Superada la impresión del mensaje de ayer, procedo a escribir la crónica...
La verdad es que creía innecesario reponer el título monteverdiano tras haber tocado el cielo dos años atrás con la verdadera e inmejorable versión (en todos los aspectos) de Christie-Pizzi con Jaroussky,De Niese, Quintans, Cencic... lo mejorcito del canto barroco de hoy. Sin embargo he dejado la función con un buen sabor de boca... ha de ser porque en el segundo acto me desplacé a tribuna y pude ver mejor los subtítulos, siguiendo esta historia (algo elemental si la ves sin conocer mucho esta obra) y porque es a partir de la muerte de Séneca donde esta historia se agiliza y se hace totalmente interesante. Por otro lado le han quitado la escena de la coronación, algo que no me cuadra pero que tras 4 horas y 15 minutos de función hasta se agradece. Nunca había salido tan tarde del Real (00.25)
He de decir que el trabajo del señor Boesmans me pareció del estilo de los demás orquestadores-directores en gran parte de la obra, si bien se nota el sello del compositor belga: el arranque inicial de la orquesta, los interludios, el uso de la percusión en momentos sensuales y de alta tensión... un buen trabajo, sin lugar a dudas.
El otro atractivo oficial del espectáculo fue la puesta en escena del señor Warlikowski. Fiel a su estilo, utiliza la provocación y señores con físico espectacular, ya sean gimnastas o policías torturadores. También vuelve a las producciones, algo que me gusta mucho y citando a filósofos varios. Lo único que no me gustó fue el estatismo escénico... siempre el mismo escenario, aunque éste fuese estético y a fin de intensificar la acción. A mí y al amigo que me siguió nos gustó mucho la forma que se resolvió la segunda parte y ese final en que Poppea es Nerón y Nerón es Poppea, y de fondo una proyección narrando los destinos de los personajes.
Aburrido el prólogo inicial universitario, y otro momento de belleza teatral fue la muerte de Séneca: con la sala en silencio y el escenario iluminado de amarillo, Séneca se corta las venas y se aleja de la sala sentado en su silla. Antes de que Séneca desaparezca unos guardias vestidos de negro traen su cadáver.
No presté mucha atención a la dirección de Cambreling, pareciéndome que se ha dedicado esta vez a concertar. Por otra parte, la Klangforum Wien cumplió su cometido pero tampoco la vi esta vez una orquesta deslumbrante, como en el concierto de Christine Schäfer.
En cuanto a las voces y teniendo en cuenta que sólo entré en vena en la segunda mitad:
-Willard White destacó como un enorme Séneca, comparándolo con Antonio Abete.
- Charles Castronovo no me decepcionó como Nerón, alcanzando unos agudos bonitos en las escenas con Séneca y Lurcanio. Yo creo que ha hcantado bien este rol,otra cosa será oirle como Alfredo Germont.
-Sofia Soloviy cantó en las dos últimas funciones, incluida la de ayer. Pues no molestaba como Michael, a la que lamento no haber visto porque seguro que si era tan mala era digno de ver

La rusa -que ha cantado en el reciente Rosenkavalier del Bolshoi- tenía una voz que corría en el escenario y solventó el rol dignamente.
-William Tovers me pareció flojo como Ottone.
- Jadwiga Rappé cantó bien y con unos graves bonitos pero la voz era minúscula.
- Maria Riccarda Wesseling cantó de una forma dramática. Y al igual que en 2010 lo hizo Anna Bonitatibus también hizo un Addio, Roma de muchos quilates. Brava.
- Ekaterina Siurina tiene una voz preciosa. Lástima que no corra.
- Mención especial a Serge Kakudji como Amor. Un contratenor ágil de voz y buen actor.
- Y Zapata también abordó de forma cómica y graciosa la Arnalta, parecido al tenor que la cantó en 2010.
Una función disfrutable, lástima de haber pasado la primera parte en paraíso.