Como decía en un post anterior, estuve en el teatro en la función del martes 21 y además pude ver la función del jueves 23 retransmitida a través del programa Opera Oberta, al que este año se ha incorporado el Teatro de la Zarzuela.
A pesar de diversos aspectos muy criticables, no me ha parecido que el espectáculo sea un desastre integral, ni tampoco un timo. Solamente hay que saber qué es lo que se va a ver. En ningún sitio se dice que se va a representar
Viento es la dicha de Amor, zarzuela barroca de José de Nebra. El espectáculo se anuncia como
Viento (es la dicha de Amor), con el subtítulo "Poema lírico sobre el Deseo, basado en la zarzuela de Antonio de Zamora, música de José de Nebra". Creo que esto aclara lo suficiente el panorama como para que nadie se sienta timado ni piense que es un fraude. No es la zarzuela "original", sino otra cosa, un espectáculo basado en ella y reelaborado por Andrés Lima. Y no deja de tener gracia ese deseo de ver "el original", habida cuenta de que la zarzuela se estrenó en 1743, se repuso en 1748 con algo de música nueva (un aria) compuesta por Nebra para esta reposición, y otra vez se llevó a las tablas en 1752 con 5 arias nuevas compuestas por el italiano Antonio Corvi Moroti para la ocasión ¿De qué "original" hablamos entonces? Siempre habrá que tomar decisiones, optar por una versión u otra, mezclar las dos… ¿qué es lo que quieren ver y oír exactamente los historicistas, cuando ya sin salir del XVIII la partitura de 1743 habría sufrido adiciones y cambios? La admirada producción de 1992 (y es fabulosa, ojo), que pude ver en 1995 en Valladolid con ocasión de un congreso sobre música y literatura en el Barroco español, en el que yo participaba, mezcla las versiones de 1743 y 1752 y además hace que unos personajes canten arias que originalmente son de otros, como en la grabación de Auvidis Valois que se hizo en 1995 con el mismo reparto. Así que a escandalizarse menos, damas y caballeros.
Mentiría si dijese que todo lo visto y oído en el teatro me gustó, porque hay cosas muy puntualizables. Vamos por partes:
–En el apartado de
voces hubo un poco de todo. También me extrañó que las mejores voces del repertorio barroco en la actualidad, como María Espada, estuviesen ausentes de la distribución. Con todo, me pareció convincente
Yolanda Auyanet como la atormentada Liríope.
Clara Mouriz tiene un bonito timbre, pero se quedaba muy corta de fiato en un papel de tremenda dificultad con frases larguísimas, y en ocasiones sus graves eran bastante áfonos. Y
Beatriz Díaz, aún cuando no sea su repertorio habitual, NO tiene nada de infumable; en las funciones que pude ver defendió con garantías el precioso papel de Amor. Para mí fue una agradabilísima sorpresa la soprano
Mercedes Arcuri, a la que no conocía, con una manera muy refinada de cantar; de hecho, fue la única del reparto que parecía estar habituada a moverse por repertorio antiguo. Correcta
Ruth González, y no me dijo gran cosa el tenor
Gustavo de Gennaro.
Para quien haya criticado a los cantantes de estas funciones, le ruego se fije en la enorme dificultad vocal de esta zarzuela, escrita para voces femeninas agudas, pero con unas frases en el grave que a veces rozan lo incantable.
–La
orquesta tuvo notorios desajustes a lo largo de toda la representación. Me temía lo peor de
Alan Curtis, director demasiado lento donde los haya. Se debió tomar enterita una caja de Red Bull antes de entrar en el foso, porque el tempo al principio fue hasta demasiado precipitado. La descoordinación foso-escenario fue más que notoria en diversas ocasiones, pero lo peor fue el viento metal, que desafinó todo lo que quiso. Aquellas trompas debían ser las de Falopio. Incomprensibles las alabanzas del señor O'clock a la OBS, porque la del 21 no fue su mejor noche. Es lo peor que les he oído nunca. Digamos en su descargo que estuvieron más afortunados en la función retransmitida el 23.
–El
coro, francamente incapaz, chilló cuanto pudo, en unas tesituras complicadas a las que no llegaban de ninguna manera.
