Tip escribió:
Gruberoviano escribió:
Es una de tantas cosas por las que creo que Tosca no puede ser heroína de la historia. No es un personaje racional, no piensa, se mueve constantemente por impulsos... Y así le sale todo del revés. Es inexplicable que se trague que Scarpia no se va a cargar a Mario después de la paliza que le acaba de meter y del asco que le tiene y que piense que va a dejar que se vayan de rositas. Mata a Scarpia y en vez de robar un arma de su casa para defenderse en caso de que pase algo, pierde el tiempo en colocar unos candelabros y sale con lo puesto... Y una vez que llega a ver a Mario en el tercer acto, en vez de huir en ese preciso momento prefiere esperar al fusilamiento; que, total, va a ser de mentirijilla... No se sostiene. Es tonta perdida.
No hay más armas en el despacho de Scarpia que esos candelabros, así que los pone alrededor de este. No huye con Mario porque tiene que producirse la pantomima del fusilamiento, ya que están avisados los guardias. Y sale con el salvoconducto.
A mí me parece de los mejores argumentos de ópera.
El de
La sonnambula, por cierto, también es bueno.
Efectivamente:
Tosca es, por respeto a las unidades aristotélicas (acción, tiempo y lugar), por lógica dramática, por credibilidad factual y por riqueza de situaciones teatrales (sabiamente dosificadas por los libretistas y Puccini), una verdadera obra maestra, una de las mejores óperas.
En cuanto a la credibilidad psicológica de algunos personajes (Mario y Tosca, básicamente) no hay, en absoluto, nada reprochable (al contrario de lo que pretende hacer ver Gruberoviano): Mario es un idealista y exaltado liberal que, en todo momento, sabe cuál va a ser su final tras caer en manos de Scarpia (recuerdo, por ejemplo, que esta era la visión que tenía Domingo del personaje, y que lo expresa a la perfección en la hermosa película de De Bosio). En cuanto a Tosca es, en efecto, una mujer devota (a su modo), apasionada e irreflexiva, a la que se supone al margen de cualquier interés por cuestiones políticas. De ahí que ni resulte ridículo su gesto tras asesinar a Scarpia (hay que suponerla fuertemente conmocionada por el hecho y lo primero que se le ocurre es acudir a la fe para tranquilizar su conciencia), ni tampoco que se trague la treta del fusilamiento y se quede hasta el final, confiando en que le será posible salir de Roma con su
"bel Mario.