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Acabo de ver "La traviata" en el Riojafórum de Logroño, a cargo de la Ópera Nacional Moldava...sí, ya sé, suena horrible, pero ha sido una experiencia sorprendente.
Mobiliario y vestuario muy modesto, como de función de instituto. La orquesta pésima. Lo de la sección de viento y percusión no tiene nombre. La soprano, una rubia llamada Anastasia Golub, estuvo muy floja en la coloratura y trinos del primer acto, pero ya se veía que tenía voz. Y en los actos restantes estuvo francamente bien, firme y segura. Su "addio del pasato", estupendo. El tenor, el valenciano Antonio Iranzo, al que conocía por lo de la polémica del himno de Valencia, muy flojo, flojísimo. No tenía voz, apenas se le oía. Temí que en cualquier momento estallara en toses o se quedara afónico. El "O mio rimorso" fue fiel a la partitura original (¡qué remedio!). Una pena, porque es buen actor y tiene un timbre agradable. El barítono, un tal Vladislav Lysak, hizo una función muy digna. Pese a alguna dificultad con los graves, fue de lo mejor de la noche. Eso sí, como es habitual, se paso toda la obra inmóvil o caminando por el escenario a cámara lenta. ¿Por qué todos los Germont que he visto son tan estáticos? Misterios de la vida.
El patio de butacas del Auditorio, más de 800 localidades, estaba completamente lleno, y había más de media entrada en el anfiteatro superior. En total, más de mil espectadores, que parecieron pasárselo bien, aplaudieron a todo el mundo, tenor incluido, e incluso bravearon a la soprano. En provincias somos así. No se puede tener el mismo nivel de exigencia que en el Bernabeu o Las Ventas.
En fin, que en Logroño también hay ópera de vez en cuando, aunque sean obras requetevistas, y que por 30 euros, y pese a todos los pronósticos en contra, me lo he pasado moderadamente bien con una función que, si no hubiera sido por el tenor, habría resultado más que aceptable.
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