–No me gustó demasiado la
coreografía, que en ocasiones recargaba en exceso la escena. Me encanta la danza de cualquier época, estilo y tendencia, y coincido con la forera parte en que esto era una imitación barata de Pina Bausch, pero que se quedó en un intento entre espantapájaros y niña del exorcista. Hubo momentos acertados, como cuando bailan las seguidillas dentro de la piscina central, pero fueron los menos.
–Los
actores son capítulo aparte. No es ninguna novedad desdoblar cantantes y actores, pero si se hace, que sea con más calidad. Lo de
Alberto San Juan es como para ir después a su camerino a felicitarle con un garrote. No se puede hacer peor en todos los sentidos. Estaba en escena como un pasmarote, taza de café en mano, como un mueble con el que tropieza todo el mundo. Pero era mucho peor cuando abría la boca. Dicción y articulación espantosas, finales de frase desmayados, caídos, ininteligibles. Da la impresión de que no sabe, ni le importa, aquello que está recitando. Su entonación recuerda demasiado, por desgracia, aquello de "el papa, la fragoneta y los malacatones". Un horror absoluto, al que dio la adecuada réplica de espanto una tal
Isabel Rodes, en registro choni, gritado y sobreactuado. Y esta pareja atroz hacía precisamente de Antenor y Fedra, la pareja noble, el galán y la dama del teatro clásico español. Las últimas generaciones de actores de este país son incapaces de hacer teatro en verso, salvo contadas excepciones. Hay mucha cara conocida de series de TV que luego ha saltado a los escenarios, y los resultados son los que son: deprimentes. Dicho esto, no sería justo criticar a todos por igual, ya que
Silvia Álvarez y
Víctor Massan, dobles actorales para Liríope y Céfiro, destacaron muy para bien en aquel panorama de compañía de aficionados.
–Los
textos con los que Andrés Lima ha sustituido el libreto original son coherentes, están bien elegidos y es una hermosísima selección de poesía amorosa española, desde Calderón a autores como José Hierro, Ángel González, Jose Ángel Valente…. El problema es cómo los destroza sin piedad Alberto San Juan.
Hay bastantes errores en el sobretitulado con respecto a los textos originales, con modernizaciones poco afortunadas de algunos versos del libreto original, como sustituir "te desvira los chapines" con un incomprensible "te desviará los zapatos" (????). Mal, muy mal.
–Es cierto que la
dramaturgia de Andrés Lima no ayuda a aclarar la complicada historia original, que con todo no es más ni menos complicada que la de otras zarzuelas mitológicas. Pretende hacer teatro dentro del teatro: el marco es el balneario en el que masajistas y clientes van a representar y cantar la historia de Céfiro y Liríope. A partir de ahí uno entra en la convención, como se entra en otras tantas convenciones líricas y teatrales igual de absurdas o más. Lo que chirría es el conjunto de declaraciones de Andrés Lima acerca de "mejorar" de alguna manera el texto dramático original. Haces, presentas y defiendes tu trabajo. Y punto. Me repelen los que van de mesías en el arte, sobre todo con mimbres tan malos para su cesto (Alberto San Juan,
of course, que además desbarra en los medios acerca de lo contento que está haciendo esta zarzuela barroca

).
También hubo desbandada de público en mi función, lo que me permitió pasar de la fila 13 a la 8 del patio de butacas

. Yo NUNCA me voy de una función. Siempre quiero ver dónde pueden llegar las cosas.
Comentario gracioso de una señora en el pasillo: "Me voy, no lo soporto. La música es muy monótona (???!!!). El otro día me fui de la ópera, y también me fui del ballet". Creo que el problema estaba más bien en la señora, si se va de todos los espectáculos a los que asiste.
Alguien se preguntará si disfruté, a tenor de lo relatado en los párrafos precedentes. Pues sí. Disfruté, y mucho. Ya sólo por la ocasión de ver un título tan infrecuente, por la maravillosa música de Nebra, por la curiosidad de ver lo planteado por Andrés Lima… Y porque he tenido el privilegio de ver dos producciones totalmente diferentes de un título que muchos no verán en teatro en toda su vida.