Vamos a ver, que nos estamos liando. Volumen ensordecedor es el que metió Renato Palumbo en la Tosca madrileña o el tal Michel Haslaz en la misma obra en Viena. Volumen desorbitante en el que los cantantes y el coro tienen que hacer malabares para hacerse oir.
Lo que hizo Maazel con la Aida de Valencia por ejemplo, fue una lectura sinfónica, algo morosa pero siempre manteniendo la tensión teatral y ningún cantante tuvo problemas para hacerse oir- ni la Amneris de Barcellona, ni siquiera Vratogna,

. En el caso de este "Rise and fall of the city of Mahagonny" es evidente que la orquesta sonó bien y que estuvo bien coloreada, pero en ningún caso el volumen era alto. El problema fue que salvo dos o tres nombres, la mayoría de cantantes no estaban apenas vinculados a la ópera y si más a canciones líricas, lied o music-hall. De ahí que una cantante, por otro lado mediocre, como Measha Brueggergosman no se le oyera, ni a König ni a la mayoría de comprimarios y si en cambio a Jane Henschel, Ventris y White, que son cantantes de ópera.
Los cantantes del Chen- en algunos casos comparto y otros no- lo son porque no se les oye un pimiento ni en pasajes poco comprometidos.