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Función del lunes. Fui sin entrada, tutto esaurito y a las 19.50 me vendieron una entrada aparentemente buena de segundo piso, de esas que tienes un 90% de visión. Pero claro, con la memez de producción de Tcherniakov tuve MENOS visión, porque no veía una parte que sí se estaba utilizando, mientras que sí veía una parte que apenas se utilizaba. NO SE PUEDE idear un montaje concentrando la acción el 80% del tiempo en un 15% del escenario, porque habrá incluso puestos en las entradas más caras donde no se vea la acción... Grotesco ver a Cifuentes convertido en un Duncan seboso y asqueroso. La dirección de actores, justita y muchas veces incoherente (no hay apariciones, el fantasma de Banco no se parece a Banco, la ¿muerte? de Banco, Macduff metido en la cuna no se sabe por qué, Macbeth en calzones, la estupidez supina en la que se convierte la escena del sonambulismo, despojada de cualquier carga dramática...). No sé qué me quisieron contar metiendo la casa Macbeth en un teatro de guiñol, y lo del Google Maps cansa a los cinco minutos. La única escena que me pareció bien resuelta fue Patria Opressa. Tampoco entiendo la necesidad de bajar al coro al foso en escenas en que debe estar arriba, para sustituirlos por actores: esa idea solo puede venir de alguien a quien no le guste la ópera. Hay varias cosas irrespetuosas con la partitura. Veamos: la carta la lee una voz en off (que no es la de la lady), la loa final a Malcom está dicha por no se sabe quién desde no se sabe dónde (¿a Santo de qué?), y SOBRE TODO me molestó esa señora que se ríe sonoramente como una imbécil durante la escena de las apariciones... Ah, una ópera con esa música tan mefistofélica no debe presentarse privada del elemento mágico, porque lo pide a gritos. Ah, otro logro de la regia: consigue que una chica como Marifé Nogales, que está de muy buen ver, salga fea. Ya es difícil. Vocalmente, correcta discrección: Tiliakos canta bonito, es aseado, pero le falta personalidad como para hacer un protagonista de este calibre. Ahora, es una voz de barítono bastante respetable, y su "Pietá, rispetto, amore" fue el mejor momento vocal de la función, pero dista de ser un cantante para encabezar un primer reparto en un teatro puntero. Urmana parece divertirse con las estupideces que le manda hacer la regia, pero vocalmente aparece superada: por arriba es puro grito, y todo lo que pueda eludir (véase el agudo final de la escena del sonambulismo), lo elude. Curiosamente, su mejor momento es "La Luce Langue", que es el aria más grave de la Lady, y la que a menudo pasa más desaprecibida. Ulyanov estuvo correcto sin que me entusiasmase (me impactó más como Sparafucile), y Secco carente de brillo, proyección y personalidad tímbrica: si no me convence en Macduff, ni me lo quiero imaginar en Don Carlo. El resto cumplen como la comparsa que son, pero se adivinan ciertas intenciones en el Malcom de Alfredo Nigro. Mejor que otras veces el coro y la orquesta, en una ópera que es muy difícil. La dirección de Currentzis (por cierto, un clon de Franz Lizst) algo habrá conseguido al respecto. Es una dirección desatada, pero de gesto poco claro: mucho aspaviento, muy enérgico, pero uno no sabe muy bien qué está pidiendo a cada momento. No en vano, se le descuadraron cantantes un par de veces. Público gélido durante la función, silenciando prácticamente todas las arias (cuatro aplausos después de la carta de la Lady, aplauso generoso a la Paterna Mano de Secco, y vayan parando de contar). Me dieron ganas de gritar VIVA VERDI después de "Patria Opressa", pero Currentzis no bajó la batuta. Inexplicamente y contra todo pronóstico, hubo una sonora ovación al final. Función para pasar el rato, no desastrosa, pero sí bastante prescindible. Se salva porque "Macbeth" es un OPERÓN.
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