo gárgaras. Muy desagradable.
El tenor pasable, sin grandes defectos ni virtudes. Aunque, ahora que lo pienso, quizá se podría reseñar entre estas últimas que se le oía bien

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Algo aburridillo, en definitiva.