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¡Y qué escribe uno ahora, despues de once páginas! ¡Y qué escribe uno si ya sabe que le van a tildar de snob y sordo! Pero fue tal la satisfacción del sábado noche que me siento obligado a compartirlo con el foro.
¿Por qué fui a este Parsifal? Sinceramente, por el título. Tampoco puede uno escuchar y vere sta ópera tantas veces como quisiera y Parsifal mas Liceu mas amigo de la ciudad es igual a excursión anual tradicional. Y no me arrepiento en absoluto; son tres Wagner consecutivos en Barcelona y desde el sobresaliente Die Meistersinger von Nürnberg de hace dos años al solvente Tristan und Isolde del año pasado se ha sucedido ahora un Parsifal sencillamente sobresaliente. Por la música, sí, pero tambien por una puesta en escena muy inteligente, llena de detalles, llena de guiños, llena de estudio.
Los últimos dias, al leer las críticas de los compañeros del foro, se acrecentó en mi el miedo a la decepción por expectativas excesivas; me pasó, en cierto modo, con la Kat’a Kabanova en el Teatro Real donde esperaba tanto que lo mucho dado no me llenó. Pero el sábado, a eso de las once y pico de la noche, bajo un exasperante aguacero y camino del hotel íbamos henchidos de satisfacción porque un año más el viaje había merecido la pena.
En cuanto a las voces nada nuevo –y mucho menos, nada mejor- diré. En mi opinión el gran protagonista fue un Hans-Peter König excelso en su Gurnemanz, de gran talla vocal, con unas frases finales (tras ¿cuántas funciones?) muy bien dichas, el agudo límpido, la autoridad del soldado bien expuesta,… y junto a el el debatido Klaus Florian Vogt. Yo entiendo que se debata sobre la adecuación de su timbre, sobre todo en el más heroíco tercer acto pero si buscamos dibujar el ingenuo ignorante con la voz, la de Vogt es más que adecuada. Por ello, en el primer acto estuvo muy bien, quedando más justo en el final del duo con Kundry y, en mi opinión, blandito en su última intervención, ya como rey de Montsalvat. De todas formas lo que me parece inaudito es que se debata sobre su volumen; Vogt es perfectamente audible y si uno supera su problema con el color de la voz, lo que es menos discutible es que estamos ante un cantante de envergadura y con la técnica suficientes para saber qué se tiene entre manos, o entre cuerdas vocales.
Mucho más oculta quedo la voz de Boaz Daniel, un Klingsor más rutinario no solo en el aspecto vocal, sino en el escénico, pero de eso hablaré más tarde; y Alan Held dibujó un sufriente Amfortas de manera soberbia hasta protagonizar con el sorprendente Titurel la, en mi opinión, mejor escena de la noche, el encuentro de padre e hijo en el primer acto con el dolor del rey ante la inminente apertura del cáliz.
¿Y Kundry? Admitiendo con generosidad que el papel sea cantable Anja Kampe se dejó literalmente la piel e interpretó con eficiencia su papel. El final del largo y maravilloso duo fue un contínuo examen de sus límites vocales y algún agudo salió tras ardua preparación pero Kampe no nos falló, no.
Muy bien el coro masculino, más inseguro el femenino; y las seis muchachas flor cumplieron sin exceso alguno. La orquesta del Teatre, a la que solo escucho en Wagner y con directores como Weigle, Schneider o Boder suena muy bien y parece mentira esos calificativos habituales en otros repertorios. Deduzcan que la labor de Michael Boder fue magnífica y eran lógicos los bravos que recibía tras cada descanso, al incorporarse a su trabajo.Supongo que cuando una orquesta sinfónica depende tanto de la mano que lo dirige el problema es de base y tambien supongo que arreglar eso llevaría muchos años, acertar con el director titualr y darle continuidad.
La puesta en escena,… ¡Ay, las puestas en escena! ¡Qué bien nos vienen para darle salsa al foro! Pues bien, a un servidor le encantó, especialmente la propuesta de los actos impares. Si tuviera que definir el trabajo de Claus Guth utilizaría una palabra: inteligente. Hay una coherencia absoluta en el trabajo de Guth, un trabajo de coordinación escénica impresionante y una plasmación de ideas que pueden provocar debate, incluso irritación pero nada es gratuito. Me sorprende como en algunos casos foreros se rebelan frente a lo que consideran “provocaciones gratuitas” y exigen a los directores de escena que conozcan la obra que trabajan; y cuando alguien les ofrece trabajo, entonces critican que ese trabajo no respete la literalidad del deseo del compositor. Pero entonces, ¿para qué queremos directores de escena? ¿Para que les pagamos?
Yo les pagaría para que me ofrecieran un trabajo serio, meditado y personal. Y Claus Guth nos ofrece un trabajo personal, muy bien trabajado y de un sello personal inteligente que invita a la reflexión. Me gusto y me gusto mucho.
Por ejemplo, siendo Parsifal una obra “estática” el continuo girar del escenario supuso dotar a la obra de la agilidad suficiente para que los continuos transitos fueran creibles, naturales, casi espontaneos. Gira el escenario, la acción está detenida. Gira la rueda para que todo esté quieto. Así, el movimiento no supone estorbo alguno sino un dejar fluir las cosas de la forma más natural posible.
Otro ejemplo: Parsifal, ¿cómo conoce la ceremonia? Como el “hombre invisible” que in situ va viviendo no solo la ceremonia en sentido estricto sino aspectos más personales como el dolor de Amfortas, sus dudas, la inquietud de Titurel, etc. Quizás una mayor pomposidad a la escena coral sería deseable pero, en general, el trabajo es extraordinario. Luego hay otros personajes, los enfermos físicos o mentales, que lejos de ser convidados de piedra aportan con sus taras drama, dolor complementario al que Wagner nos enseña.
En mi opinión el trabajo de Guth flaquea en el segundo acto. La aparición de Klingsor es demasiado terrenal y (además su voz no ayuda en demasía) el mal no queda, para mi gusto, tan perversamente retratado. Más tarde toda la escena de las muchachas flor queda difusa; incluso las mismas muchachas flor se diluyen fisicamente en el coro y no adquieren el valor vocal que merecen. Por otro lado, la resolución del acto II (quizás deberiamos aceptar que es imposible hacerlo en un teatro) es plana, recurriendo curiosamente al estatismo tras llevarnos en volandas durante toda la ópera.
En el acto III Guth eleva de nuevo el nivel de la función hasta igualar el gran primero y por ello no dudo en decir que su planteamiento es muy interesante, trabajado, inteligente y merecedor de nuestra atención. Y al final, ¿un Parsifal prenazi? Una crítica al militarismo como salida “fácil” ante las crisis (económicas, políticas, éticas,…), un recordatorio de la opción de muchos alemanes tras la derrota del 14, una muestra de la doble cara de los “sabios ingenuos” que se transforman en despotas tras conseguir el poder,… Barra libre.
Una función muy buena. Porque la musica discurrió bien tocada, bien cantada. Y porque la puesta en escena ayudó a hacer de Parsifal una Obra de Arte.
Por supuesto no puedo dejar de mencionar a los compañeros que nos hicieron el fin de semana mucho más agradable: pude hablar con parte por primera vez, volver a saludar a exiliados del foro, charlar con Sti, con acompañantes diversos,… pero sobre todo disfrutar de las chicas de oro, Elvira y santuzza que, aun no se por qué, nos volvieron a recibir con los brazos abiertos, nos cuidaron hasta donde nos dejamos y nos dijeron (ya se arrepentiran) que el año próximo otra vez, esta vez con Ligeti.
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